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Domingo , 16.12.2018 / 01:26 Hoy

Individualismo

LA CRÍTICA/ESPACIOS

La arquitectura mexicana en la actualidad sufre de la erosión que provoca la falta de sentido de comunidad entre quienes la practicamos.
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Una característica clara de la idiosincrasia de los mexicanos es nuestra poca disposición al trabajo en equipo. El nuestro es un pueblo que ha destacado en gran cantidad de actividades y artes a nivel individual, pero pocas veces por trabajos en conjunto. Este fenómeno lo hemos constatado en los deportes, las artes y la ciencia, donde ha habido mexicanos que han obtenido reconocimiento internacional por sus valiosas aportaciones al conocimiento humano. Octavio Paz recibió el Premio Nobel de Literatura en 1990, un hecho que motivó un gran orgullo a nivel nacional, mientras que en 1980 Luis Barragán fue acreedor al premio Pritzker, una de las máximas distinciones para un arquitecto. Desde entonces no hemos tenido ninguna distinción similar, aunque ha habido otros constructores muy talentosos en nuestro país. Esto quizá se deba en parte al pragmatismo y la ausencia de sentido crítico de nuestra profesión, que ha sido notable en tiempos recientes.

La arquitectura mexicana en la actualidad sufre de la erosión que provoca la falta de sentido de comunidad entre quienes la practicamos. Quienes la ejercemos en el país somos poco solidarios entre nosotros y preferimos gozar de prestigio personal antes que renunciar a él por cuestiones éticas y a favor del bien común.

Como ejemplo de ello hemos visto cómo se ha vulnerado el patrimonio construido de la UNAM por la edificación de proyectos que dañan el aspecto de sus inmediaciones. También han sido demolidas, entre 2011 y 2015, dos construcciones muy importantes para la historia de la arquitectura modernista mexicana: el Superservicio Lomas, de Vladimir Kaspé (1946), y el conjunto Manacar, de Enrique Carral (1961), para ser sustituidos por edificios diseñados por el arquitecto Teodoro González de León, fallecido en 2016.

Los arquitectos mexicanos no funcionamos como un gremio que defienda nuestros intereses comunes, lo cual resulta contraproducente porque somos profesionales propensos a ceder ante las presiones de los promotores inmobiliarios voraces y los funcionarios públicos corruptos. Muchos arquitectos justifican su falta de ética y cortesía profesional bajo el pretexto de que si no aceptan ellos el encargo, alguien más lo hará, lo cual es completamente cierto, pero carece totalmente de validez desde el punto de vista moral.

En el momento actual, cuando estamos frente a un periodo electoral muy tenso, donde se han enfrentado posiciones antagónicas, conviene hacer un examen de conciencia a nivel personal y decidir no solamente por quién votar, sino cuáles serán las nuevas normas de comportamiento que adoptaremos como ciudadanos en el futuro. Es muy improductivo esperar que una sola persona vaya a solucionar todos nuestros problemas. Es cierto que el buen liderazgo es muy positivo, pero cada uno de nosotros debe responsabilizarse de su propia actitud frente a las decisiones que tomamos diariamente.

Los gremios profesionales deben seguir sus códigos éticos y funcionar de modo similar a las organizaciones de la sociedad civil. Los arquitectos debemos defender nuestro patrimonio y la imagen urbana de nuestras ciudades sin que las autoridades nos lo exijan.

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