Con tour literario-sensual Gandhi festejó su 44 años

Hileras de vasos con ron, whisky o tequila fueron los testigos de lo que ocurrió dentro del Gandhibús, donde un grupo de afortunados lectores festejó el 44 aniversario de las librerías, en ...
Varios escritores se dieron cita en la celebración de las librerías Gandhi.
Varios escritores se dieron cita en la celebración de las librerías Gandhi. (Raúl Campos)

Ciudad de México

Hileras de vasos con ron, whisky o tequila a medio terminar fueron los únicos testigos de lo que ocurrió el jueves pasado dentro del Gandhibús, donde un grupo de afortunados lectores festejó el 44 aniversario de las librerías Gandhi, en compañía de escritores como Alberto Ruy Sánchez, Jennifer Clement y Horacio Garduño, entre otros.

Las rolas que ejecutó Fernando Rivera Calderón, con Lydia Cacho como su asistente microfonista, resonaban con mayor energía que las rancheras o el house que súbitamente se escuchaba de fondo; al alzar la mirada, lo poco que se alcanzaba a distinguir, y que era develado en su totalidad por los ocasionales flashazos generados por alguna selfie, eran los bailongos que Alberto Ruy Sánchez se aventaba en el tubo con alguna de sus seguidoras, o en compañía de la sexóloga Verónica Maza, quien, además de callar al dj cuando intentó alburearla, alentaba a los tímidos asistentes a desinhibirse y los paraba de sus asientos para que hicieran un baile exótico.

A bordo del Gandhibús todo era desmadre: vino, libros y rocanrol. Así, cuando el camión arribaba a cada una de las tres sucursales que fungieron como puertos (Miguel Ángel de Quevedo, Del Valle y Coapa), la situación cambiaba completamente: se tornaba en una interacción de personas, libros autografiados, selfies grupales, platitos de canapés olvidados a propósito en los estantes y charlas entre lectores y escritores.

"Conocí la Gandhi desde antes de que existiera: Mauricio Achar, el fundador, vendía camisetas. Aquellos que frecuentábamos la zona de Miguel Ángel de Quevedo lo conocíamos, y él se animó a hacer el experimento de poner un surtido amplio de libros al alcance de los estudiantes. Era una persona dinámica, paciente, le gustaba conversar, y desde el comienzo hizo que algunos jóvenes que comenzábamos a escribir nos sintiéramos como en nuestra casa", recordaba Ruy Sánchez.

El escritor de Cuando te vuelvas real, Horacio Garduño, aseguraba que éstas son las únicas librerías en el país que poseen la cultura de las inglesas: ser lugares acogedores, "donde puedes estarte el tiempo que tú quieras, leyendo sin que nadie te presione. Son lugares donde te sientes mejor que en tu propia sala porque siempre es mejor estar con la gente".

Jennifer Clement, autora de Ladydi, contaba que antaño la librería había sorprendido por su nombre: "Era muy idealista y bonito", y que "era el mejor lugar para irse de pinta" pues ahí se conocía a los estudiantes de otras escuelas, además de que se leían los libros por partes sin tener que comprarlo. Por su parte, Verónica Maza evocaba los concursos donde quien pudiera robarse el libro más choncho era coronado victorioso, al igual que sus experiencias carnales dentro de la librería: "Seguro alguna vez fajé en alguno de los pasillos con mi novio en turno, Fernando Rivera Calderón".

Cada librería lucía abarrotada; entre los asistentes había de todo: desde los que se acercaban brevemente por una firma en su recién adquirido ejemplar, los que se tomaban la foto porque "esa Lydia está buenota", hasta aquellos que se les pegaban un buen rato a sus ídolos: "Esta convivencia es genial porque nos acercan a los escritores, de quienes a veces se tiene la idea que nos quedan lejos. Este tipo de convivencia nos permite platicar con ellos, ¡son personas como nosotros que podemos disfrutar como amigos!", comentaba Alejandro Arzate, quien no dejó sola a Ana Clavel mientras ella estuvo en el festejo.

Pero también hubo quien ha tomado la obra de su escritor favorito una parte esencial de su vida, como Zulema Juárez, quien tiene tatuada en la espalda baja una de las tantas caligrafías que ilustran la obra de Ruy Sánchez. "Me parece muy acertada esta celebración donde puedas tener a tus escritores favoritos y ver que son personas sensibles igual que tú es maravilloso, porque a través de ellos vivimos un montón de cosas. Yo no imagino mi vida sin la lectura y no concibo mi vida sin leer a Alberto".

"Con su tatuaje Zulema se volvió personaje de mi novela y vive la historia en su cuerpo. Está reeditando mi libro en su piel, ¡qué más se puede pedir!" exclamó Ruy Sánchez tras besar la tinta en la piel de su fan.