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Jueves , 21.06.2018 / 16:03 Hoy

No me interesa escribir de capos, sino de víctimas: Antonio Ortuño

El escritor jalisciense presenta la antología Agua corriente, que reúne los 14 mejores relatos de su obra cuentísitca.


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Ángel Soto

Desde que publicó El buscador de cabezas en 2006, Antonio Ortuño se convirtió en una revelación de las letras mexicanas. Sus textos corrosivos, sugerentes, revelan a un escritor que aún se plantea retos con la literatura.

Para 2010, cuando la revista británica Granta lo eligió como uno de los mejores narradores jóvenes de la lengua española, el escritor jalisciense ya había mostrado, en dos novelas y dos libros de cuentos, el vigor de sus letras.

A los 40 años, con dos libros de cuentos y seis novelas publicadas —varias de ellas traducidas a media docena de idiomas—, Ortuño ha conseguido un control envidiable de su estilo y de su lenguaje. Agua Corriente (Tusquets, 2016) es su más reciente publicación. Se trata de una antología personal que reúne 14 relatos que representan lo mejor de su labor cuentística.

En entrevista con MILENIO, Ortuño habla del desafío que significa mirar al pasado de su propia obra para construir un libro eficaz y consistente.

—Se cumplen diez años de la publicación de El buscador de cabezas, tu primera novela. ¿Era momento de hacer una retrospectiva de tu trabajo?

La publicación de Agua corriente corresponde a dos cosas: recuperar trabajos que habían sido publicados hace mucho tiempo o que no habían aparecido en libros, sólo en revistas o antologías, y tener esta posibilidad de reunir en un solo volumen los relatos que más me han gustado y me siguen gustando. Además de la posibilidad de ofrecer a los lectores mexicanos mis dos libros de cuentos, que fueron publicados en España y, aunque sí llegaron a México, no tuvieron la misma circulación.

—Hacer una antología siempre es complicado, pero hacer una antología personal lo es aún más…

Desde luego que lo es y quizás habría sido un libro muy diferente si alguien más hubiera realizado la selección. Yo supongo que como toda persona que escribe y publica le tengo un enorme afecto a mis dos primeros libros de relatos, pero a la vez hay algunos textos con los que ya no me siento identificado como narrador y que corresponden a experimentos o ideas sobre la literatura de otra época, a las que me siento poco cercano ahora. En ese sentido, no fue particularmente doloroso. Al contrario, es un lujo poder elegir los cuentos que siguen contando mejor lo que quieres contar y que después de tantos años pueden establecer un mejor diálogo con los lectores.

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—En el prólogo hablas de que no elegiste una línea temática específica.

Así es, me concentré en elegir los relatos que me siguieran pareciendo literariamente eficaces, por la manera en la que están escritos, por el tipo de temas que tocan, porque me parecen relatos más afilados que otros. Desde luego, inevitablemente, uno escribe sobre ciertos temas que le interesan a lo largo del tiempo. Entonces Agua corriente termina siendo un muestrario de las cosas que me han interesado: la quiebra del concepto de masculinidad en el siglo XX, la política, la sátira, el humor, las tragedias personales y las tragedias en la esfera pública.

—¿Quedó algo fuera que te hubiera gustado meter?

La verdad es que no, tuve la posibilidad de incluir lo que más me gustaba y decidí dejarlo así. Incluso pudo haber sido más extenso, pero me parece que un buen libro de cuentos satisface sin hartar y sin colmar. Ese era el punto en el que quería dejar el libro y espero que para quien lo lea funcione de ese modo.




—El humor es un elemento que abunda en tus textos, ¿lo consideras como una manera de entender la realidad o de abordar la ficción?

El humor forma una parte integral de mi manera de ver al mundo, de mi manera de estar en la literatura. Tiene que ver con la forma en que veo la realidad, la forma en que imagino los sucesos y las tramas de los relatos, con la manera en que entiendo el lenguaje. Tampoco trato por consigna de escribir las cosas con un punto de vista humorístico. No me considero un humorista ortodoxo. Yo creo que el humor va más allá de la voluntad de quien escribe y tiene que ver con la manera en que un texto, un personaje o una frase funciona bien con el lector.

—¿Concibes la escritura de cuentos como una apuesta a la velocidad?

Sí, mi apuesta con los relatos no ha sido nunca recargarlo de sucesos, de personajes, de páginas, sino presentar una trama y un desarrollo que sean intenso y disfrutables. Presentar un texto que te obligue a quedarte ahí leyendo. Lo relaciono estéticamente con el mecanismo de muchas canciones de rock, sobre todo de punk rock. Creo que he terminado aplicando eso a la manera en la que trabajo los cuentos. Mucho más que en las novelas, que se escriben y se leen a una velocidad diferente.

—¿Escuchas algo mientras escribes?

En ocasiones sí. Es muy común que escriba escuchando música y es muy poco común que corrija escuchando música. A veces cosas más ruidosas y a veces pongo música sinfónica.

—En medio de esta ola de narcoliteratura, tú has logrado tocar estos temas pero de una manera más bien tangencial

Supongo que tiene que ver con una multitud de factores. Uno de ellos es que la narcoliteratura no me interesa, pero tampoco me ciego a decir que no hay que escribir de eso. No es que no me interese la violencia y la locura en la que hemos vivido en el país en los últimos años. Sencillamente lo que las editoriales han decidido que es narcoliteratura, yo he decidido que no me interesa. A mí no me interesan ni los capos ni los sicarios, me interesan mucho más las víctimas de la violencia. Y escribo mucho más sobre quienes son afectados por esa violencia, por esa inseguridad, que sobre quienes la ejecutan. No estoy tratando de hacer ninguna clase de estética sobre el lenguaje particular de quienes están en ese mundo ni de las historias de los criminales.

—Siempre que se publica un libro nuevo hay expectativas, ¿pero qué expectativas se tienen con una antología personal?

En este caso, darle la oportunidad a los lectores que se han interesado a lo largo del tiempo en conseguir mis relatos de reencontrarse con lo que yo considero lo mejor de mis cuentos. Además, mi libro de cuentos más reciente, La señora Rojo, apareció hace más de seis años, entonces hay muchos chavos que se están iniciando en la lectura que no ubicaban los libros del decenio pasado. En ese sentido, también es recordarles a los lectores que no sólo escribo novela sino que también tengo propuestas del lado del cuento y la narración breve.


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