No me interesa el pasado como arqueología: Cercas

De visita en México, en entrevista para MILENIO, el escritor español explica que “la literatura nos enfrenta a nuestros peores demonios”.
“Los seres humanos preferimos las mentiras, cómodas, tranquilizadoras, que nos permitan seguir viviendo sin complicaciones”.
“Los seres humanos preferimos las mentiras, cómodas, tranquilizadoras, que nos permitan seguir viviendo sin complicaciones”. (Jesús Quintanar)

México

Cuando a Javier Cercas lo definen como autor de novelas históricas, suele tener sentimientos encontrados pero mucho más cerca de la molestia, porque si algo ha querido hacer durante su vida literaria es dejar claro que el pasado mantiene un diálogo permanente con el presente.

“Me interesa un pasado que no acaba de pasar; a veces digo que vivimos en una dictadura del presente, lo que es una realidad inapelable, fruto del poder extraordinario que los medios de comunicación tienen sobre la realidad porque no solo reflejan la realidad, sino la crean: lo que no existe en los medios no existe”, cuenta el narrador a MILENIO.

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De visita en México por el lanzamiento de El monarca de las sombras (Literatura Random House, 2017), reconoce que desde Soldados de Salamina aparecieron algunas ideas que están luego en todos sus libros: “El pasado como dimensión del presente y lo colectivo como parte de lo individual”.

“El pasado en el que hay memoria y en el que hay testigos es una forma del presente: sin ese pasado el presente está mutilado. No me interesa el pasado como arqueología sino como dimensión del presente; se trata de volverlo más rico, más complejo, porque sin ese pasado el presente no lo comprendemos, ya sea el colectivo o el personal, pues yo soy lo que he sido, individual y colectivamente”.

En El monarca de las sombras Cercas regresa a las historias de un pasado con el que tiene una deuda; si acaso las ha dejado, ahora a través de la historia de un tío abuelo, Manuel Mena, un joven que al estallar la Guerra Civil se incorporó al ejército de Franco, que participó en los combates más duros de la guerra y que con apenas 19 años de edad murió en una de las batallas más sangrientas en el pasado de España.

“Siempre tuve la imagen de este chico en mente porque mi madre me hablaba de él; para ella era muy importante: fue su primer muerto. Era su tío, pero vivía con ella. Y para mí siempre fue un enigma, siempre me interpeló, siempre me formuló una pregunta y lo que he intentado en el libro no es tanto contestarla sino formularla de la manera más compleja posible.

“Es lo que hacen las novelas: por qué un chico de una de las zonas más humildes de España, el primero de su familia que estudia, cuando estalla la guerra se alista en el bando franquista y muere dos años después en la batalla más cruenta de la historia de España”.

En la recuperación de ese personaje Cercas apostó por reflexionar sobre la herencia de la Guerra Civil, en especial de lo que llama “la herencia de violencia en la cual todos vivimos: españoles, mexicanos, europeos o latinoamericanos”, convencido de que, al saber en qué consiste, se puede manejar de otra manera; si no lo sabes, “ella te maneja a ti, que es lo que suele ocurrir casi siempre”.

Agrega: “Por qué un chaval se alista para defender una causa injusta —ahora lo sabemos, pero entonces no era tan fácil— y muere en el lado equivocado de la historia. Y por qué mi madre me hablaba tanto de él. Es una novela belicosamente antibelicista, porque ese chico fue a la guerra engañado”.

Verdad incómoda

Cercas recuerda que se puede defender una causa políticamente justa con acciones morales reprobables, lo que pasó en el lado franquista con quienes cometieron un error político, pero de buena fe porque creían que esa era la salida a la encrucijada que vivía España.

“Me he pasado la vida intentando averiguar cosas sobre Manuel Mena, y no puedo decir que yo sea mejor persona que él sino lo contrario: tengo razones para pensar que él era mejor que yo, entre otras cosas porque se jugó la vida por defender una causa en la que creía. Se puede tener la razón política y no la moral, y viceversa: con los mejores sentimientos y virtudes se pueden construir infiernos”.

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Una de sus búsquedas literarias es contar a los demás como una forma de contarse a sí mismo; por ello en la mayoría de sus libros aparecen versiones de él mismo, ya sea con su nombre o con personajes que se parecen mucho.

“Los seres humanos preferimos las mentiras, cómodas, tranquilizadoras, que nos permitan seguir viviendo sin complicaciones. La literatura muestra la complejidad de las cosas, nos enfrenta a nuestros peores demonios”, asegura el escritor, para quien la necesidad de comprender ese pasado familiar y colectivo no significa justificar las decisiones, sino simplemente intentar comprender lo peor de su pasado y contar con los instrumentos para no volver a repetirlo.