Inés Arredondo: rescate de un clásico

El escritor Geney Beltrán fue el encargado del prólogo y la selección de los relatos que conforman la antología "Estío y otros cuentos", de Océano.
Había que “traicionar, desobedecer, esa mitología muy mexicana de las obras completas”, dice el antologador.
Había que “traicionar, desobedecer, esa mitología muy mexicana de las obras completas”, dice el antologador. (Jesús Quintanar)

México

En poco más de tres décadas aparecieron los tres libros de cuentos que conforman la bibliografía de Inés Arredondo (1928-1989): La señal, Río subterráneo y Los espejos, sin embargo, es una de las escritoras mexicanas más reconocidas en el ámbito literario, no tanto entre los lectores, asegura el escritor Geney Beltrán, quien se encargó del prólogo y la selección de los relatos que conforman la antología Estío y otros cuentos (Océano, 2017).

“Creo que Inés Arredondo sigue siendo una autora conocida básicamente en el mundo de los escritores, los académicos, los periodistas culturales… en la esfera letrada, y ella tiene características que facultarían una mayor proyección para su obra.

“A diferencia de otros autores que son escritores para escritores, porque abordan temáticas más pertenecientes a la biblioteca del mundo literario, Inés Arredondo habla de personajes comunes y corrientes, retrata las experiencias universales del amor, el desamor y todas las secuelas que vendrían con la inestabilidad de los lazos afectivos, tanto a nivel general como de pareja.”

El volumen recopila apenas 16 relatos de Inés Arredondo, lo que se convierte en una manera distinta de rendir homenaje a un escritor, acostumbrados, como lo estamos en México, a producir obras completas, en pasta dura, lo que ha impedido “la inserción de muchos de nuestros autores en el gusto del lector popular”.

Geney Beltrán comenzó el proyecto de la antología hace un par de años con una pregunta en mente: ¿cómo habría hecho Inés Arredondo su propia selección de cuentos?, lo cual no sólo se convertía en un desafío, porque de alguna manera había sido la antologadora de sí misma, “los cuentos de las tres recopilaciones hablan de muchos borradores y versiones de otros textos que no sobrevivieron al rigor de la escritora”.

“Sí se trataba de elegir los textos sublimes dentro de los textos muy buenos que hay en sus tres libros, pero la cuestión también  implicaba traicionar, desobedecer, esa mitología muy mexicana de las obras completas.”

La exigencia literaria

No es raro encontrar en la literatura mexicana, sobre todo durante el siglo XX, a escritoras de una obra un tanto escueta: Josefina Vicens, Guadalupe Dueñas o Nellie Campobello, quizá reflejo de un temperamento muy exigente con su escritura.

En el caso concreto de Inés Arredondo, era una autora que sufría mucho el proceso de la creación, se involucraba emocionalmente “y sí, respondía a un rigor autocrítico, que la llevó a publicar un libro de cuentos por década”, recuerda Geney Beltrán.

“Demuestra Inés Arredondo una autocrítica, un proceso difícil que acompaña a la  creación. Ella es una autora que, al mismo tiempo que forma parte de la generación de la Casa del Lago, se distingue de ellos tanto por esa consagración al cuento como por la ambición de crear una obra que, sobre todo, invada, aborde, la temática de la intimidad, de las emociones y de las pasiones de los personajes.”

En Estío y otros cuentos, además del relato que le da título al libro, Geney Beltrán eligió aquellos que ofrecieran un panorama de las intenciones de Inés Arredondo, un tanto alejadas de las intenciones de la época: “Se trata del ámbito apacible, inusual ante el cuadro de violencia que se lee en mucha de la narrativa mexicana de mediados del siglo XX”.

“Creo que la acercan a lo que hace Elena Garro por esa misma época. Hay una intención de privilegiar la órbita de lo privado. Esto parecería ir en un movimiento opuesto a la tendencia de la literatura mexicana desde los años 20 de poner mayor énfasis en el tratamiento de temas sociales y políticos, temas de la historia reciente.”

De ahí que la huella de Inés Arredondo sea, por encima de cualquier otra reflexión, un asunto de valores literarios: la prosa de la escritora responde a ese temperamento exigente; su concepción del cuento es de un espacio tan reducido, donde nada debe sobrar y donde maneja con una maestría indudable el recurso de la alusión, del sobreentendido, “de tal forma que, inevitablemente quien lee es invitado a completar el sentido del texto”.

“Hay zonas de ambigüedad que se mantienen, que forjan un misterio sobre las motivaciones del personaje, que es lo que explica que no sean cuentos cerrados, no sean cuentos terminados, siempre hay algo que se escapa.

“Se narra la acción concreta, la experiencia inmediata, pero el sentido de lo que se narra queda abierto a la interpretación del lector y esto tiene mucho que ver con esa poética de una prosa muy pulida, una prosa que probablemente esconde un original mucho más extenso, que fue limándose.”

Una potencia expresiva, a decir de Geney Beltrán, que le da vigencia a Inés Arredondo, y que le permitiría contar con lectores más allá de la esfera literaria, uno de los objetivos que persigue con la publicación de Estío y otros cuentos.