“Es una ilusión creer que todos podemos innovar”

Muchos estudiantes de jazz tienen un vocabulario muy débil, de patrones y escalas, pero no se enfocan en la expresión musical, dice en entrevista.
El cuarteto del saxofonista: Joey Calderazzo (piano), Eric Revis (contrabajo), Branford y Justin Faulkner (batería).
El cuarteto del saxofonista: Joey Calderazzo (piano), Eric Revis (contrabajo), Branford y Justin Faulkner (batería). (Especial)

México

En la revista Down Beat de mayo de 2014 el saxofonista Branford Marsalis escribió que le sorprende que, a pesar del desarrollo de la educación jazzística en los últimos 40 años, “casi no se discute el valor de escuchar grabaciones históricas”.

En charla con MILENIO, Marsalis añade que “la cuestión con las escuelas es que deben tener un sistema para otorgar grados y medir el progreso. Cuando escuchas música y esperas que tu cerebro mapee claramente lo que tratas de hacer, no es posible medir el progreso. Si te pido que me digas cuál escala trabaja en cuál acorde y me das la respuesta, puedo decir que eso es correcto; pero cuando estás aprendiendo
a solear te toma mucho más tiempo aprender un solo que un año escolar. Como la gente está en el proceso de aprender es muy difícil dar buenas o malas calificaciones porque realmente no sabes de qué se trata”.

El músico, que se presentará con su grupo los días 11 y 12 de abril en el Lunario del Auditorio Nacional, también se dedica a la docencia. Considera que “es más fácil que los estudiantes pasen pruebas cuando todo es más lineal”. Su meta como maestro “es formar músicos creadores y no hacer gente que pase las pruebas en la escuela, lo que es una perspectiva muy diferente. Muchos estudiantes de jazz tienen grandes dones al tocar sus instrumentos, pero tienen un vocabulario muy débil, porque consiste en patrones y escalas, y realmente no se enfoca hacia una expresión musical”.

¿Cuál fue tu experiencia educativa?

Fui a una escuela que enseñaba así (Berklee School of Music), pero como escuchaba discos para mí era claro que la enseñanza es parcialmente cierta. Creo que mucha de la gente que elige tocar jazz en estos días es muy inteligente, pero su actitud es muy lineal. Algunas veces las artes tienen que ver con un gran salto de fe ciega: debes creer que algo va a funcionar. Y si tienes el tipo de mente que dice “necesito pruebas de que esto va a funcionar”, entonces el resultado es una forma de tocar predecible: ningún elemento de sorpresa ni de asombro, sino una cantidad sorprendente de exhibición técnica de saxofonistas mucho mejores que lo que yo podré ser.

¿Hay una enseñanza global del jazz con un sonido similar o hay diferencias?

Realmente no, todos suenan muy parecido. Hay músicos que escuchan música, que la aman y suenan de una forma. También hay músicos que aman el jazz porque tocan un solo y tienen la idea de que pueden hacer lo que quieran, que la música no tiene reglas. Por ese motivo, el jazz atrae a mucha gente así, que es socialmente muy tímida o muy reticente a las reglas y piensa que el jazz está libre de reglas, lo cual no es cierto. Así que hay dos sonidos diferentes.

En tu texto hablas sobre “la ilusión de la innovación”…

La forma en la que la innovación se discute en las revistas y en la cultura popular crea la ilusión de que puede ser legislada, da la idea de que cualquiera puede innovar. La innovación ocurre con frecuencia como resultado de análisis rigurosos, no porque una persona determinada sea excepcionalmente maravillosa y dotada, sino porque ha desarrollado cierta cantidad de trabajo.

¿Podrías darnos un ejemplo?

Walter Isaacson, en Einstein: His Life and Universe, pone énfasis en que lo que hace sorprendente la teoría de la relatividad es que Einstein no la inventó, o no de la manera que nosotros decimos que la inventó. La descubrió porque proviene de datos preexistentes. No inventó datos nuevos, sino que cuando los trabajó observó algo que otras personas inteligentes no habían advertido.

¿Qué es la innovación musical?

Es cuando tienes muchos datos, los analizas y escuchas algo que  otros músicos habían pasado por alto. Es lo que hizo Charlie Parker, que es un músico de swing. Nos gusta decir que se levantó un día e inventó el bebop. Pero el bebop suena como música de swing, pero un poco diferente, con pequeñas diferencias, pero son estas las que hacen lo maravilloso. La idea de que todos podemos innovar es una ilusión.

¿Escuchas hoy algo innovador?

No, porque, en primer lugar, ¿cómo lo sabemos? En muchos momentos de la historia cuando vino algo innovador la primera reacción de la gente fue odiarlo: Beethoven y Mozart no fueron ampliamente adorados. La gente calificaba de abominable la música de Charlie Parker; les gustaba a los músicos, pero a la mayoría del público le parecía que había demasiadas notas.

“La semana pasada conocí a un caballero que me dijo: ‘Oigan, ¿van a tocar esa cosa de bebop?’. Le dije: ‘Probablemente no, porque es una big band que toca swing’; ‘Bien. Parker y Gillespie tocaban solo tres cosas una y otra vez, y lo calificaban de innovador’. ¡Y eso fue la semana pasada! (ríe).