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Viernes , 25.05.2018 / 14:38 Hoy

Investigadora del azar

Artes visuales


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Miriam Mabel Martínez

Para Tacita Dean (Inglaterra, 1965), ver es una cuestión de fe, como lo evidencia en The Green Day, una de las cien obras que integran su primera exposición individual en México. El Museo Tamayo de Arte Contemporáneo plantea una revisión poética de su trabajo que incluye obra temprana, de la década de 1990, hasta reciente, como The Noche Triste Tree, realizada ex profeso para esta muestra que simplemente se titula Tacita Dean.

El tema que ha explorado a lo largo de su carrera es la relación del tiempo y el azar. Ha estudiado sus efectos a través de la pintura, la fotografía, el video y el dibujo como en Cumulus, cuya técnica, gis sobre pizarrón, destaca el concepto de lo efímero, así como la posibilidad del acto de borrar. ¿Se puede borrar el tiempo?

Tacita Dean propone una opción: clasificarlo. La exhibición de parte de sus colecciones, por ejemplo de piedras, tréboles y nubes, son una invitación a re–mirar la naturaleza y a conservarla. La serie de fotos (y libro) A Concordance of Fifty American Clouds, más que reunir imágenes, crea una narrativa de nubes: ¿hacia dónde se mueven, cómo se transforman esas formas? Estas fotografías plantean la posibilidad de sintetizar el tiempo (otra de sus estrategias). Con la misma sutileza, juega a congelar el instante, como se observa en las fotos en blanco y negro Salt Crystal Ball, The Book End of Time y The Fail End of Film. Estas hermosas imágenes nos invitan a evocar ese “tiempo perdido” del que habla Proust, así como a distinguir que existen distintos modos de ver, en la tradición de John Berger.

A pesar de que en sus inicios Tacita Dean impactó en el mundo del arte por sus videos provocadores —en los que se ve la influencia de otros artistas como Bill Viola—, su aproximación es gráfica. Siempre está presente el dibujo, herramienta que utiliza para esbozar la vulnerabilidad del instante captado, como en Portraits. En su obra hay una mirada nostálgica que lejos de jugar con el hubiera enmarca la causalidad del momento. El espectador se siente afortunado de ver ese azar detenido —y hasta detallado—, como en la instalación fotográfica Quatemary, en la que señala a mano ciertos detalles.

Dean recurre a distintos soportes para reacomodar plásticamente el tiempo. Sus postales (pinturas de formato pequeñísimo) de hormigas en Teotihuacán, de la esquina de la estructura del paraguas del Museo Nacional de Antropología, o la ola elevándose en Kyogi nos enfrentan a un pedazo de ese azar que le obsesiona y desmenuza invitándonos a imaginar el tiempo.

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