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Jueves , 19.07.2018 / 00:40 Hoy

Sería imposible vivir sin oír historias: Ángeles Mastretta

En su libro aparecen temas como la juventud, el amor y, sobre todo, el paso inevitable de los años.

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Jesús Alejo Santiago

Ángeles Mastretta está convencida de la importancia de escribir, pero hay otra actividad humana que ya le resulta indispensable: oír historias.

"Creo que podría vivir sin la escritura, pero me costaría mucho trabajo vivir sin que alguien me cuente... sin leer, sin ver películas, incluso sin ver series. Que me cuenten es una necesidad superior a la de contar, aunque vivo de contar", confiesa la escritora a propósito de la aparición de su más reciente novela, El viento de las horas (Seix Barral, 2015).

Se trata de una historia que se origina en la importancia de ver pasar la vida y verla pasar con encanto, con fascinación, de manera embelesada, "contenta de estar viva", dice Ángeles Mastretta, lo que ya de alguna manera se reflejaba en su anterior libro, un volumen hermano, La emoción de las cosas: "aquí vuelvo otra vez a la infancia, a Puebla, que es mi territorio mítico, a la familia y a la memoria".

"Espero que después de estos dos libros, que son como una especie de culto a la memoria, a lo mejor ya puedo inventar otro, pero no dejan de ser obras que surgen del gusto por la vida y por la memoria: es otra vez la memoria hablando, dejándose querer, queriéndome".

Y, sin embargo, cuenta Ángeles Mastretta en entrevista, la memoria juega un papel diferente en cada persona, aun cuando exista una relación muy estrecha y se comparta la misma parte de la historia, como la tarde "en que se murió mi papá, cada uno tuvo un encuentro distinto, y es la misma tarde; a lo mejor ellos de mí recuerdan algo distinto... esa es una traición".

"Me interesa recordar todo lo que me da alegría, aunque dentro de eso hay muchas cosas que me dan tristeza. Me interesa recordar todo lo bueno que me ha pasado. Lo que sí creo es que los vericuetos de la cabeza eligen los recuerdos, no uno".

En El viento de las horas se aparecen temas como la juventud, la belleza, el amor, la muerte y, sobre todo, el paso inevitable de los años, siendo fundamental para la escritora reflejar "la dicha extraordinaria de dejar que la vida pase, la necesidad de disfrutar de los placeres de la existencia".

Historias de todos

La tarea del escritor depende del compromiso de cada uno, pero al final se coincide en diversos aspectos, uno de ellos es la empatía, porque cuando se cuentan hechos autobiográficos o totalmente ficticios, la idea es que el lector se sienta vinculado, "y voy contando una calle, empiezo queriendo contar cómo era mi casa y al hacerlo cuento al señor de la miscelánea que queda enfrente".

"Vivimos de tal modo cercados por el exceso de información, mucha de ella devastadora y que asusta, que de repente recuperar las alegrías diarias y darles valor, como cuando dices: 'Este desayuno tiene un té y con él soy feliz': cuando hablo de mi casa, no hablo solo de mi casa, sino de la de cada quien y en el momento en que convoco al vendedor de frutas de la esquina de mi casa, le recuerdo a los otros al suyo", a decir de Ángeles Mastretta.

No es fácil para la autora de Arráncame la vida el compartir sus historias, envuelta en los lugares comunes, pero su obra surge a partir de una necesidad y no de una obligación: escribe porque le da gusto escribir, y porque quiere que otros se enteren del gusto que le produce y de paso compartan las emociones o se involucren en la trama.

"Es muy bonito escribir un libro que te da un boleto de avión a otro mundo: efímero, pero te traslada a otro espacio y tiempo. Lograr eso no es fácil y es un reto diario", asevera la escritora, para lo cual aprovecha una circunstancia humana: el paso de los años, y la cercanía con la muerte.

"A mí, antes los muertos me visitaban, ahora andan siempre cerca, pero son puros muertos amables; El viento de las horas no es una historia ni de miedo, ni de violencia, ni de persecución, lo cual la volverá menos exitosa, está pensada para que la gente sonría, para que esté en paz, para contagiar la urgencia de buscar la serenidad", y quién sabe qué tanto vayan a querer seguirla los lectores por eso, concluye Mastretta.

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