'Herodes hoy': teatro de alto riesgo que delata infanticidios

En 'Herodes hoy', escrita y dirigida por Richard Viqueira, se lanzan cuchillos afilados, un riesgo que los actores asumen para responder una pregunta: ¿Por qué matar a un recién nacido?
Viqueira necesitaba que sus actores manejaran cuchillos con filo, que se movieran en el escenario lanzándolos y cubriéndose en tablas de madera
Viqueira necesitaba que sus actores manejaran cuchillos con filo, que se movieran en el escenario lanzándolos y cubriéndose en tablas de madera (Cortesía: Centro Cultural Helénico)

Ciudad de México

Tomar un cuchillo de verdad. Lanzarlo de verdad. Sentir el terror de verdad. No una vez. Mil veces. No un día. Cuatro meses. No siendo un adulto, sino un niño. Así han vivido este año los cuatro actores de Herodes hoy, una obra de teatro que se estrena el próximo 23 de mayo.

Escrita y dirigida por Richard Viqueira, la obra plantea una pregunta: ¿Por qué matar a un recién nacido? Aunque parece absurdo, el planteamiento no proviene de la ficción, sino de lo que se vive todos los días en distintos lugares del mundo, incluyendo a México.

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“Desde el año uno con la matanza de los inocentes hasta el mes pasado con el asesinato de un bebé en la carretera a Puebla, Herodes se multiplica: hay Herodes en México, en Siria, en el caso de la guardería ABC, en todos lados”, explica Viqueira.

No es una metáfora, sino una realidad. “Todas las figuras del poder, cuando sienten el riesgo de perder su posición, son capaces de cometer las peores atrocidades, entre las peores, está la matanza de inocentes”.

"Lo que me interesaba es que los actores, al sentir el terror del filo, lo reflejaran también en el espectador"

Así sucedió en Siria con el ataque químico en abril pasado —hubo 30 niños muertos— y con el cierre de las fronteras (en promedio, cien niños mueren al intentar cruzar de México hacia Estados Unidos).

Por eso, puesto que el asesinato de niños es una verdad, Richard Viqueira necesitaba que sus actores manejaran cuchillos con filo, que se movieran en el escenario lanzándolos y cubriéndose en tablas de madera que, de tanto ensayo durante estos cuatro meses, ya se han tenido que cambiar tres veces.

“El montaje tiene el subtítulo de Obra para cuatro actores y cuatro cuchillos. Lo que me interesaba es que los actores, al sentir el terror del filo, lo reflejaran también en el espectador. Que los espectadores sepan que no hay truco”.

Eso le permite a Viqueira —quien también es parte del elenco junto a Valentina Garibay, Georgina Rábago y Fernando Bueno— plantear otra reflexión: “Ante el teatrito que se monta en la política habitual, donde se ficciona y crean personajes, nosotros anteponemos un teatro realista… crudamente real y peligroso”.

Mil lanzamientos durante cuatro meses tienen, por supuesto, una posibilidad de fallas. “Hemos tenido unos accidentes pero todos han sido superados. Desde el principio le plantee a los actores los riesgos de la obra y ellos tuvieron el valor de asumirlo. Es un grupo muy valeroso”.

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En escena, y con base en la estructura shakespereana de la atemporalidad, la obra muestra a un Herodes que se ve ante la necesidad de justificar la matanza de los niños. Tiene que convencer al pueblo de que esa acción es necesaria y por tanto decide montar un juicio contra un recién nacido. El argumento es que todos nacemos con una maldad intrínseca y que en algún momento ese bebé crecerá y podría cometer parricidio o matricidio.

 Cada vez que una nueva generación de políticos llega a disputarlo, los viejos recurren a infundir el temor

“Es lo que sucede en las esferas de poder. Cada vez que una nueva generación de políticos llega a disputarlo, los viejos recurren a infundir el temor”, explica.

Herodes hoy, al hablar de ese bebé, habla también de los 43 que murieron en la guardería ABC en 2009, en Hermosillo y de Aylan Kurdi, el niño sirio que fue hallado muerto en playas de Turquía.

Todo ese juicio sucede en medio de cuchillos. “No sé si los actores se han vuelto unos expertos lanzadores pero sí creo que hay una simbiosis”, dice Viquiera, conocido precisamente por lo extremo y veraz de sus montajes, siempre en el límite de lo peligroso.

“Es una voz que ni siquiera es una imposición mía, proviene de un lugar de mi infancia, de caminar por San Ángel Inn en las noches y pensar que en cualquier momento podría aparecer alguien para secuestrarme o asaltarme”, expone.

Esta idea de que vivimos siempre en el borde, la ha plasmado en su teatro y en esta ocasión lo ha llevado a reflexionar a lo que llama “la cúspide del terror”. La obra se presentará del 23 de mayo al 8 de agosto, en el Foro La Gruta, con funciones los martes a las 20:30 horas.


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