• Regístrate
Estás leyendo: Iatrogenia
Comparte esta noticia
Martes , 18.09.2018 / 17:05 Hoy

Iatrogenia

SEMÁFORO

Publicidad
Publicidad

Antifrágil (Paidós, 2015), de Nassim Nicholas Taleb, es un libro importante escondido entre mucha paja narcisista, lecturas novedosas y mal hechas de Séneca, por ejemplo, críticas feroces a los economistas y dos deudas que de feo modo quiere minimizar. Una, ese librito portentoso de E.F. Schumacher, Lo pequeño es hermoso. Y ese otro libro que equivalió a un atentado contra el terrorismo burocrático: Némesis médica (1975), de Iván Illich. Taleb ha escrito un libro cuyo eje es su propia persona, pero resulta sugerente y lleno de preguntas. Debe a Schumacher la idea central: es mucho más frágil un sistema centralizado y acumulador de control y poder, que muchos organismos dispersos, sin regulación central. Con eso, el libro valdría la pena. Pero tomo un solo punto de su enredo argumental: la iatrogenia (en griego, iatrós, significa “médico”, y genesis significa “origen”), que se acuñó para indicar las enfermedades causadas por el médico o el tratamiento. Iván Illich abrió con un desafío bárbaro: “La medicina institucionalizada ha llegado a ser una grave amenaza para la salud. El impacto del control profesional sobre la medicina, que inhabilita a la gente, ha alcanzado las proporciones de una epidemia”.

La fiebre de los hospitales, los errores en dosis o fármaco, la amputación del miembro equivocado son ejemplos. Taleb pisa las huellas de Illich, quizá con menos tino, pero con bancos de datos con los que Illich no pudo ni soñar y, aunque su perspectiva es mucho más dispersa, confusa y difusa, los datos que arrima tienen ese gusto estadístico que hoy nos resulta convincente. Por su pura presencia, la estadística pareciera validar todo argumento. Es la nueva forma de adjetivar. El mismo Taleb tiene un buen libro que previene contra el exceso estadístico (Fooled by Randomness) y sabe valerse del cálculo estocástico para llegar a la conclusión de que “Actualmente, en Estados Unidos, los errores médicos matan entre tres veces (y esto, aceptado por los doctores) y 10 veces más personas que los accidentes automovilísticos... y muchísimas más que cualquier forma de cáncer”. Y su aportación mayor parece un añadido al problema central del planteamiento de Illich: “En resumen: donde se dé un intervencionismo ingenuo, o peor, incluso ahí donde se dé cualquier intervencionismo, habrá iatrogenia”.

Es indispensable dejar atrás las curas milagrosas con yerbitas de camellón, todo lo que tenga que ver con chacras y curas con chochos cuánticos, entre otras mil patrañas. Pero adscribir el saber puro y duro a la medicina establecida por las burocracias es también riesgoso. Muchos médicos son dosificadores de chochos y no entienden bien lo que hacen, pero se creen científicos. Muchos laboratorios son empresas de mercadotecnia. Basta un trámite burocrático para dejar la ciencia y convertirse en fraude con licencia. Abundan maestros que no saben escribir, pero tienen título y plaza y dan clase. Maestros y médicos conforman los grupos más notorios. Y esto por una razón: el Estado los considera medallón de su progreso. Con la voluntad de universalizar saber y salud, irguió elefantes blancos, cada vez más costosos, menos eficientes y más poderosos.

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.