Frida reinterpretada

Difícil riesgo el que asumieron los franceses Sébastien Perez y Benjamin Lacombe (texto e ilustración).
Sébastien Perez y Benjamin Lacombe, Frida, Edelvives, México, 2016, 72 pp.
Sébastien Perez y Benjamin Lacombe, Frida, Edelvives, México, 2016, 72 pp. (Especial)

México

Difícil riesgo el que asumieron los franceses Sébastien Perez y Benjamin Lacombe (texto e ilustración). Reinterpretar la obra de Frida Kahlo (1907-1954), referente indisolublemente ligado a la cultura mexicana. Una mujer que no desperdicia tiempos ni espacios para deslumbrarnos con su presencia, de todos y de nadie, a la “que ya ni siquiera le hace falta el apellido”.

Hace unos días, Elena Poniatowska la comparó con la virgen de Guadalupe. Al tiempo en que sabemos que uno de sus lienzos, Niña con collar, nunca expuesto en sitio alguno, saldrá a subasta en Sotheby’s con un valor estimado en 2 millones de dólares.

Y cuando comienzan a circular (en forma de libro) un conjunto de sus cartas dirigidas a su madre, todas ellas inéditas, y Frida, el tributo que Perez y Lacombe le rinden a esta mujer que observan como un mito.

En la síntesis de esta reinterpretación, el primero se avocó a la compilación de un conjunto de citas obligadas de la coyoacanense, reelaboración en otros casos; el segundo a la ilustración de temas centrales de la obra que, de acuerdo a lo hasta ahora rastreado y catalogado, suman 143 pinturas, buena parte de ellas autorretratos.

Deslumbrados por la obra de Frida, establecieron nueve temas a exaltar.

Accidente (“pies, ¿para qué los quiero, si tengo alas pa volar”), medicina (“pensaba dedicarme a estudiar los cuerpos, y, al final, es mi propio cuerpo el que me enseña a mí y el que estructura mi vida”), tierra (“esta casa es la más triste que he visto nunca”), fauna (loros, perros, gatos, monos araña), amor (“si me hablas te juntaré florecitas chiquiticas…, tantas que puedan hacer un jardincito en tu pecho, color de tierra húmeda”), muerte (“no puedo vivir sin mi chiquito lindo”), maternidad (intra uterine life), columna rota (“procuro no convertirme en sollozos”) y posteridad (“sentir en mi propio dolor el dolor de todos los que sufren, y alentarme en la necesidad de vivir para luchar por ellos”).

Lo que da como resultado un recorrido biográfico y creativo del icono mundial, sustentado en la razonable recuperación textual y la vistosa ilustración, utilizando incluso el juego con páginas troqueladas.

Estoy seguro que cada uno de los lectores recordará la impresión que le provocó su primer acercamiento a la obra de Frida, ahora revisitada. Llena de los rasgos emocionales y físicos más íntimos de su autora; desgarramientos que se desbordan por cada uno de los lienzos. Aun cuando sea una obra inserta en la tradición del arte popular mexicano, no carente de la exaltación de los desatinos amorosos, la enfermedad, el dolor, la soledad y la muerte.

Imaginémonos pues la recepción que estos mismos universos, contenidos todos en una obra colorida y de caballete, pueda tener en públicos formados en culturas diferentes a la nuestra. De ahí esa especie de permanente arrebato encomiástico, llevado incluso a terrenos ajenos a su simiente de arte íntimo, y que desde hace décadas reciben los cuadros de la Kahlo (y su discreta obra escrita).

De ahí que Frida, sin regatearle sus valores propios y exaltaciones contenidas, se recibirá mejor en medios culturales, artísticos y de consumidores de libros fuera de nuestro país.

Que no es poco si damos crédito a un dato registrado recientemente: sólo dos de cada diez noticias que circulan de México a nivel mundial, son culturales.

(“Frida se presentará el viernes 25 a las 17 horas en la librería Rosario Castellanos de Ciudad de México, y el domingo 27 a las 11:30 en la FIL de Guadalajara).