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Viernes , 25.05.2018 / 09:42 Hoy

Jarett Kobek: “Las compañías lucran con nuestra vulnerabilidad”

Desde la perspectiva de un adolescente burlón que confiesa a través de Twitter que no le gusta Internet

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Tim Wegner

En relación con el título de tu libro, ¿qué está mal con Internet?

Espero que el título sea recibido de la manera en la que fue concebido: desde la perspectiva de un adolescente burlón que confiesa a través de Twitter que no le gusta Internet. Más allá de eso, la idea fundamental es señalar la transformación social que vivimos a raíz de esa gama de productos tecnológicos creados en Silicon Valley y cómo nos hemos convertido en creadores de contenidos para un montón de compañías que no están dispuestas a pagar lo justo por nuestro trabajo, aun cuando muchas de ellas generan dinero en cantidades inimaginables. El libro se centra en la discusión sobre los efectos culturales producidos por el fenómeno de las redes sociales. Por otro lado, tiene que ver con la ficción estadunidense: qué ha pasado con ella en los últimos 20 años bajo la influencia de la globalización. Quise evitar escribir una novela en la que el sufrimiento no significara nada, de manera que procuré hacer de su lectura una especie de catarsis.

¿Cómo surgió esta idea?, ¿cuál es la intención?

Viví algunos años en la costa oeste de San Francisco. En ocasiones, abría mi puerta y veía cómo mucha gente era desalojada de sus viviendas. La mayoría de los vecinos ha vivido ahí desde que tiene memoria, hace por lo menos 50 o 60 años, son familias multigeneracionales. Lo extraño es que esos departamentos fueron restaurados y luego ocupados por empleados de Google, Twitter o Facebook. Veo una nociva desconexión en torno de esta tecnología que, se supone, debe brindar algún tipo de libertad y ciertas garantías a todas las personas alrededor del mundo, pero resulta que abres tu puerta y ves diariamente este tipo de abusos, entre muchos otros.

A veces pienso que Internet es como una “terapia de gritos”: después de gritar, todo el malestar desaparece. Funciona como un desahogo para muchas personas que buscan un lugar donde descargar su odio.

La gente utiliza la red como un medio a través del cual puede expresar sus sentimientos más íntimos, pero la idea del libro no es solo vernos unos a otros gritar en el éter, sino en ser conscientes de que alguien más está haciendo dinero con eso. Las compañías lucran con la vulnerabilidad y el dolor humanos.

Este libro va dirigido a las personas inmersas en la estructura de Internet, pero nadie dice “odio Internet” de manera tan frecuente como se mete a navegar, ¿o sí?

Aparentemente no. El único medio de comunicación con el que logramos hacer contacto en Estados Unidos para la promoción del libro fue Twitterbot, que retuiteaba el título del libro cada vez que alguien escribía “odio Internet”. En octubre del año pasado, lo hicieron unas 55 mil personas. Funcionó como un termómetro que iba midiendo lo molesta que la gente se siente.

Tú mismo te has encargado de publicar tu libro.

Pasé casi un año tratando de encontrar un editor, pero nadie aceptó publicarme. Mucho tuvo que ver el contenido, por supuesto. Incluso aluciné con que quizá los editores estarían preocupados de sentir vergüenza. Después del último fracaso, me sentí un poco derrotado. Pasé varios días diciéndome: “¡Está bien, esto es todo, hasta aquí llego, ya no haré esto más!” Sin embargo, no pude evitar la sensación de que el libro podría tener cierto éxito de salir a la luz. Ahora pienso que no solo es posible imprimir un libro como el mío, sino que también se puede vender hasta la última de sus copias. Con eso en mente, me asocié con unos amigos y juntos fundamos una editorial independiente en Los Angeles, a la que llamamos We Heard You Like Books. Tuvimos que aprender cómo funciona la publicación de libros, cómo contactar a un distribuidor, a un impresor, todas esas cuestiones. En California hay una larga tradición de escritores que se publican ellos mismos y a veces publican también otros libros que encuentran interesantes, como fue el caso del poeta y editor Lawrence Ferlinghetti, dueño de la librería–editorial City Lights.

Ya cuentas con tu propia casa editorial, lo que significa independencia. Por otro lado, es una editorial pequeña, todavía no tienes el poder para lidiar, por ejemplo, con Amazon. Eres solo tú y tus amigos.

La gente se fija en nuestros libros, eso es lo importante. Al decir esto, me refiero a que mucho de lo más interesante que se ha escrito en los últimos años ha tenido poca difusión e incluso varios escritores han optado por publicarse ellos mismos.

En lo que va de este año, además de mi libro publicamos otros cuatro títulos. Entre ellos se encuentra la autobiografía del cineasta y documentalista William E. Jones, True Homosexual Experiences. Ha tenido tanto éxito que estamos preparando la segunda edición. También hicimos un videojuego de mi libro, diseñado para el tan amado microordenador británico ZX Spectrum. Este verano, I Hate the Internet saldrá a la venta en Alemania y el Reino Unido bajo los sellos Fischer y Serpent’s Tail, respectivamente. Los derechos de mi próximo libro ya son propiedad de la editorial estadunidense Viking.


Der Spiegel, 23 de octubre de 2016
Traducción del alemán: Andrea Rivera

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