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Domingo , 19.08.2018 / 22:48 Hoy

Insectos de la UNAM ayudarán en investigaciones forenses

Los animales recopilados por el Laboratorio de Entomología pueden servir para sacar un intervalo 'post mortem' o rastrear la procedencia de una droga.

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Entomólogos de la UNAM que desarrollan su profesión con un enfoque médico-legal han integrado una colección de insectos artrópodos de la Ciudad de México a fin de apoyar la investigación forense en el país, pues en estas pesquisas la presencia de animales como moscas, cucarachas, escarabajos u hormigas en un cadáver sirve, por ejemplo, para establecer cuánto tiempo lleva muerta una persona.

En la entomotoxicología este tipo de fauna también sirve para detectar si hay drogas o sustancias tóxicas en un cuerpo que se encuentra en estado avanzado de descomposición, ya que el análisis de ciertas larvas ayuda en esta tarea, informó la UNAM en un comunicado.

Con los insectos también se puede rastrear la procedencia de una droga de origen vegetal como la mariguana, debido a que una plaga en la planta ayuda a saber si un cargamento confiscado pertenece a México o proviene de otro país.

Esos son ejemplos de la relevancia que puede tener la colección iniciada por Carolina Núñez Vázquez y Carlos Pedraza en el Laboratorio de Entomología de la Facultad de Medicina (FM) en el sistema de investigaciones judiciales.

A largo plazo los expertos esperan conformar una compilación nacional de estos animales, pues hay insectos propios de cada región, con hábitos particulares, explicó Núñez Vázquez.

Localización biogeográfica

Los insectos urbanos no son los mismos que los de playa, montaña o selva baja; por ello, en las indagatorias ayudan a establecer la ubicación biogeográfica de organismos por especies.

Primero, detalló Núñez Vázquez, clasificarán las especies carroñeras, pero también incluirán otro tipo de insectos, como los que quedan pegados al radiador o al parabrisas tras un viaje en carretera, pues ayudan en las indagatorias forenses a trazar la ruta de un automóvil.

También se identificarán morfología, hábitos biológicos, hábitat y zona biogeográfica. “Saber quiénes son nos ayudará a determinar un intervalo post mortem más preciso”, agregó.

“En la UNAM hay varias colecciones biológicas, pero la que se elabora en la FM será de lo más específica para la ciencia forense; esperamos que a largo plazo sea consultada por las policías federal y estatal”, subrayó la investigadora.

Hoy, el análisis genético es muy caro y las instancias investigadoras, al complicárseles la identificación de uno de estos animales, acuden a instituciones extranjeras. Se espera digitalizar el acervo y ponerlo en internet para la consulta en línea de datos y fotografías que permitan reconocer insectos claves en las indagatorias.

Ya se han recolectado diferentes especies de mosca verde (Calliphora sp. y Lucilia sp.) que están en la etapa de identificación y pertenecen a la familia Calliphoridae, de una gran variedad y con desarrollo específico según la época del año.

Daniela Troncoso, de la Facultad de Ciencias, colabora en la colocación de trampas con cebo de hígado que, al entrar en descomposición, atrae a diversos ejemplares.

Mordidas como huellas

Otro proyecto del Laboratorio de Entomología Forense es un método para reconocer el tipo de mordedura que cada artrópodo dejaría en la piel de cuerpos muertos. Se prueba con hormigas de diferente especie, pues no todas se alimentan de la dermis o de carne.

También se experimenta con cucarachas Blatta germánica, la diminuta que normalmente se encuentra en departamentos de la Ciudad de México o en zonas urbanas, agregó Núñez Vázquez.

De 75 muestras dérmicas proporcionadas por el Anfiteatro de la FM, 60 fueron sometidas a la acción de hormigas o blatodeos (30 y 30) y 10 a químicos (cinco a ácido sulfúrico y otro tanto a ácido clorhídrico), en intervalos variados: una y cuatro horas; uno y cuatro días, y una o dos semanas.

Resultados preliminares indican que la Blatta germánica deja una mancha del daño más claro que la hormiga Camponotus sp, pues la lesión generada por ésta no fue observable a simple vista ni a través del estereoscopio. Tampoco se observó daño evidente con los ácidos.

El proyecto (en el que participan la antropóloga forense Lorena Valencia; la microscopista de la FM Silvia Antuna, y Diego Pineda, director del Anfiteatro) busca generar información sobre patrones de mordeduras de insectos en la piel, pues en muchos casos éstas se confunden con quemaduras por químicos o fuego, concluyó la especialista.

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