Inesperada tontería

La muestra de mala actuación está auspiciada por personajes blandengues, fútiles, sin motivación, incapaces de involucrarnos en ninguna trama.
Fotograma de la cinta, protagonizada por Will Smith.
Fotograma de la cinta, protagonizada por Will Smith. (Especial)

México

Con la idea de satisfacer la necesidad de ver todo tipo de cine suelo aventurarme en las salas comerciales para leer las sinopsis de las películas de estreno, y escojo la que más me lata. Desafortunadamente siempre se trata de películas hollywoodenses, y no puedo dejar de mencionar que la mayoría de las veces me decepcionan y me lleno de confusión, como si estuviese extraviado en un laberinto de espejos.

Belleza inesperada es una obra portentosa pues logró ponerme de mal humor, no solo por el alto costo del boleto relacionado con la bajísima calidad del producto que deja la ominosa sensación de ser literalmente esquilmado, sino porque se sale de la película con el rostro desencajado, con ganas de pegarle a alguien por culpa de una aventura mal fraguada y cuyo conflicto es de una torpeza dramática irrisoria: un grupo de gente trastornada por el acartonamiento —nadie puede ser más inverosímil— decide hacer terapia a su jefe para que se sobreponga al dolor por haber perdido a su hija de cinco años. Esta parte brilla por los hilos sueltos: no se fundamenta por qué el grupito de acartonados está interesado en la salud de su jefe, y nos damos cuenta que se trata de un capricho, una manera fácil de resolver los conflictos que padece el personaje principal, sin considerar que los grandes actores también titilan por su ausencia.

El profundo y complejo estro poético del autorcito intenta urdir con un pésimo punto de encaje un drama para convertirlo en una inesperada tontería, en una payasada que sobresale porque tiene la magia de una estructura bien deformadita, es decir, que patalea sin pies ni cabeza: a los “audaces” empleados se les ocurre la estúpida idea de contratar a tres actores para que se le “aparezcan” y representen que son la muerte, el amor y el tiempo. ¡Qué historia tan imbécil!

La muestra de mala actuación —independiente de ser famoso, bueno o mal actor— está auspiciada por personajes blandengues, fútiles, sin motivación, incapaces de involucrarnos en ninguna trama; por eso la historia jamás despega, el tono se pierde entre el drama inexistente y la comedia forzada para terminar con una plausible demostración de lo que sucede cuando no hay dirección de actores.

Por supuesto que el resultado de esta inesperada tontería sorprende porque su estructura es un simple planteamiento, y por eso nunca sucede nada en la película que haga que la historia se mueva. El autorcito subió al primer piso del rascacielos dramático y le dio vértigo. ¿Podrá reponerse?

"Belleza inesperada" (Estados Unidos, 2016), dirigida por David Frankel, con Will Smith y Edward Norton.