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Viernes , 21.09.2018 / 09:06 Hoy

Fuera y dentro de este mundo

A fuego lento


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Si no en la trama, sí ciertamente en la atmósfera —descolocada, hechicera—, Caer es una forma de volar se ajusta al ideal literario de crear agujeros en la realidad a través de los cuales puede filtrarse una cauda de fantasía. No es que pertenezca al género de novelas en las que el curso de los hechos obedece al capricho de la ilusión o el ensueño, sino que al introducir unos cuantos elementos fantásticos logra, paradójicamente, destacar las características más anodinas y pegajosas de la realidad. No es un mérito de poca valía.

Karen Chacek ha imaginado una historia de amor entre dos seres insólitos: una vendedora de billetes de lotería —Ela— con el don de la telequinesis y un joven —Mijael— llamado a protagonizar grandes actos, aunque no pase de atender la joyería de su padre. Somos testigos de esa historia una vez que en las primeras páginas atestiguamos la muerte de Mijael. Una pregunta anima a la narradora, también extraordinaria, también afectada del privilegio de la diferencia ya que escucha el llamado de presencias etéreas y puede comunicarse con todo ser viviente, en especial con ratas y ratones: ¿cómo tuvo fuerzas para arrojarse por la ventana si tenía el cuerpo comido por la esclerosis? ¿O es que este último acto insurrecto reveló al fin su naturaleza fuera de este mundo?

No hay exageración en decir que Caer es una forma de volar tiene el temperamento de un cuento de hadas, aunque reserve un sino fatal a sus personajes. Ahí están la vajilla familiar suspendida en el aire rosado de una tarde y el murmullo de los insectos que suena como una estampida de elefantes, y también la matrona rusa con aire de sibilina y el viejo trotamundos que sabe descifrar la letra oculta en las vidas ajenas y, por encima de estas apariciones, la pareja de amantes que busca sobreponerse al rechazo familiar, y todo con una escritura llena de imágenes alborotadas y atrevimientos: “Yhadira le había contado que cada uno de los relojes preservaba en su carátula la hora exacta de un buen recuerdo”, “nada nos complace tanto como el que los otros nos cuenten una versión mejorada de nuestra propia historia”.

Karen Chacek parece guardar una inquieta simpatía por la madera endeble de la que están hechos sus personajes. Simpatía y, por añadidura, piedad es la respuesta de la narradora a la muerte de Mijael y a la soledad de esa princesa doliente que es Ela. Pero antes que caer en sentimentalismos o complacerse con los extravíos de una generación, ha hecho el esfuerzo necesario para dotar de extravagancia a las cosas simples de la vida y de la muerte.

Caer es una forma de volar
Karen Chacek
Alfaguara, México, 2016

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