El hombre de los ojos tristes

Rosa Beltrán
Rosa Beltrán (Especial )

México

A la manera del cuerpo humano, suma de infinidad de factores en el tiempo, Rosa Beltrán (Ciudad de México, 1960), logra en su nueva novela El cuerpo expuesto una amalgama de discursos y tejidos narrativos solo posibles desde el entendimiento del hecho literario como una realidad compleja. En este libro de la también promotora de las letras mexicanas, el lector accede a diferentes voces que parecen tener un único hilo conductor, es cierto, pero que en su desdoblamiento más personal (la recepción de cada uno de nosotros) pueden ubicarse en uno u otro centro. Luego de las cinco o seis jornadas gozosas en las que cualquiera se adentra en la novela, me quedo con la parte que rinde culto al coleccionista extremo, aquel ser empecinado en reunir, clasificar y guardar: el hombre de los ojos tristes.

Pareciera que Beltrán, al menos en su novelística, tiende hacia la recreación de un pasado lejano a su tiempo; lo que no sucede en su obra cuentística. Su anterior novela, La corte de los ilusos, dicho por ella misma en el subtítulo, reinventa la vida y la muerte del único emperador mexicano, Agustín de Iturbide. Los atisbos de El cuerpo expuesto, sin duda resultado de una documentación previa en fuentes no estrictamente literarias, se fijan en la vida y la obra del llamado padre del naturalismo, el inglés Charles Darwin (1809-1882). De manera que si un subtítulo mereciera esta nueva obra de la escritora mexicana, bien pudiera ser el de "Darwin, a la luz de un nuevo milenio".

Propuesta en nada gratuita, puesto que el reencuentro con el autor de La evolución de las especies se da en el aquí y en el ahora de la propia narradora, quien realiza el entretejido de pretérito y actualidad a partir de la incorporación de un nuevo coleccionador a la trama de El cuerpo expuesto. Un científico también atribulado por mostrar las características cambiantes de la especie humana y que desde un aparente desequilibrio, utilizando las herramientas más avanzadas de la comunicación en nuestros días, cataloga a su manera miles de ejemplos que denomina "homínidos en plena involución". Lo que nos remite al subtítulo del clásico darwiniano del XIX, "o la preservación de las razas preferidas en la lucha por la vida".

Reunir, clasificar, guardar..., lo dijimos ya, es la consigna. En cualquier tiempo; desde cualquier plataforma. De modo que la recuperación de las una y mil vicisitudes del biólogo inglés noveladas por Beltrán son las que más destacan en la estructura de esta nueva obra. Al leer El cuerpo expuesto nos adentramos en los sentimientos (un poco más profundos) de un hombre bueno. En la experiencia que acumuló a partir de la expresión de las palabras —inéditas, incómodas, irreverentes. En la zozobra interna que lo llevó a recorrer el mundo en "un bergantín precario de tres velas al que se la había añadido una cuarta para sortear en lo posible las tormentas".

En los tiempos en que la mayoría de las instituciones, públicas y privadas, realizan inmorales experimentos a espaldas de la humanidad, y en el que pocos escapamos a la perversión de las normas básicas de la evolución, leer El cuerpo expuesto de Beltrán es recuperar no ya la trascendencia histórica de un personaje como Darwin sino sus sentidos más profundos. Al hombre que, aquejado por las enfermedades, hizo a un lado "esposa, hijos, casa, honores y prestigio" para hacerse a la mar en una embarcación de cuatro velas. Todo esto con el único fin de demostrar la hermosura y la maravilla de lo diverso del mundo y desde él. Un registro en movimiento, así sean solo detalles de la humanidad más escondida de un hombre de ojos tristes, resultado del buen oficio literario de esta escritora mexicana que no se aferra a los esquemas únicos del género novelístico.

FICHA

Rosa Beltrán, El cuerpo expuesto, Alfaguara, México, 2013, 288 pp.