El jardín, metáfora de nuestro lugar en el mundo: Simonetti

El autor chileno escribió una “autoficción” en la que recupera referencias familiares y las combina con su propia imaginación.
Toma como referente "El rey Lear".
Toma como referente "El rey Lear". (Javier Lira/Notimex)

México

La literatura del chileno Pablo Simonetti está plagada de historias personales, y su novela más reciente, Jardín (Alfaguara, 2015), no podía estar exenta de ellas: un amigo le llamó una tarde para comentarle que estaban echando abajo el lugar donde había estado la casa de su madre.

“Eso pasaba en los primeros días de septiembre de 2013”, recuerda, “justo el periodo de reflexión que hacíamos por los primeros 40 años del golpe, sobre todo ante la idea del despojo y de la influencia del modelo capitalista impuesto por Pinochet: la destrucción de un mundo, de una época y, por supuesto, de un lugar en el mundo. Inmediatamente resonó en mi cabeza”, dice a MILENIO.

Simonetti empezó a imaginar la trama: una madre decide vender el espacio habitado por décadas, en la que se funden la autobiografía con la creación netamente literaria, lo que llama la “autoficción”, al cruzarse asuntos como las relaciones familiares y las formas del poder dentro de ellas.

Al terminar la novela, notó que volvía una vez más sobre su principal obsesión: la identidad, solo que esta vez vista como un “tema sombra, dual: ya no es una novela sobre personas que están luchando por alcanzar su lugar en el mundo, sino una persona que está por perder ese espacio de pertenencia: memoria, identidad”.

“El jardín es un lugar simbólico y sagrado, donde nos sentimos bien con nosotros mismos. Es una metáfora de nuestro sitio en el mundo: con mi literatura, por ejemplo, alcancé un lugar donde me siento bien, cómodo, tranquilo, estimulado y acompañado. Es un lugar de memoria. Tiene muchas dimensiones, pero al mismo tiempo se muestra como el lugar donde te enraizaste”.

Los jardines representan nuestros espacios de placidez, pero también de abandono; de ahí la importancia de su cuidado, del cultivo de flores y plantas, y su protección de las plagas: “Todo el trabajo de la protagonista en su jardín es representativo del que hacemos con nuestra vida, tanto física como metafísicamente”, asegura Simonetti.

El barrio

Cuando Simonetti habla de la “autoficción” se refiere a la combinación de su historia personal con pasajes que deben llenarse desde la ficción, un esquema que ha sabido aprovechar convencido de que lo más importante en sus obras está en el desarrollo psicológico de los personajes.

“Ahí siento que puedo entregar un conocimiento mayor que si me dedicara a escribir una novela policial, por ejemplo, aunque la literatura igual cruza toda mi obra, pues mis novelas tienen una obra clásica como referente. En el caso de Jardín está El rey Lear, por ejemplo”.

La “autoficción” le ofrece a Simonetti cierta comodidad, en especial le permite acercarse a la dimensión de lo humano, como sucede cuando se deciden a transformar todo un barrio y, con ello, ese espacio metafórico que representa el jardín.

“En la creación de las ciudades y en el desarrollo urbano latinoamericano hay un problema de comprensión de la vinculación de las personas con sus lugares de pertenencia, porque no solo son espacios habitacionales sino también barrios con un compleja red de relaciones. Son como el jardín de la novela, y allí hay una ceguera en la necesidad de proteger a los barrios”.