Por infertilidad, 20% de las consultas médicas familiares

La incapacidad de tener hijos puede ser un problema de salud pública en México, ya que cada vez es más común que busquen el embarazo a una edad mayor.

México

En México, 20 por ciento de la consulta médica familiar está relacionada con problemas de infertilidad y la mitad requerirá la atención de un médico especialista en reproducción, según el Diagnóstico de la pareja  infértil y tratamiento con técnicas de baja complejidad, elaborado por el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).

Estas parejas enfrentan además un escenario complejo, pues a diferencia de otras naciones, México carece de una norma oficial que regule la reproducción asistida y abre la puerta para que algunos prestadores de servicios incurran en abusos o discriminación.

Mientras no exista esta norma, el uso de técnicas para ayudar a las parejas a tener hijos continuará generando un problema de salud pública y de justicia social, porque los tratamientos son costosos en rangos que van de 80 a 150 mil pesos.

“Se juega con las expectativas de quienes acuden a estas técnicas sin que haya una regulación de la calidad o incluso que se sancionen malas prácticas, como con cualquier otro servicio médico”, opinó Regina Tamés Noriega, directora del Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE).

Julio de la Jara Díaz, coordinador del Programa de Infertilidad del Instituto Nacional de Perinatología (Inper), explicó que “cada vez es más común que las parejas busquen el embarazo a una edad mayor, principalmente porque las mujeres desempeñan hoy un papel más activo en el campo laboral. Desgraciadamente, la naturaleza tiene un límite de edad o, si no un límite, un rango en el que resulta más conveniente un embarazo”.

Madres después de los 40

La edad es uno de los factores asociados a la infertilidad, definida como la incapacidad de lograr el embarazo después de mantener relaciones sexuales de manera regular y sin utilizar métodos anticonceptivos durante un año.

La evidencia disponible muestra una disminución de la capacidad reproductiva en la mujer a partir de los 35 años y muy significativa después de los 40.

Sin embargo, al mismo tiempo que disminuye la fertilidad, aumenta la demanda de personas que requieren algún tipo de tratamiento para combatirla.

La edad lo hace más difícil pero no imposible. Cecilia Ochoa Vega tiene 44 años y dentro de tres meses se convertirá en madre por segunda ocasión. Ocho años antes decidió junto con su pareja iniciar un tratamiento contra la infertilidad luego de 18 meses de relación.

Dejaron de intentarlo luego de tres años, un embarazo y un legrado. “Estábamos resignados a no ser padres si no era de manera natural”, explica.

Sorpresivamente quedó embarazada y ocho meses más tarde nació María Sabina.

Hoy Cecilia tiene 44 años y pronto nacerá su segundo hijo: “El ginecólogo nos dijo que con la edad aumentan los riesgos pero también los tiene una jovencita. Hasta el momento va todo bien. No se aprecian malformaciones, no he presentado diabetes gestacional o hipertensión. Afortunadamente mis embarazos han sido tranquilos”.

Programa de bajo costo

Desde hace 25 años, el Inper cuenta con un programa de infertilidad de bajo costo.

En 2013, el instituto realizó 159 ciclos de transferencia, de los que 35 por ciento resultó exitoso, mientras que al año siguiente se realizaron 185 ciclos de los que 30 por ciento funcionó.

La lista de espera alcanza mil 50 parejas por año, por lo que han debido endurecer los requisitos para ingresar al programa: las parejas interesadas no deben ser derechohabientes en alguna institución y la edad máxima para recibir atención es de 35 años para mujeres y 55 años para varones.

En un año, el hospital ofrece entre 8 mil y 10 mil consultas por infertilidad, de las que 30% se relacionan con técnicas de reproducción asistida de baja (inseminación artificial) y alta complejidad (fertilización in vitro con transferencia de embriones).

La probabilidad de éxito en el tratamiento es alrededor de 30 por ciento: “Ningún tratamiento puede garantizar un embarazo y quienes así lo hacen, en realidad juegan con las expectativas de las parejas.

“El instituto no puede realizar algunos procedimientos que ayudarían mucho. No está prohibido, pero tampoco autorizado”, dijo el médico.

La falta de regulación no solo impide la utilización de técnicas novedosas que se aplican en otros países y ofrecen a quienes la solicitan mayores probabilidades de éxito, sino que permite que prevalezca un descontrol de la operación de las clínicas privadas.

