No hay que hablar de Rubén Darío, sino leerlo: Sergio Ramírez

El novelista define a su compatriota como “un clásico, un renovador, ya que en su tiempo el modernismo cambió de raíz la lengua a través de la poesía, y es también un maestro”.

Managua

Quizá la mejor explicación de cómo vino a nacer aquí a finales del siglo XIX, en la humilde aldea nicaragüense de Metapa, el gran renovador de la poesía en idioma español, autodidacta de los versos pero también de una experimentada prosa periodística, la haya dado el propio Rubén Darío cuando, en ocasión de su retorno al país tras 15 años de ausencia, expresó en un acto en el Teatro Municipal de León, el 22 de diciembre de 1907: "Yo vine en un momento en que era precisa mi intervención en el porvenir del pensamiento español en América, yo soy un instrumento del supremo destino: y bien pude haber nacido en Madrid, Corte de los Alfonsos, en Buenos Aires tierra de Mitre, en Bogotá o Caracas, el que nació en la humilde Metapa".

Nicaragüense pero universal, también diplomático y ensayista, el autor de Azul, de Prosas profanas, de Cantos de vida y esperanza y de Opiniones, entre sus obras más renombradas, nació el 18 de enero de 1867 en la actual Ciudad Darío (Matagalpa), 90 km al norte de Managua, renombrada así en 1920 en su homenaje. La antigua Metapa —en náhuatl "sabana de piedra"— sigue siendo hoy mayoritariamente pobre y rural como entonces, aquejada por el desempleo como el resto de Nicaragua —el segundo país más pobre de América—, aunque sus casi 50 mil habitantes se sienten orgullosos del origen del genio, también políglota pero capaz "de pensar en americano, en genuino americano", en palabras de Miguel de Unamuno. Y si bien el nacimiento en Nicaragua del llamado Príncipe de las letras bien pudo obedecer a "un accidente", como nos dice en entrevista el novelista Sergio Ramírez, tal vez no es menos cierto que esta nación centroamericana, conocida en el pasado por sus gestas heroicas como cuando Augusto C. Sandino expulsó en 1933 a los marines estadunidenses, "es un país que puede producir un solista, aunque no ha sido capaz de producir una orquesta. Son cosas muy distintas".

Para Ramírez (Masatepe, 1942), Premio Internacional Carlos Fuentes a la creación literaria en idioma español (México, 2014), también ensayista, periodista y vicepresidente de Nicaragua durante la revolución sandinista de 1979-1990, Darío nace en un país "con muchas limitaciones culturales, que viene sobreviviendo de una guerra civil terrible, la población ha sido diezmada no solo por la guerra sino por la peste del cólera, es un país lleno de analfabetos, muy poca gente sabe leer y escribir, no hay revistas ni periódicos diarios —el primer diario nacerá a finales del siglo XIX. La primera biblioteca nacional se organiza cuando Rubén era un adolescente y cuando él viene a vivir a Managua se la lee toda. Este era un país de una precariedad cultural muy severa, y es el general Cañas, un diplomático salvadoreño que vivía exiliado en Managua, quien le dice: 'Mire, usted tiene que irse de aquí a como sea'". Fue, añade Ramírez, "un consejo muy sabio, porque de quedarse en Nicaragua Darío hubiera terminado en un versificador.

"Es decir —añade el autor de Tropeles y tropelías, ¿Te dio miedo la sangre?, Castigo divino, Un baile de máscaras, Margarita, está linda la mar, El cielo llora por mí y Adiós muchachos, entre una cuarentena de libros de novela, cuentos, ensayos y relatos—, no le quito el genio a Darío, pero el genio necesita levantarse a través de la lectura constante, del roce con las culturas, con los museos, las bibliotecas, con los cenáculos culturales, con otros idiomas".

A favor del genio de Darío —60 por ciento de cuya obra está fuera de Nicaragua, repartida en los países donde vivió, como Chile, Argentina, Francia y España—, Ramírez dice que "fue un autodidacta porque no hizo nunca estudios universitarios, pero tenía una memoria y una imaginación prodigiosas, una gran facilidad para la música y los idiomas, y sin el idioma francés tampoco el modernismo existiría".

