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Viernes , 21.09.2018 / 17:35 Hoy

Fraude en Jauja

En 'Jauja', el autor narra una historia ubicada en el siglo XIX: un padre busca a su hija que escapó con su amante —un tema nada novedoso, y de eso trata el 98 por ciento de la película.

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Fellini decía que el arte de contar historias con el lenguaje cinematográfico es como un sueño donde el inconsciente prevalece para convertir nuestras obsesiones, buenas o malas, en placer. Cuánta razón tenía el cineasta italiano: cuando se sale de la sala después de ver una buena película tenemos la sensación de despertar en la cama para retozar y decir: "Qué buena película de terror, logró darme la sensación de que los fantasmas están aquí, a mi lado".

Lo que no dice Fellini es que cuando uno entra a ver una película, el posible sueño se convierta en una pesadilla intolerable y lo único que se desee es despertar o salirse de la sala porque la historia que se cuenta no tiene pies ni cabeza y termine por ser un pésimo chiste muy trillado.

El autor narra una historia ubicada en el siglo XIX: un padre busca a su hija que escapó con su amante —un tema nada novedoso, y de eso trata el 98 por ciento de la película—. Después de un largo e inoperante planteamiento que podría reducirse a dos minutos, vemos al personaje principal, el padre, cabalgar y cabalgar por tierras ignotas, y se ve pequeñito ante la inmensidad de la naturaleza. Imagínense lo que tarda el personaje en acercarse a cámara: uno podría ir al baño y regresar para ver el corte que sucede hasta que él sale de cuadro. Lógico es que venga el contracampo: pues sí, lo vemos alejarse por otro inconmensurable paisaje hasta que vuelve hacerse chiquito y desaparecer en los confines de la Tierra.

Este es el tenor en el que están realizadas todas las secuencias, y, por supuesto, el personaje nunca encuentra a su hija. La película jamás avanza; esa es la consigna del autor: que la historia se quede desclutchada, en neutral, ni para atrás ni para adelante. Lo único que queda claro es que vemos un álbum bien nutrido de postales turísticas para que digamos "qué majestuosa es la pampa argentina".

Lo deplorable no es que el personaje no encuentre a su hija —después de tanta vastedad, sería tan absurdo como encontrar una aguja en un pajar—, sino que en el dos por ciento restante, en un clímax forzadísimo, nos damos cuenta de que todo fue un sueño de una niña burguesa que vive en la actualidad en un castillo de Dinamarca.

Jauja es una película que no solo resulta aburrida y anodina, sino que deja la clara sensación no de ser un sueño muy lejos de Fellini, sino una pesadilla que se convierte desde temprano en un fraude en abundancia, con visos de burla ignominiosa, sobre todo por tratarse de un largometraje que termina por no contar nada.

Jauja (Argentina, 2014), dirigida por Lisandro Alonso, con Viggo Mortensen y Ghita Norby.

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