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Domingo , 19.08.2018 / 01:45 Hoy

Con galletas y en Hollywood: el sendero escultórico de Alejandra Zermeño

La escultora mexicana asegura que para que el arte llegue al público general, se debe ser tolerante, paciente a teorías extrañas y a afirmaciones audaces. 

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Con la idea de fomentar el consumismo en el arte para que llegue al público en general, la escultora Alejandra Zermeño planea retomar su trabajo en el grabado.

Lo anterior es uno de los proyectos de la egresada de la Academia de San Carlos, con maestría en escultura, pues considera que la cultura es un gran pilar de la sociedad.

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Pese a esa idea, la artista también pretende que en sus obras haya conexión, pues sólo le interesa venderlas a quienes realmente aprecien su significado, simbolismo y sientan verdadera empatía por la pieza, toda vez que en cada obra pone parte de ella misma.

Por medio del arte me gusta romper estigmas y paradigmas para que la gente despierte”, expresó la creadora, quien sugirió lo siguiente: “El que una persona pueda tener la mente abierta va de la mano con ser receptivo a ideas que son extrañas, desconocidas, posiblemente incluso inaceptables.

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Se debe tener tolerancia y paciencia a teorías extrañas y afirmaciones audaces. Gracias a esto la creatividad y la innovación crecen y, por tanto, el valor personal que se brinda es más grande, no sólo por el hecho de que el arte sea eterno, sino debido a que la creatividad, la autoexpresión y el autoconocimiento han sido esenciales para la humanidad”, aseguró.

[Zermeño calificó su obra como una representación de emociones llena de simbolismos. Foto: Omar Meneses]

Otro de sus planes es crear un centro de arte y cultura en el bosque de Morelos. La idea surgió debido a que en 2012 tuvo una experiencia muy significativa como persona y artista al ser invitada de honor al congreso Essarts Sculpture Park, en Quebec, Canadá.

En ese bosque los visitantes pueden caminar 1.5 kilómetros de senderos y arbolados repletos de esculturas. Ahí, Zermeño participó con un díptico colorido titulado Dentro de mí, y recordó que la emoción que despertó la pieza entre el comité y el público fue tal que lo consideró una experiencia única, toda vez que sintió la presencia de su madre recién fallecida.

A los 17 años, Zermeño descubrió que quería dedicar su vida a la escultura, tras asistir a una exposición en el Palacio de Bellas Artes del artista mexicano Javier Marín, y luego de atravesar varias facetas, que incluyó cine y televisión, donde trabajó en efectos especiales en producciones como Apocalypto, de Mel Gibson; Curandero, de Robert Rodríguez, y Nacho Libre, en las que utilizó materiales como resinas, moldes, poliuretanos, acabados y procedimientos industriales para llevarlos a la figura humana.

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La artista, quien desde niña hacía figuras con galletas Marías mojadas, admitió que “no es fácil abrirse camino en el mundo del arte” pero por el gran amor que siente por su labor la llevó a abrirse ella sola su camino. “Sé que no a todos les gusta mi trabajo y lo sé, pero la constancia y el amor se notan”, afirmó.

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Esta actitud la llevó a obtener mención honorífica en la maestría de escultura y, pese a su “personalidad un poco desesperada”, ha logrado que su trabajo sea expuesto en galerías y museos de Japón, Canadá, Estados Unidos, Alemania y España.

Zermeño calificó su obra como una representación de emociones, llena de simbolismos y aunque puede parecer repetitiva, no los es, ya que cada pieza siempre será diferente, con una historia y alegoría única.

La aprehensión, libertad, alegría y feminidad son elementos personales que constituyen cada una de sus piezas, mismas que nacen por la conmoción de la existencia y de la vida misma. Su fascinación e inquietud por exhibir al cuerpo humano viene desde muy pequeña, además de que siempre ha estado conmovida por los animales y la naturaleza.

[Alejandra Zermeño retomará su trabajo de grabado. Foto: Omar Meneses.]

La artista comentó que sus inicios fueron al revés, ya que en lugar de empezar con materiales convencionales (como la gran mayoría de los escultores hacen), experimentó con materiales como el bronce.

También usa mucho el textil sobre materiales industriales, tal es el caso de la obra Biología Interna de un jaguar negro, pieza elaborada bajo la técnica de moldes realizados a personas vivas con vendas de yeso y vaciados después en resina, intervenida con estambre e hilos por medio del crochet.

Estas es una de las obras que se rehúsa a vender y que forma parte de la colección “Bida” (Biología Interna de los Animales).

Su gusto por la naturaleza la ha llevado a usarla en su trabajo, como flores silvestres, ya que estas se encuentran en un ambiente mucho más libre.

Pese a que su flor favorita es el tulipán casi no lo utiliza, ya que la composición de éstos suele inclinarse a la perfección y ella prefiere hablar de la imperfección, de la característica y expresión única de cualidades que a todo ser humano le atañe.

A través del tejido es como Alejandra ha podido experimentar la paz y la reconciliación con la femineidad, es por esto que desde 2014 su obra e inspiración versan sobre la mujer, sin caer en la vertiente feminista o en una postura política o social.

Con esta conjunción de elementos en su obra ha llevado a Zermeño, quien siente gran influencia por los artesanos mexicanos con quienes le encantaría trabajar tanto con tejidos como con barro, a recibir múltiples premios, becas y distinciones de instituciones tanto privadas como públicas.


mrf

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