“Me hubiera gustado ser artista”: Álvaro Enrigue

El escritor mexicano afirma que el género es para mayores de 40 años: "la magnificencia de la novela solo la entiendes a partir de cierta edad".
“Es el libro del que me he sentido más inseguro”.
“Es el libro del que me he sentido más inseguro”. (René Soto)

México

En el proceso de escritura de su más reciente libro, Muerte súbita, Álvaro Enrigue sabía que estaba metido en un proyecto bastante complejo, en una historia que podía caerse de las manos del lector si no alcanzaba sus objetivos: siempre le ha parecido que la labor más importante del escritor es contar una historia, pero aquí se detuvo a reflexionar sobre la maquinaria que le da vida a la novela.

"De lo que se trata Muerte súbita es de ver qué tan lejos puedes llegar desbaratando una novela, pero sin dejar que se arruine la experiencia de lectura", aseguró en entrevista con MILENIO el escritor, quien con esta apuesta literaria obtuvo el Premio Herralde de Novela 2013.

"Es el libro del que me he sentido más inseguro; el editor mismo, ya concedido el premio, estaba muy preocupado porque pensaba que sería imposible de vender, pero la recepción tan favorable que ha tenido me deja muy sorprendido", reconoció Enrigue antes de partir a la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, donde ya tiene preparado un programa de actividades que lo hará comenzar jornadas desde las ocho de la mañana.

En la novela, el escritor usa como pretexto la idea del tenis para abordar la relación entre Caravaggio y Francisco de Quevedo, aunque a lo largo de las páginas aparecen personajes como La Malinche, Cuauhtémoc, Ana Bolena y hasta un mercenario francés que roba las trenzas de su cabeza decapitada.

"Cuando era joven pensaba, como todos los jóvenes, que la novela era un género reaccionario y decimonónico que deberíamos destruir. Ahora que envejezco entiendo que es un género para mayores de 40 años; por supuesto que todo mundo puede leer y escribir una novela, pero creo que la magnificencia de la novela solo la entiendes a partir de cierta edad. Siendo el único género que tiene una flexibilidad absoluta, puedes hacer lo que quieras con ella, y si eres cuidadoso, si la riegas y le hablas en la noche, siempre te devuelve. De lo que se trataba era de escribir en el mero filo en el que un libro deja de ser una novela".

La relación literatura-arte

Álvaro Enrigue (Ciudad de México, 1969) es de los escritores convencidos de que, más allá de la veta intelectual que acompaña a sus obras, lo más importante es contar historias, y "eso hacía la marometa todavía más complicada, porque había que contar algo".

Para ello, desde el principio se planteó que la forma de la novela se jugaba en el ritmo, en
la velocidad con la que se pudieran contar historias muy complejas y con mucha información: "La idea es que se pudiera contar como es
un juego de tenis: de manera muy rápida, muy violenta y en unidades muy concretas.

"También tenía muy claro que debía ser una novela que sucediera por todo el mundo, para que el lector la leyera como vemos un juego de tenis, moviendo la cabeza de un lado a otro. No sé nada de tenis, nunca he visto un partido de tenis completo, lo que hice fue una investigación muy larga".

Con La muerte de un instalador, Enrigue obtuvo en 1996 el Premio de Primera Novela Joaquín Mortiz, ya desaparecido; ahora que sumó el sustantivo a su más reciente libro, Muerte súbita, vuelve a obtener un reconocimiento, lo que ve más como una casualidad, antes de pensar que el concepto tiene una importancia en su literatura.

"Resulta más importante la relación que tengo con el arte. Es una mirada que tiene que ver con la admiración, me hubiera gustado ser artista: escribo sobre piratas y de romanos, porque me habría encantado ser legionario. Escribo novelas con el órgano que no maduró en mi cerebro, con una relación todavía muy infantil de ilusión y de emoción, con la idea de contar una historia", destacó el escritor.

Comienza la fiesta de las letras

Álvaro Enrigue forma parte de los cerca de 600 escritores que participarán en la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, que comienza mañana con Israel como país invitado. Es considerado el segundo encuentro editorial y literario más importante en el mundo, solo detrás de la Feria del Libro de Fráncfort, y recibe a por lo menos 700 mil visitantes a lo largo de los nueve días de actividades.

Durante la inauguración, los organizadores otorgarán el premio FIL al nonagenario poeta francés Yves Bonnefoy; una de las actividades más esperadas en el encuentro de las letras será la apertura del Salón Literario, a cargo de Mario Vargas Llosa, quien sostendrá un diálogo con el escritor israelí David Grossman el 1 de diciembre.

Entre los escritores que se darán cita en la FIL están Alessandro Baricco, Camilla Läckberg, Etgar Keret, Gonçalo Tavares, Colm Tóibín, Jöel Dicker, Dani Umpi, Paula Parisot, Use Lahoz, Rosa Montero, Javier Cercas, Nicholas Sparks, Ildefonso Falcones, Forrest Gander, Laura Restrepo y Leonardo Padura, entre otros.

Por la parte nacional destacan Fernando del Paso, Elena Poniatowska, Vicente Leñero, Rosa Beltrán, Francisco Hinojosa, Verónica Murguía, Angelina Muñiz-Huberman, Eduardo Lizalde, Carlos Velázquez, Margo Glantz, Élmer Mendoza y Julián Herbert.