Símbolo poco conocido

Sin duda el símbolo cultural más importante de la identidad nacional, ya que desde niños se aprende a apreciar a Darío por lo que representa y todos en las escuelas recitan los versos más conocidos del autor del soneto "La fe" —el primer poema conocido, escrito por Darío en 1879, a la edad de 12 años—, "desgraciadamente —agrega Ramírez— hay una distancia entre el Rubén Darío como símbolo y el conocimiento que la gente llana, el pueblo, tiene en sus casas, en la calle. Y esa distancia no se ha podido cerrar. Y aunque en estos días hay celebraciones municipales, musas darianas, canéforas, bailes folclóricos, la obra de Darío se sigue conociendo muy poco".

De hecho, prosigue Ramírez, "más allá del poema 'A Margarita Debayle' ["Margarita, está linda la mar,/ y el viento/ lleva esencia sutil de azahar;/ yo siento/ en el alma una alondra cantar;/ tu acento./ Margarita, te voy a contar/ un cuento. (...)] y 'Los motivos del lobo' ["El varón que tiene corazón de lis,/ alma de querube, lengua celestial,/ el mínimo y dulce Francisco de Asís,/ está con un rudo y torvo animal,/ bestia temerosa, de sangre y de robo,/ las fauces de furia, los ojos de mal:/ el lobo de Gubbia, el terrible lobo,/ rabioso, ha
asolado los alrededores;/ cruel ha deshecho todos los rebaños;/ devoró corderos, devoró pastores,/ y son incontables sus muertes y daños. (...)] no se conoce ni la poesía de Darío ni al Darío cronista (uno de los grandes de su tiempo, por cierto), ni al Darío narrador. Y me parece que el país está en deuda con la figura de Darío pues tenemos este gran déficit en el conocimiento de su obra. En la época de la revolución se tuvo la intención de publicar la obra de Darío en ediciones populares a través de la Editorial Nueva Nicaragua, y se comenzó a editar en tomos preparados académicamente. Se logró publicar cinco o seis ediciones de cuentos, poesía, narraciones. Pero esa obra quedó incompleta, y creo que una de las cosas más importantes que el país le debe a Darío es la edición de sus obras completas. Que Darío viva en las casas, con la gente, a través de sus libros".

Ramírez es tajante: "Seguimos viendo a Darío de manera muy provinciana, y yo creo que es por el nivel cultural que desgraciadamente el país sigue teniendo; la manera de celebrarlo es absolutamente 'municipal y espesa', como él diría. Esta oportunidad que hemos tenido de los cien años de la muerte de Darío, y la que tendremos el próximo 2017 cuando conmemoremos los 150 años de su nacimiento, era para celebrar verdaderamente a Darío en el mundo: haber traído a especialistas para analizar su obra, mesas redondas, conferencias, publicar sus libros en ediciones a precios accesibles. Eso desgraciadamente no se ha hecho".

Este 6 de febrero, el gobierno de Daniel Ortega declarará a Darío héroe nacional, aunque eso no basta, insiste Ramírez: "Hay que hacer una colección de diez libros donde haya una antología de sus poemas más importantes, libros que no sean muy gruesos, de ediciones populares que se puedan vender baratos; un tomo de
su poesía, otro de sus cuentos, su libro El viaje a Nicaragua, que es clave para entender el ir y venir de Darío y su entendimiento con el país donde nació. Publicar también sus crónicas, su autobiografía, otro libro biográfico que se llama Historia de mis libros, es decir, el Rubén Darío que tiene que llegar a las casas de la gente, una edición masiva que se pueda vender a precios modestos. Eso me parece que sería la gran contribución para conocer a Rubén Darío: dejarlo instalado en las casas de los nicaragüenses".

Poco antes de su muerte en León, aquejado de cirrosis hepática como buen bebedor que fue, el fundador del modernismo —corriente literaria que más que escuela o forma estética fue "una actitud", a decir de su gran amigo Juan Ramón Jiménez— preparó a pedido de Madrid una selección de su poesía, y es interesante ver —nos dice Ramírez— cómo en estos tres tomos que se publicaron entre 1914 y 1916 —el último cuando él ya había muerto en Nicaragua—, Darío escoge 150 poemas con un criterio autocrítico muy severo, de modo que suprime todo Azul, suprime 'Oda a Roosevelt', suprime poemas que son canónigos para el gusto público pero que para él merecían ser eliminados y no entran en esa suma que es su propia selección. Y creo que es por lo que hay que guiarse, por el propio gusto de Darío por esa parte de la poesía que habla de la vida y del misterio de la muerte".

