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Domingo , 17.06.2018 / 18:47 Hoy

Independientes: la crítica ante la crisis

En el mundo editorial, donde predominan los intereses comerciales, algunas iniciativas brillan con luz propia debido a su falta de interés en las ventas y en el número de títulos publicados.

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Marcos Daniel Aguilar

Las crisis económica, política y social trasminan la literatura contemporánea, sobre todo la que publican los sellos independientes de Hispanoamérica que, cada vez con mayor fuerza, llegan a las ferias de libros y librerías a través de redes de intercambio.

¿Cómo surge este fenómeno? ¿Qué motivó a editores hispanoamericanos a fundar sellos que se han vuelto una alternativa ante los sellos trasnacionales? Para tratar de responder a éstas y otras preguntas, entrevistamos a tres editores que se han distinguido por sus propuestas arriesgadas y de calidad: el español Julián Lacalle, el argentino Diego Esteras y la mexicana Gabriela Jauregui.

Pepitas de Calabaza

Logroño, España, 1998. Han pasado seis años desde los Juegos Olímpicos y de la Exposición Internacional de Sevilla y la prosperidad parece el destino de la patria del Quijote. En medio del frenesí, Julián Lacalle se da cuenta de que la imagen de una España boyante es solo una ilusión y con sus amigos vislumbra un futuro menos optimista.

“Sentimos la necesidad de crear la editorial (Pepitas de Calabaza) en 1998, cuando vimos que todo se llenaba de banalidades. Creemos que la crítica al capitalismo debe ser sincera y vital. El análisis debe ser riguroso, si no se convierte en literatura de consumo. Cuando en España se celebró el Quinto Centenario, ya había denuncias contra el capitalismo español; celebraban que tenían todo el dinero del mundo, que harían lo que se les diera la gana, que éste sería un país de ricos, y era mentira. En ese momento había gente que ya avizoraba la crisis de hoy, pero otra, que estaba encantada con las Olimpiadas de Barcelona, sale ahora a protestar a la calle porque no tiene dinero”.

En 2011, el movimiento de los Indignados —o 15-M— provocó una poderosa reacción contra las políticas de austeridad del gobierno español, criticadas no solo en la plaza pública sino también a través de decenas de títulos que se hicieron eco de las protestas. Pepitas de Calabaza decidió no involucrarse en ese jaleo.

“A nivel editorial, este movimiento no ha producido una literatura nueva ni de las discusiones ni de las plazas. Muchos de sus libros son huecos. Ante esto, Pepitas de Calabaza ha reculado. Creemos que cuando ahora todos dicen ‘qué malos son estos capitalistas’, solo refuerzan el establishment y los autores que hablan sobre el movimiento han abandonado los sellos independientes y se han ido con las grandes editoriales. Nosotros nos apartamos porque había muchos lugares comunes. La crítica al capitalismo no vendrá de los sellos como Planeta. Las grandes editoriales han visto en estos hechos sociales un mercado atractivo y libros como Nosotros, los indignados, que es una basura y no plantea más que una vuelta a la socialdemocracia, se venden por miles”.

Caja Negra

Buenos Aires, Argentina, 2005. Sobre la calle de Hipólito Yrigoyen, en una típica casa porteña, se encuentran las oficinas de Caja Negra, una de las editoriales que —como Adriana Hidalgo y Eterna Cadencia— han llegado a las librerías mexicanas, en este caso con sus ensayos sobre cultura musical y filosofía recientísima.

Como Pepitas de Calabaza, Caja Negra también es producto de la crisis: la económica que vive Argentina desde hace quince años. Diego Esteras, su editor, explica: “Todo este conjunto editorial, que surge a principios del siglo XXI, nace en un contexto de descontento social en Argentina. Caja Negra y otras editoriales independientes somos hijas de ese momento en doble sentido. Primero: en la década de 1990 era muy complicado competir con los libros que llegaban de España; sin embargo, a partir del año 2000 se dieron las condiciones para que la industria editorial argentina volviera a producir libros que podían disputar un sitio a las editoriales extranjeras. Segundo: en un sentido más cultural somos hijas de ese proceso porque todos los años de crítica, de inconformidad y crisis fueron propicios para empezar a indagar, desde la literatura y el ensayo, explicaciones a ese contexto político complicado. Eso detonó el mundo editorial”.

Sur+

Chiapas, México, 2007. Durante un viaje a Chiapas, Pablo Rojas conoció al ensayista británico John Berger, quien le cedió los derechos de El séptimo hombre, que reflejaba lo que sucedía en México en ese momento. Así comenzó Sur+, proyecto de activismo político a través de la palabra.