Solo operan 75 clínicas autorizadas por la Comisión para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) para realizar procedimientos de disposición de células germinales con fines de reproducción asistida.

De conformidad con la Ley de Salud, la comisión autoriza el funcionamiento de los establecimientos a partir de su infraestructura, personal y equipamiento, en tanto que los procedimientos son responsabilidad de médicos y pacientes.

 “Tenemos casos de clínicas que tienen estándares de calidad altos, precios accesibles y otras que la calidad es bajísima. Se juega con las expectativas emocionales de quien quiere lograr un embarazo, hay desprotección de quienes ofrecen sus servicios y abuso de algunos profesionales de la salud”, señaló Tamés Noriega.

Legislación pendiente

“Mi único hijo es un hijo concebido por fertilización in vitro. Después de dos años de casados iniciamos los tratamientos y trabajamos solo para costearlos. Cada tratamiento costó entre 10 y 12 mil dólares. Fue desgastante y tuve efectos secundarios graves; tuve cistitis y padecimientos renales e incluso un cáncer de mama, que no quiero decir que eso me lo provocó pero podría ser por la cantidad de hormonas y los medicamentos que tuve que tomar”, narró la senadora Maki Ortiz Domínguez, presidenta de la Comisión de Salud en el Senado.

A finales de 2012, la legisladora panista presentó una iniciativa de ley para regular las técnicas de reproducción asistida. La propuesta permanece en la comisión junto con otras siete iniciativas para reformar la Ley General de Salud y abordar el tema.

Para Regina Tamés Noriega la imposibilidad de llegar a acuerdos tiene un matiz ideológico más que político.

Sobre la iniciativa, la activista considera que incurre en prácticas discriminatorias porque restringe el uso de técnicas de reproducción asistida a “hombres y mujeres con problemas de esterilidad o infertilidad” que comprueben haber agotado todas las posibilidades para concebir “de manera natural”.

Limita a tres el número de embriones que pueden transferirse en cada ciclo y prohíbe la crio-conservación (congelamiento) para preservar lo que la senadora llama la “dignidad del embrión”.

“Si el procedimiento no es exitoso la mujer tiene que someterse a nuevas estimulaciones hormonales que generan riesgos innecesarios en su salud, además de ser dolorosos y caros”, comentó Tamés Noriega.

El responsable del Programa de Infertilidad en el Inper comparte la opinión: “Prohibir la congelación de embriones es absurdo. Hoy hay técnicas como la vitrificación que se aplican en otros países y permiten congelar el embrión disminuyendo la probabilidad de dañarlo. Los legisladores deberían ocuparse de simplemente garantizar los derechos reproductivos de la población sin meterse en cuestiones técnicas”.

La senadora Ortiz afirma que su propuesta atiende el fenómeno como problema de salud pública, sin restringirlo a matrimonios o parejas heterosexuales, sino a hombres y mujeres con problemas de infertilidad comprobados.

Actualmente, explicó, quedan fuera las personas que hoy no quieren ser padres pero que quizá cambien de opinión en unos años, o las parejas del mismo sexo cuyo problema no es la infertilidad y que necesariamente deben acudir a técnicas de reproducción asistida para procrear.

Para discutir este tema, este año la legisladora panista organizará un foro en el que expertos y organizaciones civiles debatirán a detalle los términos de la propuesta para que la comisión pueda por fin llegar a un dictamen.

Aunque los hospitales públicos ofrecen los servicios a menos de la mitad, como en el caso del Inper donde un proceso de fertilización in vitro no supera 40 mil pesos, restringen su aplicación a matrimonios heterosexuales menores de 35 años.

El número de parejas que esperan recibir un tratamiento es mayor a mil y, aunque la Organización Mundial de la Salud definió la infertilidad como una enfermedad, hay otras prioridades para el sistema sanitario en México.

“Lamentablemente no es un asunto prioritario porque nadie se va a morir por ser infértil”, concluyó De la Jara Díaz.

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- 1.5  Millones de mexicanos que tienen problemas de infertilidad de acuerdo con estadísticas del Inegi.

- 1,050 Parejas al año que solicitan apoyo de expertos del Instituto Nacional de Perinatología para poder concebir.

- 75  Clínicas mexicanas autorizadas por la Cofepris para otorgar servicios de fecundación in vitro.

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