Atómicas bajo la cama

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De la Crisis de los Misiles al misil perdido
De la Crisis de los Misiles al misil perdido

Los años de la Guerra Fría trajeron al mundo entero agarrado por las orejas durante largo rato, con el miedo a una confrontación bélica particularmente aterradora por la posibilidad del uso de bombas por cualquiera de las partes en pugna. Algunos momentos en aquel tiempo fueron especialmente escabrosos, como el periodo que es recordado por la Historia como el de la Crisis de los Misiles. Los cubanos no olvidarán aquellos días cuando vivieron sentados en un arsenal nuclear mientras rusos y estadunidenses conciliaban más o menos su visión de la geopolítica.

En los años sesenta, los rusos se las habían ingeniado para llevar hasta territorio cubano sus estaciones balísticas nucleares, hasta que en octubre de 1962 los estadunidenses descubrieron con sus vuelos de espionajes que tenían en sus narices la mayor amenaza que hubieran pensado en sus más locos desvaríos. Los jaloneos que vinieron enseguida marcaron para siempre el destino de los cubanos: los rusos aceptaron llevarse de regreso sus 42 misiles nucleares a cambio del compromiso de los estadunidenses de no invadir nunca la isla. Los cubanos recibieron también en esos días un embargo intensificado que los ha hecho vivir desde entonces prácticamente en la miseria.

La Historia se siguió escribiendo desde aquellos agitados días como una sucesión de metidas de pata de los gringos que aún ahora no termina. Para empezar, se dice que los estadunidenses nunca se dieron cuenta de que los rusos tenían en Cuba un centenar de armas nucleares, aparte de las que habían detectado.

En realidad, la Historia podría dibujar a menudo a los gringos como niños jugando con las más peligrosas armas de la manera más irresponsable. Mientras los españoles no se acaban de reponer del susto que les dejó la caída accidental en su territorio de cuatro bombas atómicas en enero de 1966, cuando un bombardero estadunidense chocó en el aire con el avión que le suministraba combustible, no hay quien entienda ahora qué diablos pasó con un misil que anduvo vagabundeando por el mundo desde 2014. Ni el más alto mando entiende todavía por qué el misil, que debió ser enviado de Madrid a Fráncfort y luego a Florida, apareció luego en París, donde alguien lo remitió nada menos que a La Habana. Tal vez algún militar nostálgico de los años de la Guerra Fría lo mandó por DHL.

El caso es que el Pentágono padeció durante año y medio la vergüenza de tener que pedir a los cubanos que por favor le devolvieran el proyectil teledirigible. Habrá que imaginar cómo se la habrán hecho cansada entre carcajadas los cubanos a los pobres gringos agobiados por el incidente.

Este capítulo penoso acaba de terminar a la luz del nuevo trato entre Cuba y Estados Unidos. El gobierno de Castro ha devuelto finalmente el arma. Pero muchos siguen en espera de una explicación sobre lo ocurrido. Otros se preguntarán si no anda por ahí bajo su cama una bomba atómica perdida.

*Profesor-investigador de la UAM-Iztapalapa