Impronta abrió por primera vez sus puertas

La primera editorial y galería en la ciudad dedicada al libro de artista albergó anoche la presentación de su ópera prima, escrita por Herbert.

Guadalajara

Después de 20 años de haber fundado la editorial Ditoria al lado de Roberto Rébora, Clemente Orozco Farías, nieto del ilustre muralista José Clemente Orozco, crea en Guadalajara el primer espacio dedicado al libro de artista Impronta, que por primera ocasión abrió ayer sus puertas para presentar el poemario Bisel de Julián Herbert, una pieza de colección de tiraje corto, elaborado con las técnicas manuales de la imprenta y en prensas decimonónicas, según anuncia el propio Orozco Farías.

El editor tomó el nombre de Impronta también para su sello editorial, un proyecto en el que están implicadas Helena Aldana y la traductora Alexia Halteman, quien bajo este sello dará a conocer algo de sus más recientes traducciones. El lugar se encuentra en el 414 de la calle Penitenciaria. El colectivo realizará su inauguración oficial durante la semana de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, según explica su fundador quien agrega que este espacio surge con el propósito de “preservar las artes del libro, una tradición que surgió hace 500 años, preservar también un conjunto de técnicas que están en peligro de extinción. Formamos parte de todo un renacimiento a escala internacional y que tiene su más cercano referente en Peter Koch, director de Kodex, una de las ferias del rubro más importante a escala mundial”, asegura Orozco Farías para gusto de coleccionistas y bibliotecarios que no se conforman con los libros de factura común. Además de albergar presentaciones y exhibiciones de libros incluirá  una cafetería.

Julián Herbert, quien anoche presentó Bisel, primer libro de Impronta, es un autor que comenzó a escribir poesía hace muchos años, sin embargo su nombre fulguró a partir de la edición de su libro de cuentos, Cocaína: Manual de usuario, con el que ganó el premio Juan José Arreola, que otorga la Universidad de Guadalajara. Otro logro fue la edición de su novela de autoficción Canción de tumba con la que se hizo acreedor del Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska.

Bisel lo escribí durante mucho tiempo, lo escribí durante siete años, escribía un cachito, lo corregía, tenía muchas dudas es aún que siento que no está muy enmarcado en lo que yo suelo escribir, es muy distinto, mucho más personal, es un poema de amor que yo le escribí a mi morra (Mónica Herrasti), y por otra parte yo no encontraba en qué espacio podía caber, no cabía en ningún libro y hace justo un año nos encontramos en el aeropuerto de Oaxaca Helena Aldana y yo, y me propuso hacer un libro con ella, y pensé que este poema venía justo para este tipo de libros pequeños y con este alcance, ahora siento que fue la mejor decisión que se me pudo ocurrir, el libro está muy bonito”, comenta el escritor, que durante su estancia en Guadalajara impartió un taller de novela a poco más de diez asistentes.

El libro es un poema dividido en 6 fragmentos y tiene la peculiaridad de contar con un tiraje de 600 ejemplares, 200  numerados y firmados y 400 sólo numerados.

Bisel eran notas sueltas, ideas que estaban flotando, es un poema de luna miel, Mónica y yo tenemos nueve años juntos, pero digamos que la pulsión inicial es esa: una luna de miel. Poco a poco fue consolidándose, aunque siento que es un texto que he corregido mucho, quizá demasiado, había más fragmentos, era un poema muy desbordado, y lo que hice fue eso, irlo reduciendo a su mínimo, este poema yo lo escribí para dárselo a ella (Mónica), para que ella lo leyera, no para publicarlo. Yo estoy muy contento con el el resultado”, comenta el también poeta visual.