El jazz es infinito, dice el baterista Tino Contreras

La gran fortaleza de este género, señala en entrevista, “es el poder de la improvisación, que no se le otorga a todo mundo”.
Se presentará con su sexteto el sábado a las 13:30 horas.
Se presentará con su sexteto el sábado a las 13:30 horas. (Octavio Hoyos)

México

El pasado 3 de abril, el baterista mexicano Tino Contreras cumplió 90 años y los celebró con sus amigos más cercanos, sin alharaca. Las instituciones culturales también callaron —aunque fueron advertidas por su representante hace meses—. Quién sabe, tal vez esperan que llegue a los 100 años para celebrarlo con bombo y platillo.

Pero el asunto del bombo y los platillos, las tarolas y contratiempos, es cosa de Contreras, quien desafiando las leyes de la gerontología, se mantiene activo. El sábado a las 13:30 horas se presentará en el Museo José Luis Cuevas con un sexteto que incluye a Luis Calatayud en saxofones, Jaime Reyes al piano, Emmanuel Laboriel en la guitarra, su hijo Valentino Contreras en el bajo y Lalo Flores en las percusiones. La entrada es libre.

Contreras dice en entrevista que el jazz, “música de carácter universal, está presente y vigente en el mundo. Según Joachim Berendt, el jazz nos da la cultura, nos da unas emociones lindas que no las da otra música. Es la suprema de las músicas. Actualmente, los músicos clásicos en todo el mundo lloran porque no pueden improvisar, pues si no ven una partitura se los lleva el tren”.

El músico que comenzó a tocar la batería a los ocho años y a los 15 ya era integrante de Los Cadetes del Swing, banda que formó con su hermano el saxofonista Efrén Contreras, la gran fortaleza del jazz “es el poder de la improvisación, que no se le otorga a todo mundo. Por mucho que estudies en las mejores academias, si no naciste con eso, si no traes la tradición del jazz simplemente no se te da. La improvisación es un don”.

Autor de discos como Sinfonía del Quinto Sol, Jazz mariachi, Sinfonía tarahumara y Betsabé Jazz Fantasía, asegura que el “jazz se nutre de las experiencias. Como dijo  Charlie Parker: si no has sufrido, si no has llorado, si no te han pateado, el jazz nunca saldrá de ti. Las cosas más infames son las que te hacen aprender. El jazz no se enseñó en las academias; ahí se aprende a leer una partitura, pero no el jazz. ¿Sabes por qué? Porque el jazz no es plural, es singular. Si tocas el saxofón, la trompeta o el piano lo haces con tu personalidad, pero si vas a una academia tratan de que toques como tocan todos”.

¿Cuáles han sido tus logros en tan larga carrera?

Yo todavía no la hago. ¡Déjame estar unos 50 años más en el planeta para decirte! ¿Cuáles son mis logros? No lo sé, porque no tengo tiempo de pensarlo. Apenas estoy terminando una cosa y ya estoy en la otra. Por ejemplo, en el concierto del sábado voy a tocar algunas cosas que acabo de terminar. ¿Cómo puedes decir que has llegado a una cosa finita, si el jazz es infinito e incluye todos los estados anímicos? ¡Y anémicos! (agrega en son de broma).

¿Cómo te mantienes tan vital?

No sé, todos mis colegas han muerto. Por ejemplo, todos los pianistas que tocaron conmigo han muerto: Pablito Jaimes, Mario Patrón, Freddy Manzo, Tony Alemán y Al Zúñiga. Todos ellos eran excelentes y cada uno tenía su estilo. Pero déjame que te cuente una anécdota: cuando tenía siete años me enfermé muy grave debido a una infección por una bacteria y el doctor dijo: “ya traigan el estuche porque este niño se nos va”. Trajeron el féretro y yo dije: “¡No, yo ahí no me voy!” Y aunque estaba amarrado a la cama, me desaté, me paré y salí corriendo. He pasado por muchas cosas a lo largo de mi vida, pero este año celebro 90 años con mucha dignidad, con muchas ganas de echarme otros 90, porque no tomo la edad en cuenta, me siento muy bien. Festejarlo tocando y con estos muchachos es maravilloso.