El horror de lo habitual

El término “kafkiano” se utiliza incluso en el lenguaje cotidiano para denominar situaciones que nos parecen inverosímiles o grotescas.
Gregorio Samsa según Google.
Gregorio Samsa según Google. (Especial)

México

La suposición más común acerca de la literatura de Kafka es que versa principalmente sobre el absurdo, al grado de que el término “kafkiano” se utiliza incluso en el lenguaje cotidiano para denominar situaciones que nos parecen inverosímiles o grotescas, pues no encuadran en aquello que consideramos como lo propio de la realidad cotidiana. Sin embargo, una de las múltiples lecturas de una obra cuya profundidad yace en buena medida en su apariencia de simpleza, es precisamente la contraria, y en particular La metamorfosis puede leerse como un tratado sobre el aplastante peso de la normalidad, que es, en última instancia, lo que conduce a Gregorio Samsa a morir de manera discreta (“Luego, sin voluntad, hundió la cabeza por completo y sus orificios nasales exhalaron el último suspiro.”), para aliviar a su familia la deshonra y la carga que les supone a ellos (¡a ellos!) su transformación en un “monstruoso bicho”.

Al introducir un único elemento inesperado en un entorno por lo demás decente y funcional, Kafka arroja una violenta luz sobre el carácter terrorífico de las estructuras familiares y sociales, que encuentran en su habitual repetición una coartada infalible para no ser expuestas en sus aspectos más descarnados. La familia Samsa ofrece una dosis mínima de empatía y cuidados frente al infortunio de Gregorio solamente en tanto albergan la esperanza, o bien de que retome su condición anterior, o bien de que siga habiendo aunque sea un resquicio de eso que ellos entendían como Gregorio. Curiosamente, el propio Gregor jamás entra en pánico, sino que se muestra dispuesto a explorar los límites de su nueva condición (“…así pues, tenía mucho tiempo para pensar sin que nadie lo molestara en cómo quería ordenar su vida a partir de ahora”), y encuentra inesperados placeres, como colgarse del techo y contemplar desde ahí su habitación.

Si bien Kafka deja claro que Gregorio jamás pierde la conciencia de lo que le ha ocurrido, desde sus primeros intentos por comunicarse se enfrenta a la incomprensión absoluta, ante lo cual cabe preguntarse si es que literalmente es imposible entenderlo, o es más bien el horror que produce lo diferente lo que les impide descifrar sus esfuerzos por comunicarse. Al final, el padre consuma la ruptura de todo vínculo mediante la racionalización: “Si al menos nos entendiera…”, incapaz de mirar a Gregori lo suficiente como para darse cuenta de que los entiende a la perfección. Y es que si bien ellos no se encuentran atrapados en el cuerpo de un monstruoso bicho, sí lo están en un conjunto de formas mentales, familiares, sociales que lo corroen todo, y que son las que llevan a Gregorio a mostrar la compasión suficiente como para morir y permitirles seguir con sus vidas, pues una vez resuelto el molesto problema, aliviados, “casi de manera inconsciente, pensaron en que ya era hora de buscarle un buen hombre” a su hermana.