Rubén Darío, que abreva de todas las tendencias literarias predominantes en Francia en el siglo XIX, en primer lugar el romanticismo de Victor Hugo y el simbolismo de Paul Verlaine, es "dos cosas muy importantes", afirma Ramírez: "Un clásico —y como dice Italo Calvino, el clásico es el que siempre tiene algo nuevo que enseñarnos, por eso lo estamos volviendo a leer siempre—, un renovador, ya que en su tiempo el modernismo cambió de raíz la lengua a través de la poesía, y es también un maestro. Es lo que permitió que al final de la gran explosión que fue el modernismo viniera en España el poeta y dramaturgo del Siglo de Oro, Luis de Góngora, y también Federico García Lorca, Miguel Hernández y todos los grandes poetas españoles de la vanguardia. Y luego la poesía en Argentina, Jorge Luis Borges como sucesor suyo, Octavio Paz en México, Pablo Neruda en Chile en todo lo que le reconoce de herencia. Basta leer el diálogo publicado en Buenos Aires entre García Lorca y Neruda para darse cuenta cómo ellos reconocen esta herencia dariana en su propia poesía. Hasta Borges, que termina llamando a Darío 'libertador'. Es decir, él liberó la lengua de las cadenas obsoletas que tenía".

Al igual que todos los niños y los jóvenes de Nicaragua, también Ramírez participó desde pequeño en no pocos concursos de declamación. "Había eliminatorias de los colegios a escala local y nacional, y yo logré llegar a Managua a recitar a Darío en el certamen nacional. Quedé entre los finalistas. Recuerdo que llegué recitando 'La salutación del optimista'; había que aprenderlo de memoria porque muchas palabras eran muy extrañas, ¿no?: 'Ínclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda'. No era fácil entender todas esas palabras, pero ahí había música, un ritmo, que es como que uno escuchara una banda tocando".

—¿Y ganó ese concurso?

—No, no gané pero quedé entre los finalistas. Yo tenía 12 años.

—¿Y escribió poesía?

—De joven sí, pero no quiero que me la recuerden.... Creo que yo no estaba destinado a ser un poeta sino un narrador. Las publiqué en la revista Ventana, que editábamos en León, pero no las vayan a exhumar, ¡por favor!

Personaje identitario

Para Ramírez, desde hace mucho en la disidencia ante el creciente autoritarismo de su antiguo compañero de revolución, Daniel Ortega, en el poder desde 2007, "está muy bien la devoción y la admiración que se sigue alentando en Nicaragua hacia Darío. Aquí hay una predisposición de la gente a leer. Este no es un país que se niegue a leer, sino que no puede leer. Aquí los libros son caros: un libro no puede entrar a la canasta básica de una familia porque la gente tiene que escoger entre el pan, el arroz, los frijoles, los huevos, y entonces el libro no cabe por los precios que tiene. Pero yo creo que la política pública tiene que estar dirigida hacia crear oportunidades de libros a precios accesibles, y estoy seguro de que la gente los va a leer".

Una posición que es compartida por Hirasema Ruiz, de 40 años y 15 como guía de la Casa Museo Rubén Darío en Cuidad Darío, visitada durante todo el año por niños, jóvenes, adultos, profesionales y también extranjeros, turistas franceses, españoles, estadunidenses, porque Darío "es un personaje que da identidad nacional".

Desde 1940, por decreto oficial, Ciudad Darío fue declarada Patrimonio de la Nación y la hoy Casa Museo de su nacimiento, construida con adobe encalado, techo de teja forrado con varas de caña de castilla y pisos de ladrillo de barro, un lugar que es parte de la poética de quien firmaba sus libros escolares como Félix Rubén Ramírez, en alusión a su tío abuelo, el coronel Félix Ramírez, que lo crió desde los primeros años de vida en otra casa, en León, junto con su esposa Bernarda Sarmiento, "mamá Bernarda", su amada madre postiza.

Una réplica de esta segunda vivienda de tipo español, también Casa Museo desde 1932, fue construida en el Malecón de Managua, y es visitada a diario por centenares de personas. La devoción de la que habla Ramírez hacia todo lo que tenga que ver con la vida del poeta es palpable en ese lugar destinado al esparcimiento, donde está la cama en la que agonizó el poeta entre muchos otros objetos de su pertenencia.

"Pero eso no basta", reitera el multipremiado novelista. "Porque no hay que visitar una casa, no hay que estar hablando de Rubén Darío, sino leerlo".