El imperio de lo efímero

El elemento común que vincula a visiones de tres personajes tan alejados entre sí es la sumisión del mundo del arte (y de la música) al imperio del mercado.
Roger Daltrey, de The Who.
Roger Daltrey, de The Who. (Shutterstock)

México

Hace un par de semanas, durante un coloquio realizado en la UNAM, la escritora Carmen Pardo recordaba la tensión señalada por Baudelaire en su texto “El pintor de la vida moderna”, entre los elementos atemporales del arte, y su carácter más efímero, contemporáneo a cada una de las épocas en las que se produce. Ahondando en la reflexión, Pardo afirmó que en la actualidad el arte ha virado fuertemente hacia lo efímero, al grado de que a menudo vale la pena preguntarse si la belleza incluso continúa siendo un elemento inherente a él.

A partir de esto me vino a la mente un artículo donde el vocalista de The Who, Roger Daltrey, se lamentaba por el carácter frívolo de la música actual: “¿Dónde están los artistas que escriben a partir de la angustia y algún tipo de sentido? No hay movimientos en la actualidad: nosotros teníamos al mod y al punk, pero ahora es muy difícil comenzar un movimiento. A menos que sea Isis”.

Por último, me topé con la siguiente frase del artista británico Grayson Perry en su libro sobre arte contemporáneo, Playing to the Gallery, en relación con la dificultad actual para trazar la línea entre lo que es arte y lo que no lo es: “La única forma que tenemos para saber que se trata de arte es la abundancia de perplejas esposas de oligarcas que llevan consigo enormes bolsas de diseñador”.

Me parece que el elemento común que vincula a visiones de tres personajes tan alejados entre sí es la sumisión del mundo del arte (y de la música) al imperio del mercado. Evidentemente, el problema no es que el arte o la música se comercialicen, e incluso que quienes lo producen puedan ganar grandes cantidades de dinero, sino que el dinero, el éxito y la fama se han convertido en un sistema de valores estético como tal, y parecieran ser tanto la meta como la señal para identificar lo valioso artísticamente. Lo efímero a lo que hace referencia Carmen Pardo queda de manifiesto cuando el arte como inversión reproduce con fidelidad los mecanismos de mercado más salvajes, y de ahí que sea frecuente escuchar a artistas quejarse de que una parte ya fundamental de su oficio consiste en dejarse ver en las ferias de arte y cocteles adecuados, pues solo así pueden valorizarse, como si fueran acciones de una compañía en busca de inversionistas. A su vez, la industria musical ha desarrollado un sistema para producir éxitos a partir de fórmulas y algoritmos, y a menudo son los mismos autores los que crean las canciones que después popularizarán las sensuales estrellas del pop. De nuevo, nada de angustia ni malestar expresados en la música, sino tan solo productos desechables destinados a enriquecer  la punta del iceberg de la industria musical. Quizá no esté tan alejado el momento en que presenciemos una exposición fulgurante, que reportará al artista cuantiosos ingresos, titulada algo así como Esposa de oligarca con enorme bolsa de diseñador.