• Regístrate
Estás leyendo: Gemelos y espejos
Comparte esta noticia

Gemelos y espejos

Hombre de celuloide


Publicidad
Publicidad

Con la maestría de siempre inicia Doble amante, amante doble, de François Ozon, un director que se ha creído que puede hacer cada año una obra con resultados excelentes. Y la verdad no. Tiene una imagen sorprendente, buenas actuaciones y dos o tres golpes teatrales, sí, pero Ozon es uno de los mejores directores del siglo; uno abriga la esperanza de hallar algo más en esta obra que, a decir verdad, mejor hay que esperar a que la estrenen en Netflix.

Sus personajes tienen, eso sí, una compleja vida interior. Tanto, que por allí se le va la mano. Por primera vez Ozon toca el tema del psicoanálisis. Chloé, la heroína, quiere conocerse: se corta el pelo, va a visitar al ginecólogo y concreta una cita con el psicólogo que resulta un galán. Durante los primeros minutos, el director nos mantiene tan encantados como Chloé con su terapia, pero sucede lo obvio: el psicólogo y la paciente se enamoran y se van a vivir juntos luego de la obligada escena de amor. Aquí las cosas ya se han puesto vulgares pero falta más: hurgando en las cajas de la mudanza, Chloé descubre que su amante tiene un gemelo.

El tema de los gemelos siempre resulta muy complicado, tanto que los antiguos, cuando querían anunciar que habría problemas con la herencia, hablaban de gemelos (ahí están Jacobo y Esaú como ejemplo). Ozon pudo haber salido del brete sin necesidad de tantos espejos y reflejos, sin tantas pistas falsas y sobre todo con una historia más simple. Porque resulta que Chloé no solo se enamora del gemelo malévolo del terapeuta original. En el ir y venir de sus amores especulares, la protagonista descubre que ella también es gemela y que, además, devoró a su hermana durante la gestación.

El clímax es previsible y barroco, tanto que pareciera que Ozon está dispuesto a explorar por primera vez el gore. Y a decir verdad, llegados aquí uno no solo extraña al director de Ocho mujeres, también extraña a Cronenberg, quien sabe cómo producir verdadero horror con vísceras y ese particular sonido de la piel cuando se rasga entre fluidos y sangre. Es una lástima que François Ozon no se haya dado el tiempo necesario para pensar más esta película que se nota apresurada, como escrita por un director que se ha creído que cada año tiene que dirigir algo francamente espectacular.

@fernandovzamora



Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.