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Gobierno compra “su” pasado

Archivo hache.

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Esta semana el gobierno mexicano, justo en el aniversario del medio siglo del Museo Nacional de Antropología e Historia (y los 75 años del INAH), anunció que compró, antes de su subasta, el llamado Códice Chimalpahin.

Antes de dicha subasta, escribí aquí diciendo que subastar un documento tan importante mostraba que el colonialismo nunca se acaba.

El gobierno actuó de último momento, ¡horas antes!, probablemente negociando un gran precio para la subastadora y pidiendo se tomara en cuenta el posible desprestigio que esa venta podría provocar, en caso de que una universidad norteamericana o algún inversionista anónimo comprara ese juego de documentos coloniales.

Si el documento hubiera parado, por ejemplo, en una universidad norteamericana, sería un trofeo académico-imperial más. Como sabemos, empresas, instituciones y gobierno norteamericanos tratan a indígenas y tercer-mundanos como sub-humanos. Pero desean sus “riquezas”; materiales y simbólicas.

En el caso de gobiernos tercer-mundeados, la situación es otra (…y no). También tratan a los indígenas como sub-humanos —en México los perros de la clase alta viven mejor que millones de indígenas— y el gobierno solo los usa para folclóricos photo-ops y, un click después, seguir exterminando esas culturas y explotando esos cuerpos.

Los documentos ahí incluidos, además, son bastante problemáticos. Son visiones de letrados (Chimalpahin e Ixtlilxóchitl) en quienes habitan elementos tanto de defensa del corpus indígena como de la exitosa colonización de su ser.

Esos textos son registros de la Colonia definiéndolo todo.

No es ningún accidente que esos tres tomos hayan sido propiedad de Sigüenza y Góngora, un letrado de la Nueva España que veía a los indígenas como bestias. Si alguien no lo cree, simplemente léalo.

Ahora el documento es definido y anunciado, obviamente, como un archivo fundacional de “México” y de sus ciencias-patrias (su historiografía, se ha dicho).

Si aceptamos esa afirmación, entonces lo que el gobierno está diciendo es que la historia mexicana y sus Humanidades están basadas en la dominación de los otros, y el enmascaramiento del genocidio, mediante actos de apropiación de “tesoros culturales” que ocultan cómo y para qué fueron elaborados y coleccionados.

Desde un punto de vista ético, estos documentos solo deben pertenecer a los indígenas de México, Centro y Norteamérica, cuyos cuerpos vivos y antepasados han sido violentados de modo atroz por el colonio-capitalismo.

Cuando exista un gobierno indígena americano debe reclamar ese llamado “Códice” (un nombre inexacto, exotizante y tramposo) y hacer con él lo que ellos decidan, desde perdonarnos hasta quemarlo.

Mientras tanto, la apropiación y uso de esos documentos es un acto más de guerra por parte de Occidente contra los indígenas.

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