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Habanawood

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Hollywood es una fábrica con operarios extraños. Como personajes de las películas que produce con frecuencia, quienes laboran a su servicio han asumido a veces actitudes heroicas en terrenos de la política. No todos, claro. Algunos han cargado sobre sus espaldas de por vida las consecuencias de su débil carácter. El realizador Elia Kazán, por ejemplo, traidor a su gremio durante la cacería de comunistas en los cincuenta, no halló reposo hasta su muerte.

Pero muchos cineastas han dejado en claro su postura a propósito de los excesos bélicos de Estados Unidos en Irak o Afganistán, el conflicto en Gaza o la independencia de Escocia. A veces han cuestionado a figuras políticas relevantes. O han mostrado su desacuerdo con el trato a Cuba, a los cubanos y a quienes se interesan en lo que sucede en la isla.

A pesar de las prohibiciones oficiales a los viajes de los estadunidenses a Cuba, a los negocios con los cubanos o a la donación de bienes y servicios, muchos directores, actores y técnicos han viajado desde hace años a la isla sin miedo a ser vistos. Algunos han impartido cursos en la escuela de cine de San Antonio de los Baños, han dado conferencias y entrevistas y han mantenido encuentros con funcionarios del más alto nivel. Entre ellos Robert de Niro, Dennis Hopper, Robert Redford, Coppola y Spielberg.

Los cubanos los han recibido siempre con alegría y les han agradecido su valiosa solidaridad. El gobierno castrista, sin embargo, les ha mostrado siempre los colmillos a las producciones fílmicas hollywoodenses. Filmar en Cuba era prácticamente imposible antes de la distensión entre el gobierno cubano y el estadunidense. A la defensiva siempre, los cubanos no caían en la tentación de abrir sus puertas a quienes podían hacerles daño mostrado imágenes de carencias y sufrimientos derivadas de los rigores de un bloqueo que no termina aún, después de más de 50 años.

Pero las cosas están cambiando ahora de manera radical, de tal modo que el término Habanawood comienza a ser familiar para muchos dentro y fuera de Cuba, en referencia a los escenarios cubanos a disposición de la industria fílmica hollywoodense. No sin recelo, los cubanos han sido testigos en las últimas semanas de la filmación de productos hollywoodenses como Rápido y furioso 8 y Transformers 5. Otras producciones están por llegar en el corto plazo, a pesar de las quejas de algunos realizadores locales que lamentan los apoyos oficiales que reciben los cineastas estadunidenses en medio de las carencias que desde hace rato padecen ellos para hacer su trabajo.

Con el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos en calidad de coproductor por concepto de servicios a las películas estadunidenses, el negocio parece bastante bueno para ambas partes. Muchos queremos creer que los dólares que deje Hollywood en la isla habrán de beneficiar en alguna medida a los cineastas locales, tan urgidos de expresarse. Ojalá que así sea.

*Profesor-investigador de la UAM-Iztapalapa

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