Hamlet contemporáneo: La sociedad en la fosa común

Cuando la tragedia ya es todos los días, vale la pena asomarnos a la obra de Shakespeare, un espejo que refleja nuestros prejuicios y limitaciones

Nos recibe la fosa de un hombre… La fosa que sostiene un reino, un gran poder. La muerte preside desde el centro del escenario.

Hamlet, el rey de Dinamarca ha muerto. Y alrededor de él los pasos de la traición y la venganza se mueven hacia el placer que le da contrapeso al duelo. Lo más bajo de la pasión se hace presente: la lujuria, el adulterio, la burla antes que la lealtad.

La Universidad Autónoma de México a través de la Dirección de Teatro Coordinación de Cultura, celebra los 400 años de la muerte de William Shakespeare con una serie de puestas en escena entre las cuales destaca una de las obras maestras de la dramaturgia mundial: Hamlet.

El sepulcro de un hombre puede servir de fosa común para todo un reino o toda una sociedad. Después de la búsqueda constante de placer y poder, la muerte se nos presenta determinante, nos confronta para decirnos con mucha claridad que no hay otra oportunidad. El nuevo Rey dice: “Todo en este mundo es pasajero, y no debe sorprendernos que incluso nuestro amor sea tan voltario como nuestra fortuna…”.

Este Hamlet, adaptado y dirigido por Flavio González Mello, sin dejar de ser fiel a la narrativa del texto de Shakespeare, nos seduce desde la creación de imágenes y definición actual de los personajes, llenos sobre todo de defectos, miedos y culpas; como “un espejo a la realidad, para mostrarle a la virtud sus propias facciones, a lo ridículo su propia imagen y a cada época su semblante y su carácter”.

Acaso el primer objetivo de la actoralidad propuesta por este director es hacer que la realidad de este espejo nos refleje a todos en nuestra forma cadavérica. En esta propuesta escénica, todos son representantes de la locura, y no permite al espectador que salga limpio de la fosa común, que a veces parece ser la vida misma.

La actualidad de las debilidades humanas, el individualismo, por no llamarle soledad, en la que vivimos constantemente, es una de las intenciones que mueven a los personajes de este Hamlet, donde los deseos, manifiestos o no, los manipula, para al final solo llegar al mismo destino, a ser una osamenta más en el camposanto.

Contar la anécdota de una obra representada tantas veces no es lo importante, porque su huella está permanentemente en el inconsciente colectivo “Se es o no se es…”, y sin duda esta propuesta escénica “es” y mantiene vigente el texto escrito en 1603.

Con la ayuda de dos personajes vulgares, ya sea como dos sepultureros nacos o como dos amigos fresas, el director nos introduce a los momentos más densos de la obra original, y sostiene así durante cuatro horas el interés del público, que ríe y sonríe nerviosamente cuando los comentarios del texto se vuelven punzantes y peligrosamente adecuados a nuestra generación.

Así es como nos encontramos dentro del juego de espejos que propone el director, quien pone al público todo el tiempo al mismo nivel que los actores, como testigos irrefutables de la lascivia, el dolor, la locura que deja en el corazón de un hombre la pérdida de un ser querido, y con él, toda esperanza en la humanidad.

La traición que vive constantemente nuestra sociedad por parte de sus políticos y representantes sociales en todos los niveles, se vive en primer plano, sentado junto a los cráneos, que bien pueden ser de los desaparecidos y muertos por las guerras intestinas y silenciosas en todo el país.

Flavio González Mello se ha caracterizado en sus trabajos dentro del cine y teatro por su notable interés en los problemas sociales de la actualidad, e impresiona que un texto con poco más de cuatro siglos de escrito y generado desde una sociedad tan distinta, se vuelva tan personal; ahí la importancia de que la adaptación se comprometa con ambos mundos: la actualidad del autor y su actualidad como director.

Para esta segunda temporada las actuaciones corren a cargo de Jorge Ávalos, Emilio Guerrero, María Isabel Benet, Diego Garza, Omar Medina, Raúl Briones, Sofía Sylwin y Pedro de Tavira Egurrola, quienes con una energía contenida pero constante navegan en las entrañas de sus personajes y nos obligan a la atención constante del texto, que sigue siendo fuente inagotable de creación actual.

El dispositivos escenográfico montado para esta obra, debe tener una mención especial, pues Mario Marín del Río escenógrafo y la iluminación de Matías Gorlero despojan al Foro Sor Juana Inés de la Cruz de toda convención, para crear diversas atmósferas, metiendo al público, no solo a las entrañas del teatro al develar sus secretos, sino a las entrañas de una fosa común a la que todos, algún día, llegaremos.

*Se presenta hasta el 19 de junio en el Foro Sor Juana Inés de la Cruz de la UNAM. Miércoles, jueves y viernes 10:00 y 16:30 hrs. Sábado 16:30 y domingos 16:30 hrs. Tiene una duración de 4 horas.


PIES DE FOTO

1.- En el elenco: Emilio Guerrero, Omar Medina, Raúl Briones, María Isabel Benet, Sofía Sylwin y Diego Garza

2.- Jorge Ávalos como Claudio