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Miércoles , 18.07.2018 / 17:35 Hoy

Inglaterra, Inglaterra

Los paisajes invisibles

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Iván Ríos Gascón

A Sir Jack Pitman lo asaltó la genial idea de construir un parque temático que reviviera todo lo inglés, en lo puro y en leyenda, para que el turismo anglófilo gozara la experiencia de sentirse en la genuina Gran Bretaña que la modernidad había vaciado de esencia, de sentido. Sir Jack elige la isla de Wight para el proyecto. Recluta historiadores, filósofos, semiólogos y ejecutivos. Detalle curioso: la psicóloga Martha Cochrane, una terapeuta con más nubarrones mentales y conflictos de ego que los que sufren sus pacientes, se convierte en la cuña más filosa de la empresa.

Sir Jack levanta un delta paralelo a la otra isla, la original, y ahí comienza la aventura: lenta pero eficaz, los mitos resucitan gracias a la recreación exacta del pasado, y comienza la mudanza. Algunos miembros de Buckingham se trasladan a esa nación hiperreal para ejercer una monarquía de plástico, el Parlamento se fragmenta en la perplejidad, y al contemplar la consumación de su utopía, Sir Jack consigue que el parque se independice de Inglaterra, aunque para eso deba adherirse a la Unión Europea con fines de protección internacional (asunto menor, ya con el tiempo verían la forma de emanciparse). Anglia será el nombre de su país alternativo. Sin inmigrantes, libre al fin de influencias extranjeras y enardecida por su quintaesencia y su cultura, el único inconveniente de esa tierra es que retorna al orden medieval.

Sin mayor ambición que la de esbozar un irónico retrato, Inglaterra, Inglaterra, novela de Julian Barnes, parodia los excesos del pundonor patriótico y la flemática añoranza de individualidad de una sociedad en la que las minorías se toman demasiado en serio la idea de Imperio. El brexit solo es el paradigma de un fenómeno que Orwell ya había desmenuzado décadas atrás: el patriotismo adquiere formas distintas según la clase social, la más inmune a esa fuerza es la intelectualidad europeizada, mientras que en los extremos funciona de modo desigual. Para los millonarios, el patriotismo es prácticamente nulo. En cambio, en la clase obrera es profundo e inconsciente, la insularidad y la xenofobia son rasgos mucho más marcados que en la burguesía. Pero todo esto no es más que una idea arraigada en el concepto de familia aunque, como en todos los clanes, persista la arrogancia, la fobia al integrismo.

Escribe Orwell: “Inglaterra no es la isla enjoyada del pasaje de Shakespeare tantas veces citado, ni es el infierno que describe el doctor Goebbels. Si acaso, más bien recuerda a una familia, una familia victoriana y enclaustrada, sin demasiadas ovejas negras, pero con los armarios repletos de esqueletos. Goza de parientes ricos ante los que es preciso rendir pleitesía, y tiene parientes pobres a los que se trata de manera horrible. Y hay una densa conspiración de silencio en torno a las fuentes de los ingresos familiares. Es una familia en la que los jóvenes suelen ver frustradas sus aspiraciones, y la mayor parte del poder queda en manos de tíos irresponsables, de tías que no se levantan de la cama debido a sus achaques. Con todo y con eso, sigue siendo una familia. Dispone de su lenguaje particular, de sus recuerdos comunes, y ante un enemigo que se acerca, cierra sus filas. Una familia cuyo mando está en manos de quienes no debieran tenerlo. Tal vez ésa sea la máxima aproximación que se puede dar para describir Inglaterra en una sola frase” (El león y el unicornio).

¿Ahora entendemos más la razón del brexit?

@IvanRiosGascon

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