Para una de sus editoras, Gabriela Jauregui, los integrantes de Sur+ “antes de formar la editorial no habíamos editado nada, éramos periodistas, antropólogos, estudiantes de letras, pero el amor por los libros y nuestro activismo político nos unió y decidimos pensar en lo que está sucediendo en México. Uno de nuestros primeros libros fue Dolerse, de Cristina Rivera Garza; es un libro de 2011 pero sigue vigente. Y ahí están nuestras primeras preocupaciones: un país sumido en la guerra contra el narco, en medio de la corrupción y la impunidad. Y todo esto se ha incrementado durante este gobierno. Desde el lado cultural, vemos que hay más censura en el periodismo, y lo comprobamos con los asesinatos a periodistas”.


***

En 2013, Pepitas de Calabaza publicó La historia de las utopías, un ensayo de 1922 en el que Lewis Mumford evidencia las virtudes literarias de los proyectos utópicos, pero también los desastres cuando se proyectaron las utopías económicas y político-totalitarias. Julián Lacalle piensa que el ensayo debe ser como lo pensó Mumford: un texto que ponga en perspectiva a la vida tal como es. Es curioso que entre las colecciones más importantes de Pepitas de Calabaza, Caja Negra y Sur+, se encuentre el ensayo, que muestra los intereses grupales y sociales de estas pequeñas empresas literarias.

Para Julián Lacalle, “El ensayo te sirve para pensar a través del otro. Tal vez porque soy torpe me gusta pensar a través de otros. Lewis Mumford representa los valores de los que hablo: está pensando de dónde viene y hacia dónde va. En el ensayo valoro que el autor sea claro; detesto a los autores a quienes no se les entiende.

“Tengo mis dudas sobre el cambio de rumbo de las cosas. Incluso pienso que el progreso en el pensamiento ya está en automático. Claro que crees que publicando ciertos libros puedes cambiar algunas cosas, pero la realidad me dice que tienen una influencia inexistente en la sociedad. Estoy diciendo algo que me jode, pero veo que los lectores de un tipo de pensamiento crítico son cada vez menos. Esto no quiere decir nada, pero así lo veo en España. Mucha gente no lee nada. La gente cercana y que quiero no lee”.

A pesar de esto, algunos títulos de Pepitas de Calabaza han arrojado frutos. Lacalle recuerda que durante los disturbios y revueltas a favor de las minorías en Francia, en 2005, “salieron cinco libros con bombo y platillo sobre el tema, pero al final todo el mundo volteó a ver nuestra propuesta para entender el movimiento. Hablo de ¿Chusma?, de Alèssi Dell’Umbria. Hubo presentaciones con más de 400 personas que llegaban para comprar el libro, que se había agotado. Quiero creer que nuestra labor va calando. Hay autores que antes de que los publicáramos no los quería nadie, y ahora todo mundo los quiere”.

Caja Negra también ha apostado por el ensayo para tratar de explicar los sucesos de las últimas décadas. Por ejemplo, en su colección Futuros Próximos publicó a la filósofa alemana Hito Steyerl, quien en su libro Los condenados de la pantalla asegura que hemos perdido el piso, los objetivos y fundamentos se han desorbitado en paralelo a la pérdida de horizontes físicos, pues ya no miramos al frente sino a través de las diversas pantallas con las que nos relacionamos: la del smartphone, la de la tablet, la de la televisión.

Para Diego Esteras, esta colección y este género se propusieron para “que intervengan en los debates contemporáneos; libros como el de Hito Steyerl son importantes en el sentido de que nos ofrecen herramientas para comprender las configuraciones del presente. La centralidad de internet como espacio de trabajo en los últimos tiempos, equivalente a las fábricas u oficinas de antes, la forma en que utilizamos internet para entender el mundo, la disponibilidad de softwares para crear obras de arte son elementos característicos en la sociedad del presente y pensamos que necesitaban un espacio para que sean juzgados”.

Sobre si el ensayo y en particular Caja Negra pretenden ofrecer respuestas a la crisis social y económica, Esteras asegura que “no sé si tenemos un contacto directo para dar respuestas a los problemas sociales. Caja Negra tiene un componente contracultural muy elevado. Pienso en La revolución electrónica, de William S. Burroughs, que analiza al lenguaje como elemento de sabotaje; también pienso en Jack Kerouac y en Antonin Artaud. Caja Negra no intenta descifrar de manera explícita los problemas políticos de Argentina, pero sí tiene un componente contracultural y una altísima negatividad que están en el pensamiento de otro de nuestros autores, Ezequiel Martínez Estrada, que forma parte de un momento de descontento en Argentina”.

Sur+, al contrario de Caja Negra, sí pretende sensibilizar a sus lectores a través del ensayo o la literatura de no-ficción. Gabriela Jauregui sugiere que “hay un auge del ensayo, y a la gente le gusta leer libros de no-ficción, quizá por el contexto social en el que vivimos. Nos llegan buenos ensayos periodísticos y mucha crónica, y eso ha marcado una línea, no nos importa si es o no comercial. Es curioso porque en Estados Unidos la no-ficción es de lo más vendido, pero en México no es tan común, se vende más la novela, pero ahora creo que eso está cambiando”.

