El mundo donde todos son iguales, la perspectiva del escritor Luis Valdez

Andar en la noche ya era un delito, sí. El delito era aventurarte a correr riesgos, y para eso está la autoridad: Para cuidarte de que no corras riesgos.

Monterrey

Al menos ya no existe la represión física, en un mundo donde todos queremos ser como todos (y nos gusta). Porque ser extraño o excéntrico, significa justo eso: Estar afuera del centro. Y todos queremos estar dentro, ser gente in. ¿Quieres ver sonrisas de aceptación? Come lo mismo aunque tu estómago no lo tolere, porque no todos los estómagos son iguales. Usa el modelo de tenis que luce el deportista de moda, aunque tengas el pie plano. Ve a los mismos lugares que la mayoría de la gente un miércoles o un domingo. Pero no un lunes. ¿Qué clase de loco sale de paseo un lunes? Búscate también una chica que tenga parecido a la actriz o cantante de moda. No importa que no sea rubia o pelirroja natural. Ella será tan inteligente para saber que si quiere encajar en los estándares, para eso hay estéticas donde te cambian la imagen y cirugía. El único relajo son los tatuajes, porque si todos los quieren permanente como el de ese boxeador o la modelo que contrataron las tiendas de ropa para esta temporada, deberán ahorrar también para el láser removedor al año siguiente. Recordemos que un verano no se parece a otro a menos que hayan pasado 50 años.

-Deberíamos salir a comer al aire libre.

-Sí, pero en un lugar donde haya aire acondicionado. ¿Recuerdas la última vez que salimos a comer a un lugar con clima natural? ¡Nos estuvo pegando el sol toda la tarde y hasta sudamos! Fue muy incómodo. El cuello, las axilas, las gotas de sudor cayendo por la frente. Y cuando no es eso, llueve.

-¿Te acuerdas de esa niña que conocimos hace unos años? La hija de una egresada de la universidad que se fue a vivir a Alaska.

-La recuerdo.

-Ella nació allá. No conocía el país de su madre. ¿Recuerdas que cuando comenzó a correr bajo el sol le gritó: “Mira, mamá, estoy sudando”?

-Sí, pobre niña.

Me pregunto si en Alaska también es la televisión la que dicta las normas sociales. A veces nos detenemos a pensarlo y puede que sea mejor la pantalla que las macanas de la policía o el Ejército. El caso es que no se trata de jugar a los vampiros, pero sí de correr a casa antes de que caiga la noche. No nos gustaba que te cerraran el paso con las luces altas y sin siquiera preguntarte a dónde ibas o qué andabas haciendo en la calle a esas horas, te tupían a golpes y simplemente te desaparecían o te tocaba ver la luz del sol en una rendija de la cárcel. Andar en la noche ya era un delito, sí. El delito era aventurarte a correr riesgos, y para eso está la autoridad: Para cuidarte de que no corras riesgos.

*Escritor/Antologador de “Mundos Remotos y Cielos Infinitos y Cuadrántidas”. Colaborador en el sitio de Amazing Stories, revista de ciencia ficción y literatura.