Con ideas suicidas, 30% de los pacientes con tumores

“Aunque un mínimo porcentaje las lleva a cabo, cursan la enfermedad con depresión, angustia, abandono y poca adherencia al tratamiento”, afirma experto en psicooncología.
Salvador Alvarado Aguilar, psicooncólogo del Incan.
Salvador Alvarado Aguilar, psicooncólogo del Incan. (Especial)

México

En el Instituto Nacional de Cancerología (Incan) existe la propuesta de ampliar los servicios de cuidados paliativos a la mayoría de pacientes, incluso en etapas tempranas de la enfermedad, debido a que “30 por ciento tiene ideas suicidas y, aunque un mínimo porcentaje las lleva a cabo, cursan la enfermedad con depresión, angustia, abandono, con poca adherencia al tratamiento curativo”.

Así lo explicó Salvador Alvarado Aguilar, psicooncólogo del Incan, quien detalló que aun cuando a lo largo de 26 años solo ha tenido conocimiento de  tres suicidios de diagnosticados con cáncer, la evidencia médica es contundente cuando los enfermos por temor, a veces poco fundado, “abandonan el tratamiento” y “hemos constatado que en 5 por ciento hay un riesgo real” de quitarse la vida.

“Hay un fuerte impacto en el paciente... Eso sucede en ciento por ciento, muchos desarrollan ideas suicidas y hasta tienen intentos. ¿Qué pasa?, el equipo de salud se asusta, trata de minimizar diciendo ‘no pasa nada’”, comentó el experto en entrevista con MILENIO.

Pero “¡claro que pasa algo! Las reacciones de los enfermos son normales, por eso se debe capacitar a los médicos para otorgar la información adecuada,  sin dar falsas esperanzas”, señaló.

Desafortunadamente, aseguró Alvarado, no se cuenta en todas las instituciones con los especialistas y las herramientas para orientar a la persona.

“El paciente suele malentender y eso genera un nivel de desesperanza, de soledad, de pensar que no tiene sentido su vida. Caen en estados depresivos, cuadros severos de ansiedad y en conflicto con la familia y con amigos, quienes le reprochan injustamente que quiera salir por la puerta falsa. Tampoco se trata de cobardía, sino de desesperanza e impotencia”, afirmó.

Seguimiento profesional

En el Incan se sigue con todo un protocolo de contención del enfermo terminal, que incluye atención a la familia, en el que se da un acompañamiento integral desde la entrega del diagnóstico, considerando antecedentes de adicciones, hasta la culminación de la vida.

“Tenemos una capacidad de escucha muy importante. No evadimos ni bloqueamos. Creamos un vínculo muy importante con el paciente, un fuerte componente emocional; valoramos las alternativas juntos, se le respeta en todo momento en el sentido de no cuestionarlo con un ‘¿por qué te quieres quitar la vida?’”, explicó el experto.

“Les hacemos saber que están con nosotros y eso genera una sensación de apoyo, de compañía; con mucha frecuencia se logra mejor adherencia al tratamiento”, aseguró.

Por eso, en el Incan se valora que este tipo de abordaje se extienda a todos los pacientes oncológicos del país, porque hasta la fecha siguen asociando la palabra cáncer con muerte y, a pesar de que se les informa de la cantidad de tratamientos alternativos y novedosos, de los altos porcentajes de alargar la vida o de incluso curar la neoplasia, la depresión se apodera de casi todos los afectados propiciando recaídas y afectación en el tratamiento.

Un aspecto que se debe de respetar, dijo, es la decisión consciente del paciente, sobre todo terminal o crónico, a continuar o no con los tratamientos y con todo el proceso.

“Se trata de un tema polémico, sin duda, porque tiene que ver con el denominado testamento de vida, solo aprobado en la Ciudad de México, y que tiene como base el ‘bien morir’”, comentó Alvarado.

Nada tiene que ver, subrayó, con la eutanasia ni con la muerte asistida, que están prohibidas en México, “sino con respetar al paciente a que determine cómo desea culminar su vida y en la misma se involucre de manera asesorada a la familia, que a veces se empeña en mantener internado a su paciente con la esperanza de que haya alguna cura”, acotó.

Caso Brittany

El caso de Brittany Maynard, paciente de cáncer terminal por un tumor cerebral agresivo que se hizo famosa a escala global por dar a conocer su decisión de terminar con su vida, y que solicitó la muerte asistida en Oregón (Estados Unidos), “debe alertar a las instituciones sobre que se deben fortalecer los cuidados paliativos y capacitar a los pacientes”, afirmó Alvarado.

De igual manera se debe de considerar,  abundó,  que muchas veces la angustia y depresión se detonan porque, aunque cuentan con el apoyo del Seguro Popular, “carecen de los recursos para trasladarse o pagar cuestiones simples como la consulta. Hay mucha desesperación y esto condiciona cualquier tragedia”, señaló.

Sobre los tres pacientes que se suicidaron al conocer el diagnóstico de cáncer, Alvarado detalló  que dos eran hombres (de 67 y 42 años) y una mujer (de 45). Dos tenían una neoplasia de laringe, cabeza y cuello; el otro caso era un tumor pulmonar.

“Esto sucedió hace ya varios años. Hubo combinación de muchos factores; falta de recursos económicos, entender que el cáncer de cabeza y cuello deja a muchas personas deformes —aunque ya  hay magníficos cirujanos—, uno de ellos perdió la voz y eso lo puso en un estado de desesperación para comunicarse con la familia. Otro tenía deformidad y en el caso de la mujer había depresión de base”, recordó el experto.

Para el especialista es necesario empoderar al paciente dado que, lamentablemente, muchas veces las mujeres abandonan su tratamiento, a pesar de que cuentan con el apoyo del Seguro Popular, “porque su pareja no acepta que sean atendidas por hombres oncólogos”.

También es importante “ofrecer información clara y certera para que el paciente tome sus decisiones, ahí es esencial el soporte de cuidados paliativos; se sabe que muchas veces el dolor es intenso y que por lo menos 600 mil personas pasaron así la enfermedad en 2013, lo cual resulta inhumano”, concluyó el psicooncólogo.