ENTREVISTA | POR JESÚS ALEJO

Carlos Alberto Montaner Escritor

El periodista y literato cubano conversa con MILENIO a propósito de su libro más reciente, titulado "La mujer del coronel".

Que el Estado investigue la vida privada me parece monstruoso

Es uno de los articulistas más leídos del "Miami Herald".
Es uno de los articulistas más leídos del "Miami Herald". (Especial)

México

La historia de La mujer del coronel (Suma de Letras, 2013), la más reciente novela de Carlos Alberto Montaner, tiene un sustento en la realidad: tuvo un amigo que era oficial de tropas especiales y se enfrentó al "sobre amarillo", un comunicado con la información acerca de la infidelidad de su mujer; pero, a partir de ello, se propuso construir una trama más cercana al erotismo y, sobre todo, a la exploración del deseo femenino.

"De alguna manera seguía el ejemplo de Vargas Llosa con Travesuras de la niña mala", explica vía telefónica desde Miami quien es considerado por Foreign Policy como uno de los 50 escritores más influyentes en Iberoamérica, "siendo el objetivo escribir una obra que tuviera un componente erótico, pero que fuera más allá de la excitación del lector: quería contar la historia de una mujer de 40 años que ama a su marido, mas quiere explorar la sexualidad."

Carlos Alberto Montaner (La Habana, Cuba, 1943) es un periodista exiliado, autor de más de 25 libros y miles de artículos; entre sus novelas destacan Otra vez adiós, Los combatientes, Galdós humorista o Instantáneas al borde del abismo; en la actualidad funge como analista político para CNN en español y columnista en el Miami Herald. Se calcula que tiene alrededor de 6 millones de lectores fieles a los artículos que publica en diarios y páginas de internet.

El deseo femenino durante muchos años había estado más cerca del tabú...

Un tabú y, al mismo tiempo, una gran hipocresía. Leyendo sobre el tema encontré que en Estados Unidos poco más de 50 por ciento de las mujeres casadas, al llegar a los 40 años, ya han tenido o tendrán una relación extramarital; esa suma se incrementa a 80 por ciento cuando se trata de los hombres.

La convención es que somos monógamos, pero la realidad es que no lo somos tanto; la gente quiere explorar su sexualidad, y las mujeres también tienen una enorme curiosidad por saber cómo reaccionan ante esas circunstancias. Lo interesante es que ni siquiera debe existir un fracaso matrimonial para que las personas busquen otro tipo de relación.

En La mujer del coronel, el erotismo toma la figura del lenguaje...

Sí, porque el profesor del que se enamora la protagonista es un neurolingüista, quien explora las relaciones entre el lenguaje y el erotismo: cómo se produce la reacción erótica ante las palabras, ya sea leídas o escuchadas, y al mismo tiempo es un erotómano en su vida privada.

Hay un juego en que él le escribe unas cartas y ella debe contarle su reacción, con lo que el lector también entra en la ficción y siente algún tipo de emoción al leer esas cartas. Eso es parte de la literatura erótica: cuando escribimos literatura trágica buscamos que el lector se emocione y llore; con la literatura erótica se trata de que el lector se excite, porque se trata de estimular sus sentidos.

Al tener un sustento real su novela, también hay una mirada sobre Cuba. ¿Cómo la definiría?

Ese es otro aspecto de la novela: se trata de una historia sobre la libertad emocional. A mí me parece monstruoso que el Estado se dedique a investigar la vida privada de las personas y, además, se cuente a los maridos las infidelidades de la mujer y presentarles las pruebas sin que ellos lo pidan.

Eso me parece terrible, porque es una agresión a la intimidad de las personas, lo que no tiene ninguna justificación; esa parte de libertad afectiva me parece el colmo. Con ello se trata de una novela acerca de la libertad, donde hay un componente erótico que acaba por ser dominante en la historia de la novela.

La vida cotidiana siempre tiene algo de político...

En los regímenes de esta naturaleza se afecta mucho a la vida cotidiana, porque se convierten en los dueños completos de las personas, y eso me parece horroroso desde el punto de vista de los derechos humanos.

No ha visto cambios en los últimos años...

Sí, sobre todo hay una voluntad de rectificación en algunos aspectos: el hecho de que las personas puedan salir del país y regresar, sin que esto se convierta en un delito, me parece importante. El hecho de que las personas puedan tener algunas actividades económicas privadas resulta positivo.

Lo que no veo todavía, y ojalá venga en el futuro, es una voluntad real de reconocer los derechos y las libertades individuales: dice Yoani Sánchez —la bloguera cubana— que vivimos en un país donde es más fácil cambiar de sexo que de partido político, porque te conviertes en un traidor.