Desde esta perspectiva, el ensayo crítico y la no-ficción son activismo social: “Algo que nos ha caracterizado es la literatura y el periodismo comprometidos con la crítica, pero una crítica bien cuidada, un activismo que escucha y que replantea los problemas. El mismo rigor se practica en el cuidado editorial. Siento que a la par que uno exige en las calles, también debe pensar, escribir, editar, para que el movimiento social no sea cooptado. Es un movimiento que no se detiene”.

¿Hay una pléyade de editoriales críticas en Hispanoamérica? La pregunta resultó arriesgada para algunos de los editores entrevistados, pues las condiciones de los libreros en México no son las mismas que en Argentina o España.

Lo que el editor español ve en México es “sorprendente” pues entra a una librería y descubre que hay cabida para libros chilenos, argentinos, españoles, cosa que no ocurre en España: “Creo que en España hay algo de provincianismo. Me he dado cuenta con una colección que Pepitas de Calabaza ha iniciado sobre autores latinoamericanos, y tenemos problemas para colocar los libros en las librerías. Los libreros dicen ‘es que el lenguaje’. ¡Joder! Tienes libros en el idioma que más se habla en el mundo y son incapaces de leer a un chileno, a un salvadoreño. Eso es un insulto”.

Para Diego Esteras, “Si ponemos en perspectiva el trabajo de traducción de pensamiento crítico que hacemos las editoriales independientes en España, México y Argentina, me refiero a Caja Negra, Adriana Hidalgo, Sexto Piso, Tumbona, Eterna Cadencia, Sur +, me parece que vivimos un momento muy interesante. No sé si este trabajo hace una diferencia en relación con otros momentos pero mi sensación es que intentamos formular un montón de problemas que en su momento no pudimos poner en perspectiva.

En México, Jauregui observa una efervescencia que tiene su origen en la crisis económica en Argentina. “Ahí surgieron las cartoneras. En España hay editoriales afines a nosotros. Hay una voluntad por cambiar el mundo editorial que corresponde también a la esperanza por cambiar la realidad. En México están surgiendo editoriales muy críticas, de muy buena calidad. En tiempos de crisis se responde con iniciativas de todos tamaños como acto de resistencia”.

Vencer los provincianismos, no perder la esperanza y resistir críticamente, consolidar espacios literarios para las nuevas disciplinas que arrojó la globalización, el neoliberalismo y la revolución digital, son elementos que caracterizan a algunas de las empresas editoriales más jóvenes en Hispanoamérica. La crítica de lo social, de lo cultural y lo económico las emparenta. Todas piensan su momento cultural y político.

Julián Lacalle observa que “La realidad de la Península es muy pobre. España es un país muy triste. No quiero decir que América Latina tenga una realidad más alegre, pero al menos sí más viva. La diferencia entre el Nuevo y el Viejo Mundo es real. Aquél es acartonado, las elites siguen gobernando y hay diferencias de clase que nadie quiere ver; si eres el hijo de no sé quién podrás ser un intelectual reputado. Pero veo que aquí pasan más cosas. Allá todo es más pausado, biempensante. Veo a la sociedad española en franca decadencia.

“A esto hay que agregar que los nuevos partidos son una mentira, una forma de hacernos creer que todo será de otra manera, que gobernarán para todos. Hasta la gente de buena voluntad se ha dado cuenta de que si entra a las instituciones se sentirá atada. Juegan con las esperanzas de la gente. Si no hubiera nacido Podemos, el país sería ingobernable. Pero será lo mismo. Esos partidos ayudarán al bipartidismo: la gente que no votaba por los partidos principales ahora votará por ellos”.

Diego Esteras dice que “Ahora miro en perspectiva situaciones de la década de 1980 como el desarrollo de la cultura digital, el desarrollo de las tecnologías de la información, el desarrollo de los mecanismos para compartir información. En los últimos diez años presenciamos algunos hechos que tentaban al cambio en la cultura. Ahora observamos que se consolidaron nuevos campos de reflexión crítica. Eso ha permitido a su vez nuevos campos como las colecciones que estamos formando las editoriales independientes en toda la región”.

Para Gabriela Jauregui, “El problema es grande, el problema es el capitalismo tardío que controla el mundo. Por ello vivimos tiempos en los que mueren jóvenes en todo el mundo. En Estados Unidos asesinan a jóvenes negros, en Europa a migrantes, y esto es resultado de un sistema económico que deja mucha gente afuera. Los autores que publicamos tratan sobre esto, como Bifo o Voladin, y lo hacen desde un universo de ficción. Criticamos a este sistema que no da cabida a la cultura, que no comparte gratuitamente, que no acepta la idea del copy-left ni a las expresiones culturales como forma de vida. Este sistema económico no valora el trabajo de los artistas”.

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