El libro siempre halla a su lector: Guillermo Arriaga

Los premios a los mexicanos reflejan la salud del cine nacional, pero no son logros personales.
El director, productor y escritor de cine en la entrevista con MILENIO.
El director, productor y escritor de cine en la entrevista con MILENIO. (Nelly Salas)

México

Guillermo Arriaga (Ciudad de México, 1958) gusta de cerrar círculos. Así percibe su afición a la cacería y así es como presenta El salvaje (Alfaguara 2016), novela que conforma la trilogía de un género del que estuvo alejado 17 años, en los que ha alternado narrativa, producción, dirección y escritura de libros cinematográficos.

Rechaza que escriba pensando en el público y privilegia la historia sobre el lenguaje por sí solo; encuentra sorpresivo el proceso narrativo y asegura que el libro siempre halla a su lector. El novelista escribe para los de su especie, dice, aunque se desmarca de cualquier generación o grupo. En todo caso se asume como parte de quienes solo quieren contar historias.

En entrevista con MILENIO, en el foro de la librería Gandhi de Miguel Ángel de Quevedo, Arriaga ve con optimismo la salud del cine nacional, en el que no hay logros personales, y se opone al intento de rejuvenecimiento de la Academia sueca, que premia a periodistas y músicos. “Que premien ahora a un cineasta”, dice.


El salvaje es una novela, Guillermo, con rostros, voces y escenarios chilangos, pero me pregunto,  ahora que vives más fuera de México y con mucha relación en Hollywood, ¿en qué lengua la escribiste? Supongo que lo que casi todo mundo llama “guiones” ahora los escribes en inglés.

—Vivo en México. Ahora que escribí la novela estuve cinco años en la ciudad, trabajándola; son historias que han estado conmigo muchos años; quería que maduraran para contarlas, porque las tengo desde niño, adolescente. Hasta que llegó el momento oportuno las escribí. Lo hice en español, al igual que los guiones; no soy tan ducho en inglés, pero como sí lo hablo, le meto jiribilla a la traducción.


—De los tendederos de azotea a Iztapalapa, de Churubusco a la Prepa 6, de la violencia a los viejos modos de los profesores, la novela nos remite desde el arranque a la capital, como en su momento pasó con tu libro para la película Amores perros.

Amores perros, otro libro que escribí, Retorno 201, y El salvaje tienen el barrio, los tres están inspirados en La Unidad Modelo; es el mundo que está escrito en la novela y espero que los lectores lo descubran.

—Y supongo, aquí, pensando en otro público.

—Uno no escribe pensando en públicos; está comprometido con la novela, con el lenguaje, con los temas. No se escribe de manera muy consciente un libro, no es que yo decida: “voy a escribir de esto y esto”; el proceso de la novela es sorpresivo.

“No sabía de qué se trataba, tenía estas historias sueltas. Los personajes fueron brincando uno tras otro. No es que tenga un control, a veces los críticos que no han hecho arte, que no han escrito, creen que uno tiene estrategias de pensamiento: ‘voy a ir por este rumbo’, ‘voy a usar esto’ y no se puede. Si así fuera, si tuviéramos ese control, diría: ‘voy a escribir una novela maestra que me dé el Nobel’ o ‘voy a hacer el segundo Harry Potter y a ganar miles de millones de pesos’. No hay tal control.”


—Pero sí en la forma, Guillermo. El gran Gatsby es una obra que lleva casi un formato geométrico…

—Pero está pensado para la obra, no para venderla; no creo que Scott Fitzgerald dijera: “voy a escribir una obra maestra”. Yo escribo de lo que conozco, no puedo decir: “voy escribir una obra que sea best seller”. No puedes siquiera escribir una película que sea exitosa. Si Hollywood hubiera encontrado la fórmula…

—¿Jamás piensas en cierto público?

—No, aprendí algo: tú escribe tu obra y la obra hallará su público. No puedes pensar en los lectores porque entonces le empiezas a meter cargas al libro que no debe llevar. No es que pienses en el público, sino en comprometerte a contar una historia…


—El libro halla a su lector.

—El libro halla a su lector, cada quien escribe para los de su especie. Si tu especie es grande o es chica ya no está en tus manos, no hay manera, por lo menos no en mi proceso…


—Conceptos personales, ¿o piensas que perteneces a una generación, corriente literaria, cinematográfica? Por obra, no por edad.

—Pertenezco a la tradición de los escritores que quieren contar historias y eso me parece importante. Hay escritores cuyo mayor interés es manejar un lenguaje, no importa la historia, lo que interesa es el lenguaje, o hay escritores como Claude Simon, que hacen la antinovela, quienes buscan lo contrario, como tomar una fotografía y solo describirla. Pertenezco a los que cuentan cosas donde sucede algo que puede marcar a los personajes. No creo pertenecer a grupo alguno, si de algo me he preciado siempre es de ser independiente.


—De todas tus destrezas, que son muchas, dices que antes que nada eres cazador, actividad que acaso sea la que más críticos te granjea, más que los que analizan tu cine o tus novelas.

—Vivimos en un mundo que nos aleja cada vez más de la naturaleza,que nos aliena, que nos enajena, que nos hace sentir en una posición moral equivocada. Para empezar no hay vida que no cobre otras vidas, punto, excepto los pastos y los árboles, pero el mundo animal, no el vegetal, vive de otras vidas.

“Un vegetariano, para comer, siembra vegetales y para eso tiene que destruir el medio ambiente. La cacería es algo que permite alejarte de la enajenación, no cerramos círculos, no sabemos de dónde viene nuestra comida, cómo funciona nuestro teléfono celular, el auto, de dónde vienen las gasolinas.

“Nunca sabemos de dónde viene el animal, dónde duerme, qué come, cómo se mueve, cuál es el ejemplar adulto, el joven. Cuando lo cazas y te lo comes cierras un círculo y completas un ritual. No es cazar por diversión, no sé por qué hay esta idea de que se mata por diversión o deporte. Esto es un rito profundo.”


—Hoy abundan los premios a directores de cine mexicanos, fotógrafos, cintas nominadas en festivales importantes, más actores en Hollywood, ¿este escenario refleja la salud del cine nacional o son logros personales?

—Ningún arte vive por sí mismo, se retroalimenta de la cultura a la que pertenecen esos cineastas.Aparte de los que han obtenido premios Oscar no hay que perder de vista los que han ganado en festivales importantes: Carlos Reygadas, Amat Escalante, Michel Franco, Adolfo Ruizpalacios. Sí hay un conjunto de cineastas que tienen impacto en el mundo.


—¿Eso refleja la salud del cine?

—Claro. Festival al que entra el cine nacional, festival en el que es premiado. No ha sido menor la cantidad de premios, y siguen surgiendo más y más cineastas.


—¿Qué te parece que hayan premiado en 2015 a una periodista, Svetlana Aleksiévich, y este año a un músico, Bob Dylan, con el Nobel de Literatura?

—La Academia ha tratado de abrir su abanico, no siento que sea del todo afortunado; se quiso rejuvenecer, había sido criticada de ser muy eurocentrista, de dar premios a escritores desconocidos, que nadie había leído, pero ahora quiso ser un poco popular con Bob Dylan, a quien obviamente respeto, pero creo que ni siquiera él está de acuerdo.

“Admiro mucho a Dylan, pero la Academia tiene que responder, porque yo le solicitaré que nos premien a los escritores de cine, ¿por qué no?, si premia a una periodista, ¿por qué no a un cineasta?”