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Jueves , 20.09.2018 / 10:18 Hoy

Glenn Gould rompió todas las reglas: Bazzana

“El pianista canadiense estaba obsesionado con el instrumentos y su repertorio, y tenía una visión muy amplia sobre la música”, dice el investigador.

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A pocos artistas se les podría aplicar la siguiente frase del investigador Kevin Bazzana al comentar el legado del pianista canadiense Glenn Gould (1932-1982): “Tanto en vida como después de muerto, rompió todas las reglas”.

Retirado de los conciertos por decisión propia a los 31 años, cuando estaba en el cenit de sus facultades, “se pasó la mitad de su carrera profesional diseminando por el mundo obras nuevas a la vez que permanecía fuera del alcance de la mirada pública, manteniendo su presencia por medio de una llamativa ausencia”, escribe Bazzana en su monumental biografía Vida y arte de Glenn Gould (Turner, 2016).

Personaje controvertido por sus originales interpretaciones pianísticas y su comportamiento en el escenario, sentado al borde de la silla especial que su padre le había construido, con el rostro casi al ras del teclado y en ocasiones canturreando mientras tocaba, fue calificado de excéntrico, pero también de genio.

Además de sus grabaciones de Bach, Beethoven y otros compositores, Gould realizó una intensa difusión de la música de concierto en radio y televisión con programas que rompieron las normas de su tiempo, además de participar en filmes que no han perdido su audacia. También compuso algunas obras y escribió muchos artículos, casi siempre controvertidos.

Gould es analizado minuciosamente por Bazzana en un libro tan fascinante como el personaje. Editor de la Glenn Gould Magazine desde 1995, musicólogo y maestro, el investigador dice en entrevista para MILENIO que cuando el pianista murió él era adolescente: “No lo conocí hasta que murió. Tuvo un infarto, pasó varios días en el hospital y luego murió. Días después mostraron la cinta The Goldberg Variations en televisión y fue la primera vez que lo vi, lo que me intrigó porque era obvio cuan inusual era. Ahí empezó todo”.

El entrevistado advierte que “antes que nada, Gould fue uno de los grandes pianistas del siglo XX, simplemente en términos de habilidad técnica. Otros músicos lo dicen: ‘Es sorprendente lo que podía hacer técnicamente en el piano. Definitivamente fue uno de los intérpretes de música más personales y excéntricos de la era de la grabación. Pero su trabajo fue multifacético, se interesaba en muchas cosas. Todavía es raro encontrar un ejecutante que esté tan interesado en otras cosas. Veo pianistas famosos que solo son máquinas que tocan el piano y realmente parecen no tener un interés más amplio sobre la música. Por eso admiro tanto a Gould: estaba obsesionado con el piano y su repertorio, y tenía una visión muy amplia sobre la música”.


Es una biografía muy detallada.

Pensé que no había razón para hacer otra biografía, a menos que ahondara en todos los acontecimientos sobre los que otros libros realmente no hubieran hablado mucho. Por eso hice una biografía en la que se habla en detalle de su obra y su personalidad, se enfoca en detalle en sus grabaciones, sus programas de radio y televisión, sus composiciones, etcétera.

Por fortuna, los documentos personales del músico aún se preservan en buen estado.

Sus herederos mantuvieron todos sus documentos y grabaciones personales y los donaron a la Biblioteca y Archivo de Canadá. Tienen dos o tres copias en microfilme de todo y mandaron una a la Universidad de Victoria, donde vivo, así que pude ver todo sin límite de tiempo para investigar.

Terrible, loco, fascinante

Gould fue un artista único.

El otro día leí una reseña acerca de una nueva edición de las sonatas de Beethoven a cargo de Glenn Gould, y le pidieron al reseñista que calificara la caja de discos de 0 a 10, y le puso: ¡de 0 a 10! Todo está en ese rango porque fue terrible, loco, fascinante, todo al mismo tiempo y absolutamente único.

Pero no salió de la nada…

Tuvo muchas influencias. Muchos fans y críticos exageran un poco, no en el sentido de lo único que era, sino en pensar que inventó todo y se enseñó él mismo. Decidí escribir el libro porque falta mucho contexto sobre su vida y su pensamiento. Por eso escribí sobre su educación en Toronto con sus maestros, ciertas formas de enseñanza, ciertas cosas que son únicas en Canadá y otras cuestiones.

Este complejo personaje puede ser analizado desde perspectivas muy diversas.

Parte de ello tiene que ver con el hecho de que tuvo tantas facetas en su trabajo. Le interesaba tocar el piano, pero también la escritura, los medios de comunicación, los sistemas de grabación, la composición y la dirección de orquesta. Es una persona multifacética. ¡Si hubiera estado más activo en público y hubiera vivido más años, no sé cuántas páginas hubiera tenido el libro!

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