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Miércoles , 20.06.2018 / 10:29 Hoy

Hepatitis C causa 66% de los casos de cirrosis

Hay 700 mil mexicanos con deterioro crónico, informa experta al anunciar ensayo clínico de una molécula para revertir los daños y desactivar el virus.

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Blanca Valadez

En México hay más de 700 mil personas con cirrosis crónica, de las cuales 66 por ciento desarrolló la enfermedad sin haber tenido como factor la ingesta alcohólica, sino por el virus de la hepatitis C, explicó María Teresa Rizo, especialista del Instituto Mexicano del Seguro Social.

Las principales causas del padecimiento, que aqueja a 1.8 millones de mexicanos, son hacerse tatuajes o piercings, usar instrumental contaminado en tratamientos de belleza en manos o pies, así como haber recibido transfusiones sanguíneas antes de 1995 —cuando inició el programa de sangre segura—, abundó la jefa de la Clínica de Hepatitis del Hospital de Especialidades Centro Médico La Raza, del IMSS.

El virus comenzó a ser identificado en México hace aproximadamente 15 años, pero debido a que la enfermedad se manifiesta hasta 30 años después (ya en etapas avanzadas), se siguen registrando diagnósticos.

La gravedad del problema ha llevado a la industria farmacéutica a desarrollar moléculas y protocolos de investigación clínica, como al que se someterá Elba Luz Mendoza González, de 67 años.

Varios años después

Mendoza adquirió hepatitis C en 1981 en una trasfusión de sangre por complicaciones de su embarazo gemelar; a los 15 días tuvo ictericia —coloración amarillenta de piel y mucosas que se produce por un aumento de bilirrubina en sangre causada por trastornos hepáticos—, sin que los especialistas pudieran dar con un diagnóstico certero.

"En 1981 no se sabía nada de la enfermedad y los médicos adjudicaron esa coloración amarillenta a que me espanté durante el parto. Fue hasta 2010 cuando me hicieron un estudio viral al no dar con el motivo de mis molestias estomacales intensas, falta de apetito y de digestión", recordó. "Me diagnosticaron hepatitis C, 19 años después", resaltó la paciente.

El desconocimiento para detectar el mal aún persiste, incluso, Mendoza recordó que un gastroenterólogo del Hospital General de la Zona 24 del IMSS le dijo que estaba desahuciada, "aseguraba que me iba a morir pronto".

Otros especialistas, por el contrario, le explicaron las características, pero le sugirieron sumarse a un protocolo basado en la ingesta de nuevas combinaciones de fármacos, como Interferón, Ribavirin y Tela predic que, en su caso, resultó contraproducente.

En 15 días el virus "se había dormido", pero seis meses después de concluir el protocolo reapareció. "No sirvió para nada en mi caso. Pero mis otros dos compañeros salieron adelante", comentó.

Grupo de apoyo

"Yo tengo ahora cirrosis en su etapa más avanzada, la más grave y crónica. Me incorporé al Grupo Amhigo, donde gente como yo y sus familiares se reúne el segundo miércoles de cada mes en el Hotel Diplomático".

Ahí la animaron para participar en otro protocolo que llevará a cabo Cell Pharma, y que consiste en revertir la cirrosis compensada —sin acitis; es decir, sin várices esofágicas ni acumulación de líquido en abdomen—, "aunque mi hígado está oscuro, con muchas cavernas, lesiones y hoyos".

En ese protocolo se analizará la efectividad de KitosCell, una molécula destinada a reducir la fibrosis, las causas del daño hepático y de los mediadores que la provocan, así como favorecer el funcionamiento del tejido hepático residual y lograr que el virus se desactive.

Lourdes González, que contrajo hepatitis C en 1968 cuando le extirparon un riñón y recibió el diagnóstico certero hasta 1999, opinó que es esencial que México se abra estos protocolos de investigación, ya que el desconocimiento también propicia actos de discriminación.

González, también integrante del grupo Amhigo, señaló que "muchos médicos nos corrían de su consultorio; se negaban a darnos la mano, mandaron a limpiar con cloro nuestras casas, sugerían mandar hacer el testamento y han creado un estigma sobre las relaciones, cuando este virus no se contagia por trasmisión sexual", destacó.

La cirrosis, abundó, "tampoco se adquiere necesariamente por alcohol ni se pega por un beso... Llevo 40 años teniendo relaciones sexuales con mi esposo y él está sano".

El ensayo clínico significa una esperanza para pacientes como Mendoza y González, ya que, hasta ahora, no hay tratamiento que impida la muerte cuando alguien ya tiene el hígado muy dañado.

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