“Los grandes músicos cubanos no tenemos necesidad de emigrar”

El maestro considera, contundente, que “se está cambiando cultura por entretenimiento, en lo cual los medios masivos tienen una gran responsabilidad, pues no están trabajando en diversificar los ...
Tiene amistad “con casi todas las figuras de la música del mundo”.
Tiene amistad “con casi todas las figuras de la música del mundo”. (Araceli López)

El maestro cubano Leo Brouwer (1939), uno de los grandes músicos latinoamericanos del siglo XX e inicios del XXI, volvió en julio a México, un país con el que tiene fuertes vínculos intelectuales que van más allá de la música y dialogan con la literatura, como mostró en 2014 con su bellísima sonata El arco y la lira, en honor a su admirado Octavio Paz. Hace años vivió en Coyoacán, vuelve. "Los grandes músicos cubanos estamos en Cuba, no necesitamos emigrar", dice, como ocurre con artistas de otros países.

En cambio, grandes figuras internacionales, como Yo-Yo Ma, Jordi Savall, Andreas Scholl, Philippe Jaroussky, Bobby McFerrin, Paul McCartney y hasta Juan Luis Guerra, sí fueron a Cuba a participar en los festivales que encabeza Brouwer. "Me avala la amistad con casi todas las grandes figuras de la música del mundo, eso no puedo evitarlo", dice el autor de El decamerón negro y del Concierto itálico, que estrenó este año en Morelia. Después acota: "A mí no me interesan las grandes estrellas como Yo-Yo Ma, a mí me interesan sus repertorios, qué es lo que están haciendo en música".

Volvió a casi recibir un homenaje: del 30 de junio al 10 de julio participó en la edición 20 del Festival Internacional de Guitarra del Noroeste, que desde hace dos décadas organiza en Saltillo Martín Madrigal, y que terminó con una gala en la que Brouwer dirigió en el teatro Fernando Soler la Orquesta Filarmónica del Desierto, que interpretó obras del cubano, como el Concierto de Volos, con el guitarrista griego Costas Cotsolis de solista, y la Cantata de Perugia, con el mexicano Pablo Garibay.

En entrevista antes de su regreso a La Habana, Brouwer habla de la necesidad del diálogo como salvación de la humanidad, del intercambio entre las artes, entre creadores y políticos, de cómo la cultura está cambiando para convertirse en entretenimiento, de la responsabilidad de los medios de comunicación en la difusión de alternativas culturales y de su admiración por Paz, a quien lee y relee en Cuba, un pueblo donde, dice, la cultura, en especial la música, "se consume casi como si fuera un alimento".

¿Cómo ha sido su relación con México y sus músicos, como Carlos Prieto?

Es muy interesante y continua desde los años setenta. Comencé a dar conciertos en México como guitarrista clásico, compositor y director. Dirigí las orquestas Filarmónica de la UNAM y Sinfónica Nacional, y toqué en Bellas Artes. Pero todo comenzó con un concierto en la Alianza Francesa en 1974 o 1975. Y de ahí hubo una colaboración constante. Hay muchos artistas mexicanos que han ido a Cuba a mis festivales: en los últimos años fue Prieto con Yo-Yo Ma; Horacio Franco, uno de los grandes especialistas en el mundo en música antigua; Jaramar Soto, una cantora con repertorio excepcional, y el Cuarteto Latinoamericano. Todos han ido a los festivales que hacemos con nuestro peculio personal.

Con toda su trayectoria, ¿cree que haya alguien en México que no conozca a Leo Brouwer?

Sí, sí lo creo. Si no hay divulgación del quehacer mío —o de cualquier artista— es normal que no me conozcan. Pero en el terreno profesional sí me conocen, e incluso me asombra que me conozcan en lugares como Siberia, Estonia o Finlandia.

Prieto estrenó con Yo-Yo Ma y el Brasil Guitar Dúo, de Joao Luiz Rezende y Douglas Lora, la sonata de Brouwer El arco y la lira en octubre de 2014, en el teatro José Martí, de La Habana. Una "compleja" obra para dos chelos y dos guitarras
en tres movimientos compuesta en
honor al Nobel de Literatura mexicano por su centenario. Puede disfrutarse en YouTube, como muchas obras del maestro cubano.

