Homenaje a Rius

Mujeres y hombres comienzan a tomarse ‘selfies’. Es el muerto célebre y lo aman a través del desprecio.
Rius está muerto y María lo sueña riendo. Su risa era espléndida, procaz y apasionada. Pero aquí a nadie le importa cómo Rius reía o a qué sonaba su risa.
Rius está muerto y María lo sueña riendo. Su risa era espléndida, procaz y apasionada. Pero aquí a nadie le importa cómo Rius reía o a qué sonaba su risa. (Ilustración: Alfredo San Juan)

México

Rius está muerto. Prohibido rezar. Nos hemos reunido en la terraza del Museo del Estanquillo para soñarlo. Jueves 10 de agosto. Tres y media de la tarde. Nubes bajas. Cae una lluvia lenta y ligera. Ayer lo incineraron. Le quemaron los dedos y los ojos (sus herramientas de trabajo). Una paloma picotea migajas de la terraza. Vuela hasta la torre izquierda del Templo de San Felipe Neri. Durante el trayecto se caga y su caca cae sobre la banqueta encharcada en la esquina de Madero e Isabel la Católica. Rius está muerto y hay que soñarlo cagándose en el atrio de una iglesia mexicana.

En realidad, aquí nadie parece dispuesto a soñar. En una tarima al fondo de la terraza, los moneros hablan. Deberían soñar a Rius, soñarlo libre y abiertamente, pero lo que hacen es aprovechar que Rius está muerto para venderse mediáticamente, como si fueran viles políticos en campaña.

Cuando pasadas las cuatro los moneros se callan, la gente se agolpa en torno a una urna rodeada de flores ubicada frente a la tarima y custodiada por dos guardias. Son las cenizas. Mujeres y hombres sacan sus celulares y comienzan a tomarse selfies. Es el muerto célebre del momento y lo aman a través del desprecio: le dan la espalda a sus cenizas, de tal manera que la urna queda a la altura de sus anos, y sonríen (los más cínicos ponen cara triste) a la cámara.

Oculta y anónima, lejos de las cenizas, sin micrófono ni teléfono, María, una nieta de Rius, recuerda en voz baja: “Él me daba libros en secreto porque mis papás me prohibían leerlos. Yo tenía ocho años”. Y por fin hay desde dónde comenzar a soñar a Rius muerto: un sueño que comienza desde el peligro de su pensamiento. “Y yo no entendía qué podía haber de prohibido en esos dibujitos”. Dibujitos que gritan: “¡Del cielo solo cae lluvia, granizo y cosas parecidas; los cambios no caen de arriba!”. Dibujitos que siembran en la mente humana una necesidad de asumir las riendas del propio destino. Lo que implica acción. Lo que implica rebeldía. Lo que implica desconfianza.

Rius está muerto y María lo sueña riendo. Su risa era espléndida, procaz y apasionada. Pero aquí a nadie le importa cómo Rius reía o a qué sonaba su risa.

Las cinco de la tarde y las selfies con las cenizas de Rius al fondo comienzan a llenar las redes sociales. La lluvia se ha ido y en la terraza del Estanquillo la gente comienza a tomar café y hablar sobre Rafa Márquez. En el muro de una tal Adri Manibaby alguien ha comentado la foto: “k guapa!!!!, lastima k estes en un velorio”.