Cuatro de cada cinco indígenas sufren violencia obstétrica

Se refleja en el maltrato, así como en agresiones psicológicas y físicas en el control del embarazo, dice el Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM.
La académica Natividad Gutiérrez Chong.
La académica Natividad Gutiérrez Chong. (Especial)

México

La violencia obstétrica es un gran problema en México para las mujeres embarazadas, ya que se calcula que cuatro de cada cinco indígenas son víctimas de la violencia, lo que se refleja en el maltrato, la humillación, ridiculización y en agresiones psicológicas, físicas y verbales en el control del embarazo, el parto o al solicitar atención en los servicios de salud, advirtió Natividad Gutiérrez Chong, del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM.

En un comunicado de la universidad, la académica subrayó, en ocasión del Día de las Madres, que los pueblos originarios son el sector más desprotegido, el que sufre más agresiones en todas sus formas y las mujeres con hijos son las que resienten la mayor carga de estereotipos y una cultura violenta reflejados en distintos ámbitos de la vida cotidiana.

Según el Grupo de Información en Reproducción Elegida A.C., la violencia obstétrica es una forma específica de violación a los derechos reproductivos de las mujeres que se genera en el ámbito de la atención del embarazo o en los servicios de salud —públicos y privados—, y es producto de un entramado multifactorial en donde confluyen la violencia institucional y la violencia de género.

De acuerdo a la información de la UNAM, los casos de violencia obstétrica en el país reflejan la discriminación y carencias que enfrenta este grupo. Se han documentado incidentes de parto en la recepción, pasillos o en jardines de los hospitales al serles negada la atención médica.

En los servicios a las indígenas incumplen lineamientos de práctica médica y recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, pues se les realizan cirugías sin su autorización. El trato es precario, insuficiente, de mala calidad y violento, sintetizó.

Sin los cuidados establecidos por distintas normas nacionales e internacionales, sus niños nacen con carencias graves, como desnutrición. “Estamos ante una práctica de violencia obstétrica sin control que representa un problema de salud pública”, advirtió.

Señaló que se requieren estrategias transversales y de género que sancionen estas prácticas negativas como delito, así como diseñar campañas masivas para crear conciencia entre la población para no considerar a este grupo como ejemplo de pobreza y una carga por tener hijos y mendigar en las calles. Es necesario un esfuerzo integral sin escatimar recursos.

“Las madres indígenas no solo son el último eslabón de una cadena perversa de sometimiento machista, sino las guardianas de la tradición y la cultura originaria”, enfatizó.

Violación de derechos

De acuerdo al boletín de prensa de la UNAM, la violación de los derechos humanos y reproductivos de las indígenas se expresa en burlas, ironías, regaños, insultos, amenazas, humillaciones, manipulación de la información y negación al tratamiento.

Estas agresiones incluyen el uso de anticonceptivos, esterilización de las pacientes sin su consentimiento o negar a las madres la posibilidad de cargar y amamantar a sus bebés. Además, se les responsabiliza de recibir un trato deficiente por no hablar español.

Invitan a madres a “defender la vida”

Los obispos de México reconocieron la labor de las madres que desarrollan en las familias y en la sociedad y  las exhortaron a promover la cultura de la vida y así evitar el aborto.

El obispo Francisco Javier Chavolla, responsable de la Dimensión Familia de la Conferencia del Episcopado Mexicano, en su mensaje a las madres dijo: “Queremos invitarlas a vivir su llamado a la santidad en la formación y defensa de la vida,  de la familia y de los ciudadanos para que construyan una nueva sociedad donde se vivan los valores humanos y cristianos en el respeto a la dignidad de cada  persona”.

Agradeció a las madres “su colaboración insustituible y callada en nuestra formación. Gracias, porque mucho de los que somos lo debemos a ustedes. Por ayudarnos a enfrentar los retos que la vida nos presenta.”

 Reconocemos que la maternidad es un don sublime que la Iglesia exalta y que tiene un gran significado porque la madre ocupa un lugar central en nuestra cultura y el respeto hacia ella está en el corazón del mexicano.

Agregó que su dignidad y grandeza son el pilar invaluable en la construcción de la familia mexicana.

(Eugenia Jiménez/México)