¿Por qué se inspiró en ensayos de Octavio Paz y no en su poesía, como lo hizo con Federico García Lorca y Miguel Hernández?

El título viene de una obra excepcional de Paz, quien, junto con Alfonso Reyes, es uno de mis ídolos. No tuve el privilegio de conocer a Paz, aunque sí a otros escritores amigos como Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Mario Benedetti y Alejo Carpentier. El arco y la lira es una colección de ensayos admirables y están en la cúspide del pensamiento crítico mundial, especialmente aquellos sobre ritmo y poesía, analogía del ritmo en música, ambos en la primera parte de ese libro excepcional.

¿Se lee a Paz en Cuba?

Sí, como no. Mi obra favorita es La hija de Rappaccini. ¿Daniel Catán la llevó a la ópera? No lo sabía. ¡Caramba! Es espléndida, tiene un lenguaje poético maravilloso, es un prodigio. Puede ser un tema que cualquiera puede atajar, pero resolverlo con ese idioma, esa fantasía, esa creatividad, es muy difícil.

En sus diálogos con otras artes, Brouwer también ha encontrado motivos para componer en obras de Italo Calvino, Jorge Luis Borges, Alejo Carpentier e incluso con la plástica. También ha musicalizado 80 o 100 películas, entre ellas clásicos de la cinematografía cubana de realizadores como Tomás Gutiérrez Alea, Humberto Solas o el gran documentalista Santiago Álvarez.

ENSEÑANTE

En Cuba Brouwer tiene dos festivales, Las voces humanas y el Alfred Deller de Contratenores; antes tuvo por 20 años el Festival Internacional de Guitarra, y el Leo Brouwer, que concluyó en 2014. El próximo año prepara homenajes a Silvio Rodríguez, John Adams y Egberto Gismonti por sus 70 años.

¿Cómo le hace para organizar festivales de esa magnitud con tantas figuras?

Me avala la amistad con casi todas las grandes figuras de la música del mundo. Eso no puedo evitarlo. He conocido, compartido e incluso grabado con grandes figuras como Walter Heinze, Astor Piazzolla y Mercedes Sosa (ya fallecidos). He tenido el privilegio de juntar en un disco a músicos populares como Al Di Meola, John McLaughlin, y hasta un merenguero como Juan Luis Guerra ha estudiado con mi guitarra.

Modestia aparte, ¿es por amistad o por su calidad como músico?

Ni siquiera he pretendido ser profesional, pero tengo un gran amor por la pedagogía. He sido enseñante de músicos populares excepcionales como Silvio Rodríguez, Pablo Milanés o Chucho Valdés. Nos queremos. Quererse y respetarse es una misma cosa. Eso ha motivado que a nuestros festivales los visiten estas figuras eminentes. Pero no vienen por ser amigos, vienen por un repertorio. A mí no me interesa la estrella, no me interesa Yo-Yo Ma, sino lo que él toca. La decadencia de la música sinfónica va a venir porque repiten lo mismo, solo varían las estrellas refulgentes:
una obertura, un concierto con una gran estrella y la sinfonía. ¡Dios mío, hasta dolor me da!

En México las grandes figuras de la música se van. ¿Qué pasa en Cuba, también emigran?

Los grandes músicos cubanos siguen en Cuba. No hay necesidad de emigrar. Ahí estamos, incluso los grandes artistas cubanos populares, que son los que mueven las masas, como Silvio y Milanés.

¿Cuál es su definición de cultura?

Es el hambre de conocimiento integral (...) El hombre al que no le interese conocer cosas nuevas está perdido. (...) Ahora se están cambiando mucho los roles de la cultura, se está cambiando cultura por entretenimiento, en lo cual los medios masivos tienen una gran responsabilidad, pues no están trabajando en diversificar los estilos de cultura, que son muchos.

Como Aaron Copland, Brouwer dice no dividir la música en géneros: solo conoce música buena y música mala. "¿Qué es el mal gusto o la mala calidad? Pues la reiteración excesiva e innecesaria de patrones repetidos de la música popular que llega a lo exhaustivo. Con una combinación de cuatro acordes se pueden oír hasta 200 canciones en los programas de videoclips en la televisión", lamenta.