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Jueves , 20.09.2018 / 22:27 Hoy

Ibargüengoitia o el arte del humor inteligente

“Enfrentó toda página con honestidad de dramaturgo, mente de ingeniero, brevedad de cuentista y sapiencia de novelista”, señala Jorge F. Hernández.

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En la obra de Jorge Ibargüengoitia dialogan el pasado y el presente de manera clara, pero al mismo tiempo se expresa una realidad dramática
con formas humorísticas que contribuyen a observar críticamente las historias que quiso contar, lo mismo mediante el teatro que de la narrativa, el ensayo y hasta la literatura para niños.

Decía Vicente Leñero que la mirada de escritor se “deduce de su manera de ver el mundo, que era una visión crítica de la sociedad, de la realidad y de las autoridades. Visión que Jorge hizo con un sentido del humor muy acuciado, sobre todo cuando se refería a la historia de México”.

Para Jorge F. Hernández, la obra de Ibargüengoitia está más viva que nunca, “y eso pasa porque es un autor de veras, porque cultivó la diferencia entre el humor y el chiste del pastelero chafa y porque enfrentó toda página con honestidad de dramaturgo, mente de ingeniero, brevedad de cuentista y sapiencia de novelista”.

Palabras para recordar a un personaje del que mañana se conmemora su 90 aniversario: nacido en la ciudad de Guanajuato —que habría de convertirse en la Cuévano de sus historias—, Ibargüengoitia comenzó sus estudios de ingeniería para ayudar a la economía familiar, pero terminó por ser uno de los escritores mexicanos emblemáticos del siglo XX.

Su carrera se inició en el teatro, con su comedia estudiantil Susana y los jóvenes, a la que siguieron cuando menos una decena más de obras, poco atendidas pero que empezaban a reflejar la vena irónica y sarcástica que acompañó a sus reflexiones.

“No sé qué tanto se esté leyendo a Ibargüengoitia en la actualidad”, se pregunta Felipe Garrido, “pero si acaso se está dejando de leer, estaríamos perdiendo a un enorme autor, a uno que supo ver el país con gran profundidad y con un sesgo humorístico que hace difícil dejar un libro suyo”.

Desde su perspectiva, Los relámpagos de agosto es una lección fundamental sobre la Revolución que cualquier mexicano debería conocer: “Lo mismo pasa con los demás libros, incluyendo lo que escribió para niños, porque Jorge escribió para ellos unas historias que son tan graciosas, tan incisivas y tan necesarias como sus obras mayores”.

El festejo

El literato falleció en un accidente de aviación el 27 de noviembre de 1983, cuando se dirigía a un encuentro de escritores en Bogotá, lo que no deja de ser irónico porque no deseaba viajar a la reunión.

Sobre su mirada crítica y con humor, Hernández dice: “Fue un arquitecto de la trama y columnista infalible al quejarse de lo que seguimos quejándonos, la misma cloaca risible que nos inunda el desánimo y los mismos baches en las calles, el fulanito que se viste como Capulina y la doña que cree a pie juntillas que el Nacional Mexicano quedó en segundo lugar en el concurso internacional de los himnos (jamás celebrado) porque siempre gana La Marsellesa”.

Entre las diversas actividades para celebrar a Ibargüengoitia está un programa de actividades en el que destaca la exposición Los pasos de Jorge Ibargüengoitia, organizada por el INBA, que alberga el Museo del Pueblo de Guanajuato.

En la CdMx se llevarán a cabo mesas redondas para reflexionar acerca de su humor literario, las adaptaciones cinematográficas de su obra y hasta su faceta como cronista, en las cuales participarán Juan Villoro, Ana García Bergua, Verónica Murguía, Tanya Huntington y Richard Viqueira, entre otros.

Grupo Planeta anunció el lanzamiento de Cuentos para niños, ilustrado por Juan Palomino y con prólogo de Francisco Hinojosa, quien también escribe el texto introductorio de Piezas para niños, obras de teatro con ilustraciones de Manuel Monroy, además de que la Secretaría de Cultura lo incluirá en la colección Caja de Herramientas, con textos y gráfica de Jorge F. Hernández y un prólogo de Juan Villoro.

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