El G20, en medio de los barrios más combativos de Hamburgo

Los barrios de Schanzen y Karo, a unos pasos de la sede del G-20, reúnen activistas radicales y tienen una larga tradición de resistencia de izquierda y ecologista

Ciudad de México

“A torpedear el G20, a combatir el capitalismo”, dice un cartel en la colorida fachada de una casa en el Schanzenviertel, uno de los barrios más combativos de la ciudad alemana de Hamburgo, junto a la sede de la próxima cumbre de jefes y Estado del Grupo de los Veinte (G20).

El Schanzenviertel y el vecino barrio Karoviertel son cada 1 de mayo escenario de desmanes por parte de activistas radicales de la llamada izquierda autónoma. Estas vecindades de callejuelas angostas y casas antiguas tienen una larga tradición de izquierda y ecologista.

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Durante décadas fueron descuidadas y sus alquileres bajos atrajeron a una variopinta población de estudiantes, artistas e inmigrantes extranjeros. Desde los años 90 se hicieron mejoras y en sus calles se alternan hoy tiendas de productos orgánicos con otras de venta de vinilo, bares, boutiques con producción propia y agencias de publicidad, además de varios sectores con okupas.

Allí, en una superficie menor a un kilómetro cuadrado se concentran 8 mil habitantes, más del 20 por ciento extranjeros. En las últimas elecciones municipales los partidos más votados fueron La Izquierda (29.1 por ciento) y Los Verdes (27 por ciento).

Por ello no sorprende la aversión que despierta allí la cumbre de los 20 países industrializados y emergentes, para la cual ya se percibe una creciente presencia policial.

“Aquí no los recibimos con gusto. (El presidente turco) Erdogan no es un buen político y tampoco lo son (el estaduunidense) Trump o (el ruso) Putin”, dice Conny Busch, que trabaja hace 35 años en un kiosco de la calle Susannenstrasse en cuya puerta hay afiches que rezan “La resistencia necesita solidaridad. Contra la cumbre del G20” y “No queremos sus guerras”.

Unos metros más allá está el Rote Flora, un antiguo teatro tomado por okupas desde el año 1989 que funge como centro de agrupaciones izquierdistas autónomas y anarquistas en torno a la cual se celebran las protestas de mayo.

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Un grupo de sin techo instalados en la escalinata del antiguo edificio del teatro tapizado de carteles y pintadas muestra una postura unánime. “¡Que no vengan!”, espeta Thorsten mientras enseña el dedo medio. “¡Nosotros necesitamos el dinero!”.

“Naturalmente que es una provocación que hagan la cumbre justamente aquí”, comenta un joven que trabaja en la acera quitando el herrumbre a una vieja moto.

Gert, un jubilado que no prefiere no revelar su apellido, pega carteles sobre a una charla informativa sobre el G20: “Acá lo que vienen a hacer es a pelearse por definir el orden mundial”, asegura.

[Parodia de la reunión (Foto: Especial)]

Muchos vecinos están horrorizados ante la perspectiva de vivir días en estado de sitio, con controles policiales y protestas en la calle. “Este enorme despliegue policial crea un ambiente opresivo”, dice Kathrin Müller, en su tienda de moda.

No faltarán los vecinos que se irán de la ciudad y los colegios y jardines de infancia de la zona estarán abiertos pero no habrá clases obligatorias. La presidenta de la asociación de padres de la escuela de primaria de Sternschanze, Sandra Cantzler, se dirigió por escrito al alcalde de Hamburgo, Olaf Scholz, para expresar su malestar.

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La mayoría de los padres no entiende por qué las conferencias deben celebrarse en medio de un barrio densamente poblado, señaló. “En el barrio tenemos experiencia. Hay líos más temprano que tarde. Y mi hija de siete años se horroriza ante los tanques lanza-aguas”, se queja.

*Con información de DPA

AG