Rinden homenaje a Eduardo Galeano en la UNAM

Tras dos meses de la muerte del escritor uruguayo, se realizó una ceremonia en el Centro Cultural Universitario, que también sirvió para presentar "Mujeres", uno de los libros póstumos del autor. 
Guillermo Prado Galan, Alfredo López Austin, Martha Lamas, Elena Poniatowska y Jaime Labastida, durante el homenaje a Eduardo Galeano, realizado en la sala Manuel Covarrubias del Centro Cultural Universitario de la UNAM
Guillermo Prado Galán, Alfredo López Austin, Martha Lamas, Elena Poniatowska y Jaime Labastida, durante el homenaje a Eduardo Galeano. (Cuartoscuro)

Ciudad de México

Apenas se van a cumplir dos meses de la partida de Eduardo Galeano y su vida y su obra aún despiertan un gran interés entre lectores de todas las edades, como se demostró en el homenaje que se le rindió al escritor uruguayo en el Centro Cultural Universitario de la UNAM.

Un acto en el que la Sala Miguel Covarrubias resultó insuficiente, como también lo fueron tres de las salas cinematográficas o la Sala Carlos Chávez, pues decenas de personas se quedaron en la explanada atestiguando la evocación a Galeano a través de unas bocinas, como cuando Elena Poniatowska aseguró que el escritor era uruguayo, pero también salvadoreño, chileno, argentino, paraguayo: “era la sangre en nuestra venas abiertas”.

“Eduardo Galeano nos cuenta nuestra historia desde la creación: se despojó de todos los atributos de la gloria, de todas las prebendas y los reconocimientos. Después de leerlo conocemos mejor nuestro continente, y lo conocen mejor los demás pueblos de la tierra. Nunca nadie le había hecho a la historia un servicio tan grande: ponerla al alcance de todos, sabios e iletrados.”

Durante una ceremonia que sirvió para la presentación de uno de sus libros póstumos, Mujeres (Siglo XXI Editores, 2015), Poniatowska recordó que las palabras de Galeano siempre fueron vivas, una declaración de amor a América Latina: “nunca nos maltrató y con su muerte nos enseñó a morir dignamente”.

“Aquí en México, cuando entraba a Bellas Artes, el público se le echaba encima, por qué: seguramente los mexicanos sentían que él encarnaba la palabra, que él más que nadie, se responsabilizaba de lo que decía, él no quería que muriera la palabra, antes que cualquier otro era un dador de palabra. Él cumplía su palabra, para él la palabra era su honor.”

Mujeres es una antología que refleja la intensidad de personajes femeninos atravesados por el peso de una causa, como Juana de Arco, Rosa Luxemburgo o Rigoberta Menchú; por su propia hermosura o talento, como Marilyn Monroe o Rita Hayworth, Frida Kahlo o Marie Curie, Camile Claudel o Josephine Baker.

Pero al mismo tiempo aparecen personajes que se mantuvieron en el anonimato a lo largo de la historia: hazañas colectivas de mujeres anónimas que lucharon en la Comuna de París, las guerreras de la revolución mexicana, las que―en un prostíbulo de la Patagonia argentina― se negaron a atender a los soldados que habían reprimido a los obreros.

Para Martha Lamas, el volumen nos lleva a un viaje por distintas culturas, diversos momentos históricos, para mostrar de manera implacable, aunque con agudeza, las creencias sexistas que han servido para discriminar, oprimir, mutilar y masacrar a las mujeres.

“Galeano cuenta actos de congruencia existencial de algunas mujeres, como el que ocurrió en 1942 en Mallorca, luego de la derrota de la República Española por los fascistas; a la cárcel llegaron el obispo y el gobernador, pues se había anunciado que Matilde Landa, roja y jefa de rojos, sobre todo atea, sería convertida a la fe católica. Pero la presa no apareció en el momento indicado y, de pronto, se la vio en la azotea del penal, desde donde se suicidó arrojándose.”

Antes de la presentación de un video preparado por TV UNAM, en la que se recuerda su lectura en la Sala Nezahualcóyotl en 2009, también participaron Alfredo López Austin, quien se dio a la tarea de hacer una revisión sobre el estilo de Galeano desde Las venas abiertas de América Latina hasta Mujeres, además de Gilberto Prado Galán, quien sostuvo una conversación literaria durante nueve años con el escritor uruguayo.

“Y las mujeres dibujadas por la mano experta de quien se dedicó la vida entera a espabilar la conciencia de sus lectores, para intentar –desde la trinchera ‘sentipensante’, como él solía decir- la transformación de un mundo injusto, patas arriba, alrevesado, son heroínas de libertad, víctimas del oro falso de la fama o, en la otra orilla, esclavas casi anónimas, que realizan esfuerzos denodados para lograr avanzar, así sea de manera milimétrica, en pos de la conquista de los derechos humanos o de mejores condiciones de vida.”

La sesión de homenaje y recuerdo a la figura de Eduardo Galeano terminó cuando algunas jóvenes tomaron la palabra para leer fragmentos del volumen, que al final son parte de las mujeres anónimas a las que rinde homenaje el escritor.