El hombre blanco visto por los primeros pobladores

Las imágenes aluden a carretas, expediciones y decapitaciones de jinetes, éstas últimas con un simbolismo especial, refiere historiador.

Monterrey

En un lugar bastante alejado del área poblada, en el municipio de Ocampo, al norte de  Coahuila, se encuentra el sitio conocido como Acebuches, el cual es una serie de abrigos rocosos donde las tribus plasmaron una serie de pinturas rupestres donde detallan los encuentros que tuvieron con el hombre blanco.

Las pinturas bien pueden ser atribuidas a las tribus de apaches lipanes que deambulaban en esta región del país y que habitaron esta región por miles de años, y que con el avance de las colonias en el norte de Estados Unidos fueron desplazadas más al sur.

Las tribus guerreras del norte del país eran demasiado belicosas y defendían su territorio de una forma muy valiente debido a que estaban cansados de las tropelías y engaños por parte del colonizador español y posteriormente del gobierno mexicano.

Estas representaciones gráficas bien pueden ser atribuidas a los grupos apaches, quiénes eran los enemigos acérrimos de los españoles,  pues en sus constantes incursiones por los poblados de Nuevo León, Coahuila, Tamaulipas y Texas cometían robos y secuestros.

Sobre lo anterior, el cronista del municipio de Sabinas Hidalgo, Nuevo León, Héctor Jaime Treviño, aclara que los españoles tenían por costumbre atrapar a los indios y convertirlos en esclavos, en tanto que los indios secuestraban mujeres y niños y los consideraban parte de la tribu, como personas libres, e incluso luchaban en contra del invasor de sus territorios.

“En las pinturas de este sitio se ven escenas muy cotidianas a esa época, como las carretas, que no eran más que las largas expediciones a la parte norte, la cual era el territorio ancestral de los apaches lipanes.

“Para los habitantes ancestrales de esta región, celosos guardianes de sus dominios, causó mucha sorpresa y dada la importancia del acontecimiento, lo pintaron en las cuevas o paredes,  para dejar testimonio impreso de un hecho trascendental que marcó el final de su hegemonía en esta zona de México.

“Se pueden ver a grupos de indígenas usando trajes típicos, sus viviendas llamadas Teepes y algunas características de sus peinados, pero lo que más llama la atención es la visión que tienen del invasor”, refiere Treviño.

Otro de los encuentros entre los europeos y los pobladores originales del noreste de la Nueva España ocurrió en San Antonio de los Álamos.

Este sitio, ubicado en el municipio de Sierra Mojada, también en Coahuila, era una especie de oasis y refugio de forajidos que huían luego de cometer delitos en el centro de Nueva España. Este punto era la última escala para el viajero antes de perderse en la inmensidad de la nada.

Pintados en la roca sobresale un grupo de hombres montando caballos, vestidos como soldados españoles, asignados probablemente a un presidio.

Al parecer, los autores de estas pinturas rupestres fueron integrantes de la tribu de los Tobosos, una etnia ahora extinta que se caracterizaba por su carácter indomable y por atacar constantemente a los poblados españoles del norte de México.

Estos jinetes pintados en las rocas tienen una particularidad, ya que a decir del historiador Carlos Cárdenas, investigador del arte rupestre en Coahuila, no tienen cabeza.

“Era como una manera simbólica de sacrificio que los indios pintaban en la roca, como especie de victoria al dibujarlos sin cabeza”, detalla.

En Acuña, al norte del vecino estado, en el sitio conocido como El Caído, a la entrada de un cañón hay un manuscrito en la roca, donde se narra detalladamente una batalla entre un regimiento español que fue atacado por un grupo de indios; también está una serie de pinturas donde se detalla el atuendo de las tribus apaches.

La existencia de los personajes que aparecen en el escrito ha sido comprobada por especialistas, por lo que tiene una validez histórica. La investigadora texana Solveig Turpin corroboró algunos de los datos impresos en este motivo rupestre.