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Sábado , 18.08.2018 / 19:53 Hoy

Graciela Iturbide: captar lo que sorprende

Multipremiada fotógrafa y alumna de Manuel Álvarez Bravo, Graciela Iturbide asegura que el día que deje de sorprenderse, se retirará. Será homenajeada en el último día de la FIL 2017.

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Dentro de la tradición de la fotografía mexicana, Graciela Iturbide (1942) tiene un lugar de privilegio. En 1969 ingresó al Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la Universidad Nacional Autónoma de México para convertirse en directora de cine. Sin embargo, pronto fue atraída por el arte de Manuel Álvarez Bravo, quien fue su maestro. Su serie Juchitán de las mujeres, de la cual se publicó un libro, es uno de los puntos más altos de la disciplina en nuestro país.

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A lo largo de su carrera ha ganado el Grand Prize Mois de la Photo; la Guggenheim Fellowship por el proyecto Fiesta y Muerte; el Hugo Erfurth Award; el International Grand Prize; el Rencontres Internationales de la Photographie; el Hasselblad; el Premio Nacional de Ciencias y Artes. A la lista se suma el Homenaje de Periodismo Cultural Fernando Benítez de la FIL de Guadalajara, cuya ceremonia tendrá lugar a las 17:30 horas en el Auditorio Juan Rulfo.

Un reconocimiento como el Homenaje Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez, ¿qué tipo de reflexión le genera sobre su trabajo?

Los homenajes me angustian un poco, aunque no dejo de agradecerlos. Más que detenerme a pensar en lo que he hecho, tomo los reconocimientos como incentivos para seguir trabajando.

Usted conoció a Fernando Benítez.

Lo conocí poco; de hecho, una vez lo fui a visitar con Sebastiao Salgado, quien quería fotografiarlo. Mi contacto con Benítez fue a partir de sus libros.[OBJECT]

¿Cuál es su relación actual con el periodismo?

Creo que todos los artistas hacemos reportajes, unos para periódicos, libros o exposiciones. Mi fotografía es más personal, aunque aparece en diarios o revistas. Nunca fui periodista. Alguna vez le pedí trabajo a Carlos Payán y me dijo que sí. El problema es que viajo mucho y nunca pudimos concretarlo.

De hecho, en la FIL presentó también Yo estuve en Avándaro, un fotorreportaje sobre el mítico festival. ¿Cómo se involucró en ese proyecto?

Estudiaba cine y fui con Jorge Fons, saber a lo que iba porque no conozco nada de rock. Fue una experiencia muy interesante porque descubrí una parte de la cultura mexicana desconocida para mí. No vi nada de violencia, como después dijeron los periódicos, pura paz y amor, y un poco de mota, eso sí.


¿Iba con la intención de tomar algo en específico?

Siempre tomo lo que me sorprende, así que iba con mi cámara y tomé fotografías de las bandas, de la gente. Todo me llamaba la atención.

¿Cómo trabajó la curaduría de las imágenes incluidas en Yo estuve en Avándaro?

Primero hice un libro pequeño con Emmanuel Carballo. Se llama Avándaro. Entiendo que hoy es un título de colección porque ya no se encuentra. Fue mucho después cuando Deborah Holtz me propuso esta obra y la trabajé con Juan Carlos Mena, el editor.

¿A la luz del tiempo cómo recuerda el festival y cuál fue su importancia?

Fueron 300 mil personas, muchas entraron sin pagar. El problema fue que al día siguiente hubo un escándalo que terminó por llevar a los grupos de rock a cantar en inglés. Vinieron algunos problemas políticos que desvirtuaron todo lo que pasó. Yo sabía que haría un reportaje, pero desconocía dónde se iba a publicar. Afortunadamente, Emmanuel Carballo encontró la manera. Ahora en Yo estuve en Avándaro se incluye también un ensayo de Federico Rublí donde analiza las connotaciones políticas del festival. Lo que sí me consta es que fue un parteaguas en la cultura de México.

Aquel fue uno de sus primeros trabajos. ¿Cómo ha cambiado su mirada fotográfica con el tiempo?

Cambia continuamente, todavía hoy tomo lo que me sorprende. Gracias al ojo hay buenos o malos fotógrafos, aunque sean de teléfono. Manuel Álvarez Bravo fue mi maestro y siempre me recomendó mirar mucha pintura para educar la mirada.[OBJECT]

¿Cuál es la diferencia entre retratar la miseria con amarillismo y con dignidad?

Eugene Smith fotografió los efectos de las bombas en Japón. Tiene una imagen de una madre con su hijo en los brazos, casi emulando La piedad de Miguel Ángel. A pesar del drama, supo encontrar la belleza y la dignidad. Ahí está la diferencia.

¿Fotografía por el recuerdo o para perpetuar el instante?

La cámara me da el pretexto para conocer la vida y las culturas donde voy. Después queda el recuerdo o el testimonio. El día que deje de sorprenderme me retiro de la fotografía. A pesar de los problemas que estamos viendo, la vida no deja de maravillarme.



RSE

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