Un espía y el U2

FUNCIÓN DOMINICAL
El puente de los espías
El puente de los espías (Dreamworks Pictures)

Un tipo misterioso pinta su autorretrato. Lo miramos a través de varios espejos en los que él se ve. La escena recuerda otra en que el mismo director, Steven Spielberg, usaba un juego especular para avanzar dramáticamente su película El imperio del sol. Aquí, en El puente de los espías, independientemente de la elegancia de un realizador que sabe su oficio, el juego adquiere relevancia porque quien pinta su rostro es en efecto un espía.

Lo de menos en esta película es que esté basada en hechos reales que entrelazan tres historias a cuyo centro está la crisis del avión U2 (ese que dio nombre al grupo de Bono). Lo demás es la capacidad de Spielberg para contar una historia tan compleja con tanta sencillez. Técnica es hacer que lo difícil parezca fácil y este director, ejemplo de lo que en Hollywood significa “consagrado”, dirige El puente de los espías como si contar una historia de espionaje (que nada tiene que ver con los fuegos artificiales de James Bond) fuese fácil. Y en verdad que no lo es. El espionaje es un oficio más bien aburrido, una burocracia gris, pero Steven Spielberg consigue contar esta historia, primero, gracias al virtuosismo con el que sabe colocar la cámara en el lugar perfecto; segundo, porque el guión de los hermanos Coen ofrece la complejidad de la que a menudo carece Spielberg y, tercero, porque el diseño de producción es (aquí sí) ciento por ciento hollywoodense, de modo que el año de 1957 revive en los vestuarios, en los decorados, en los coches y hasta en la forma de hablar. No brilla tanto la estrella de la película, Tom Hanks, quien interpreta a un abogado que, además de inteligente, resulta justiciero; una combinación inesperada. Hanks da vida al licenciado Donovan, un hombre que en el clímax de la Guerra Fría tiene al menos dos razones para ofrecer trato justo a un hombre acusado de espionaje en Estados Unidos. La primera razón es, me parece, la que ha vuelto afectada la interpretación de Tom Hanks. El licenciado Donovan es en el fondo un filántropo que esgrime la firmeza moral de sus convicciones como única posibilidad de ganar una guerra de ideologías. Convencido Hanks de que semejante cosa pudo ser cierta, se le ve a lo largo de la película con el ceño fruncido y un aire de superioridad ética que a decir verdad no ayudan a volver emocionante una película de más de dos horas. Spielberg es un gran realizador pero lo suyo, hay que decirlo, no ha sido nunca la dirección de actores. La segunda razón del licenciado Donovan para tratar bien al espía ruso es más creíble. Y es aquí donde, para dar razón a sus argumentos moralistas, entra en acción el asunto aquel del avión espía (el U2) derribado mientras tomaba fotos en territorio de la URSS: un espía siempre puede ser usado como pieza de intercambio. Un peón en el ajedrez del mundo.

Tejida con el arte de tres grandes sastres narrativos (dos Coen y un Spielberg) El puente de los espías es como un traje elegante, pero incómodo; un documento que tiene más de lección de cine que de función dominical.

El puente de los espías (Bridge of Spies). Dirección: Steven Spielberg. Guión: Matt Charman, Ethan y Joel Coen. Fotografía: Janusz Kaminski. Con Tom Hanks, Mark Rylance, Amy Ryan, Alan Alda, Estados Unidos, 2015.

@fernandovzamora