Impresoras 3D, los chefs de la nueva era

Varias empresas de Europa y EU fabrican estas máquinas, las cuales cocinan sano al seguir indicaciones y tener un control exhaustivo de los ingredientes.

Barcelona

Las impresoras 3D ya realizan comida, incluso menús sin gluten y con un control exhaustivo de los ingredientes, por lo que se cree que en unos años “se ganarán un lugar en las cocinas, entre la cafetera y la tostadora”, según el nutriólogo Alex Vidal, profesor de los Estudios de Ciencias de la Salud de la Universidad Oberta de Cataluña, España, quien destacó que esta tecnología, además de emplearse para fabricar piezas en el sector industrial, prótesis para la medicina o elaborar las figuras de decoración, comenzó a entrar a la cocina.

Según Vidal, las impresoras 3D han ingresado en grandes restaurantes y servicios de comida, pero en un futuro próximo aspiran a convertirse en un electrodoméstico más con fines gastronómicos.

“Con esta nueva herramienta puedes diseñar elementos, volúmenes y texturas para dar una vuelta más a las diferentes propuestas y los platos que hacen grandes restaurantes”, aseguró.

En un estudio realizado en octubre la consultora Gartner auguró que en este año se venderán más de 455 mil unidades de impresoras 3D y que en 2020 la cifra llegará a los 6.7 millones.

Varias firmas se han interesado por la impresión 3D de comida. Una es Natural Machines, empresa emergente con sede en Barcelona que comercializa la Foodini, una máquina que funciona con cápsulas e imprime una gran variedad de alimentos, tanto dulces como salados.

En el extranjero, otras compañías también se han lanzado a trabajar esta técnica, como la estadunidense 3D Systems que ideó la Chefjet y la Chefjet Pro y ha impulsado el 3D Culinary Lab para estimular la innovación gastronómica; la canadiense ORD Solutions, ha impulsado la RoVaPaste Hybrid Food 3D Printer.

También está otra firma de EU, la Systems and Materials Research que prepara un modelo que pueda nutrir de manera sana a los astronautas.

MÉTODO DE FUNCIONAR

Vidal lamentó que, aunque pueda ser útil para determinados grupos de personas, por el momento esta tecnología “no es accesible para todos” por su precio que supera los mil euros, entre otros.

Por ello, hasta ahora solo se han introducido en los restaurantes y principalmente en establecimientos innovadores y de cierto nivel.

La mayoría de impresoras 3D de comida funcionan de manera similar a una manga pastelera: van añadiendo capas y capas de comida y es habitual que se empleen con ingredientes cremosos y no duros, como chocolate, crema de queso o pasta.

Vidal puntualizó que todavía no se puede imprimir con todo tipo de ingredientes. “Este es un reto que tiene todavía la industria, junto con la introducción de la cocción, ya que la mayoría de máquinas no cuecen y se necesita terminar el plato en el horno, en la sartén o en la olla”, indicó.

Para imprimir una pizza o un pastel, hay que proveer la máquina de la materia prima, programarla y esperar a que prepare el plato, un proceso que puede tardar desde solo cinco minutos hasta 30, dependiendo de la receta y la dificultad.

En muchos casos, las impresoras 3D se emplean y tienen éxito en la repostería porque, según indica Vidal, “la pastelería siempre es muy exacta”.