Tips para "no cagarla" cuando hablas

Lo primero es aceptar que todos nos equivocamos, dijo María Irazusta, autora de 'Las 101 cagadas del español', una recopilación de curiosidades del idioma.
‘Las 101 cagadas del español’, de María Irazusta, es un libro que busca que los lectores reaprendan el idioma.
‘Las 101 cagadas del español’, de María Irazusta, es un libro que busca que los lectores reaprendan el idioma. (Shutterstock)

Madrid, España

¿Sabía usted que usar el verbo descambiar es correcto y el adjetivo espúreo, un error de pedantes? ¿O que el latinismo statu quo no varía en plural y que, si lo hace, debería dejar de decir "de este agua no beberé"? El libro Las 101 cagadas del español (Espasa) recopila éstas y otras muchas curiosidades de la lengua de Cervantes con un objetivo: que reaprendamos nuestro idioma.

Escrito por la periodista y empresaria María Irazusta, Las 101 cagadas del español dista mucho de ser un manual al uso, como apunta ya su irreverente título. Está redactado con tono desenfadado, entretenido y con un punto de ironía, "pero siempre bajo el rigor", insiste la autora. Y tampoco trata de leer a nadie la cartilla: lo que busca es que se hable "un poquito mejor".


"No lo estamos escribiendo desde la tarima del purista ni del profesor, porque todos la cagamos", afirma Irazusta en entrevista con dpa. Escritores como Miguel Delibes o Torrente Ballester fueron reconocidos leístas, sin que por ello sus obras tengan menos valor, añade. "El que esté libre de pecado lingüístico que tire la primera piedra".

Con todo, es posible que este "bestiario" de patadas al lenguaje saque los colores a más de uno. Así, la autora y su equipo explican por qué cuando se trata de echar, lo primero que hay que echar es la "h"; que por muy "agusto" que nos quedemos, a gusto se escribe separado, o que si deambulamos sin rumbo podemos tener un accidente fortuito, además de cometer dos claras redundancias.

"Nos están llamando hermano rebelde de la RAE y me hace gracia".


Sin embargo, aunque este atípico manual defiende la coherencia y la corrección lingüísticas, no se muerde la lengua a la hora de denunciar algunos "horrores" admitidos por la Real Academia de la Lengua. "Nos están llamando hermano rebelde de la RAE y me hace gracia", confiesa Irazusta. "Yo tengo un enorme respeto por esta noble institución y la labor que hace, pero, a veces, por intentar lograr el consenso de los hablantes, creo que algunas de las decisiones que toma son desacertadas".

Y es que, por mucho que aparezcan en el diccionario, muy pocos beben "güisqui" o fuman "mariguana", y aunque el consumo de ambos pueda producir "soñolencia", no guardan necesariamente relación con ser "somnámbulo". ¿Sorprendido? A veces, hasta la RAE es "trasgresora" y, por aquello de no resultar "pretensiosa", hay quienes entienden que "vapula" la ortografía.

Errores y horrores aparte, Las 101 cagadas recopila también un buen puñado de curiosidades. Por ejemplo, que la expresión "irse de picos pardos" proviene del reinado de Carlos III, quien allá en el siglo XVIII impuso a las prostitutas vestir faldas de color marrón con los bajos cortados en forma de pico. O que el Tato era un torero que no se perdía una corrida. Por eso, cuando un día una le interesó tan poco que no fue, sus contemporáneos dijeron aquello de "no ha venido ni el Tato".

"Irse de picos pardos" proviene del reinado de Carlos III, quien allá en el siglo XVIII impuso a las prostitutas vestir faldas de color marrón con los bajos cortados en forma de pico.


Además, reivindica algunas palabras que han quedado en desuso, desde pazguato (que se pasma) a pelagatos (persona insignificante o mediocre), critica el abuso de anglicismos como "linquear" (cuando se puede decir enlazar) y da un tirón de orejas a los periodistas que tropiezan en expresiones como la redundante "valorar positivamente" o "detentar un cargo", cuando, según la RAE, ese verbo significa "retener y ejercer ilegítimamente algún poder o cargo público".

Y es que, según Irazusta, "no estamos cuidando nuestra lengua lo suficiente". Bien sea porque nuestro carácter hace que tendamos a expresarnos de manera coloquial, o porque somos "un poco ácratas", lo cierto es que al menos en España "hay un pudor casi antropológico a utilizar un lenguaje culto y, cuando alguien se expresa con corrección, se lo tacha de pedante", apunta. Además, "nuestro sistema educativo tampoco cuida la expresión oral".


  • Humpty Dumpty hacía que las palabras significaran lo que él quería.

Con todo, el libro también recopila curiosos localismos como los castizos -y algo pasados de moda- "buga" (coche) o "piltra" (cama), mexicanismos como "andar como araña fumigada" (estar agotado) o "chimuelo" (desdentado) o argentinismos como "prendeme un faso" (enciéndeme un cigarro) "que tengo fiaca" (que me da pereza). Y recuerda que, por muy sorprendente que resulte, ojalá tiene un origen tan árabe como almohada, y lo mismo sucede con rubia o paraíso.

Y como muestra de que la lengua es algo vivo que no deja de evolucionar, Las 101 cagadas también ha servido para acuñar un nuevo concepto: el "efecto Humpty Dumpty". Inspirado en el huevo de Alicia en el país de las maravillas -que hacía que las palabras significasen lo que él quería- explica cómo álgido describía en un principio algo muy frío, mientras que sofisticado se usaba para definir algo falsificado o adulterado.

DEFINICIÓN, CORTESÍA DE LA RAE

Cagar, del latin cacāre.

  1. Evacuar el vientre.
  2. Manchar, deslucir, echar a perder algo.
  3. Acobardarse: Cagarse de miedo.
  4. Utilizado para expresar desprecio por algo o alguien. Me cago EN esto.
  5. Utilizado para expresar enfado. Me cago EN la mar, EN la leche.
  6. Cometer un error difícil de solucionar.